Mostrando las entradas con la etiqueta Etcétera. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Etcétera. Mostrar todas las entradas

lunes, diciembre 21, 2015

La historia desconocida de las fotógrafas en México. Entrevista con José Antonio Rodríguez


La historia desconocida de las fotógrafas en México
Entrevista con José Antonio Rodríguez
Por Ariel Ruiz Mondragón
Pese a muchas pruebas en contrario se piensa que en nuestro país el oficio de fotógrafo ha sido casi monopolizado por los hombres, con algunas destacadas excepciones. Sin embargo, al analizar más a fondo la historia de esa disciplina en México se puede encontrar que no ha sido así en sus diversas facetas, que van desde la fotografía de estudio hasta la artística.
Una investigación que debe llevar a matizar, si no es que a corregir, esa idea tan propagada, es la que se publicó bajo el título de Fotógrafas en México 1872-1960 (Madrid, Turner, 2012), libro en el que José Antonio Rodríguez ha realizado un importante rescate de las mujeres que han ejercido esa disciplina. En su relato —dividido en cuatro partes: “Pioneras”, “Modernas”, “Vanguardistas” y “Humanistas”— traza las trayectorias, vidas e imágenes de ellas.
Etcétera conversó al respecto con el autor, quien es maestro en Historia del Arte y que se ha especializado en la historia de la fotografía en México. Ha sido editor de la revista Alquimia, publicación del Sistema Nacional de Fototecas de México, y profesor en diversas universidades. Autor de varios libros, ha colaborado en diversos medios nacionales como La Jornada, Milenio Diario y Milenio Semanal, Laberinto, El Financiero y El Ángel de Reforma, e internacionales como Extracámara (Caracas), Private (Bolonia), Bom (Nueva York), Chinese Photography (Pekín) y Antropología, boletín del INAH.

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué hoy un libro como el suyo?
José Antonio Rodríguez (JAR): Creo que no se puede hablar de “la historia de la fotografía mexicana” en singular, sino que se tiene que hablar en plural: “las historias”. ¿Por qué? Porque tenemos muchas, por suerte; somos un país muy poderoso en la cultura fotográfica, e incluso a nivel de regiones no es lo mismo el desarrollo de la fotografía en la zona del sureste mexicano que en la parte de la meseta central, ya que hay muchas condiciones climáticas que influyen en ella.
Entre esas historias estaba mi interés por rescatar una que relatara la trayectoria de las fotógrafas en México. Yo edito una revista de historia de la fotografía que se llama Alquimia, y en el año 2000 hicimos un número monográfico con ese tema. Desde entonces seguí trabajando sobre esta historia y fui recopilando información: si voy a Guadalajara, a Mérida o a San Cristóbal de las Casa mis sitios preferidos son las bibliotecas públicas y las hemerotecas estatales. En diversos viajes fui recopilando material informativo.
Pero una cosa es que tengas un proyecto entre manos, y otra es que se concrete debido al dinero, las facilidades, los préstamos de obra, etcétera. Algunas instancias sabían que yo estaba trabajando en esto y fue en 2010 cuando me dijeron “va”. ¿Quién me dijo? El Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México; Canopia, una institución española que edita el libro, así como Turner y Casa de América, en Madrid. Llegaron y me dijeron: “Vamos a hacerlo”. ¿Por qué? Por esta conjunción: digamos que los planetas se alinearon y hubo los apoyos económicos para poder realizar el proyecto, porque había que viajar, continuar y concretar una investigación, lo cual no es barato.
Hice una serie de viajes de trabajo: tuve que ir a Estados Unidos, a San Cristóbal de las Casas a conocer la obra de Gertrude Duby Blom, a Colima y a Guaymas a buscar fotógrafas de las cuales localicé datos pero no fotografías.
Este proyecto se dio primero como exposición en el Museo de Arte Moderno en mayo de 2011. Este libro tenía que haberse publicado en paralelo a la exposición en ese entonces; yo entregué esta investigación en febrero de ese año, y te he de decir que entre ese mes y agosto-septiembre, antes de que se imprimiera el libro, fui nutriendo el diccionario, localizando más y más fotógrafas hasta que llegó el momento en que la editorial me dijo “ya, esto se tiene que publicar”. Y bueno, hay un momento en que hay que parar.
Con este libro quise hacer una historia que no se conocía y poner en el mapa cultural el trabajo de muy diversas fotógrafas.

AR: ¿Cuáles fueron los principales obstáculos que enfrentó para realizar su investigación?
JAR: Toda investigación implica una serie de pasos que no son fáciles y que tienes que ir haciendo para lograr algo. Hay mucha fotógrafas cuyas obras se encuentran con las familias, y localizar a las hijas o a las nietas de aquellas fotógrafas fue una de las cuestiones que fueron difíciles. Te he de decir que, por ejemplo, andábamos tras May Mirin y el libro ya estaba diseñado cuando el coleccionista de su obra nos llamó y nos dijo: “Aquí están estas fotos y yo les puedo dar toda su información”. Entonces la entrada de Mirin la metimos en una foto cuando ya estaba diseñado el libro y al otro día entraba a la imprenta; les dije “aguántenme tantito, consigo la foto y la información”.
Creo que de no haber sido por muchas familias este libro hubiera sido raquítico; pero también los archivos públicos me ayudaron mucho: el acervo del Museo de Arte Moderno es uno de los más ricos del Instituto Nacional de Bellas Artes en fotografía, la Fundación Televisa que tiene joyas en su colección, y varias fundaciones más, como la de Mariana Yampolsky y la de Gertrude Duby Blom en San Cristóbal de las Casas fueron esenciales para poder reunir esta historia porque no únicamente se puede contar con la información del dato histórico sino que necesitas también las imágenes.
Eso y conseguir derechos fueron de los pasos un tanto difíciles que teníamos que dar, sobre todo en universidades estadunidenses, en las que el trámite es complicado. En el libro está Rosa Harvan, cuyas imágenes están en una universidad de Pensilvania; yo conocía al director del área de Arte de esa institución, quien me había invitado hace mucho tiempo a conocer a Harvan. Yo quería, en algún momento, traerla a México, que se conociera aquí, pero los trámites no los puedes hacer a título personal sino de institución a institución, y son muy difíciles porque los tienes que hacer en inglés, realizar el pago del seguro, etcétera. Entonces eso se tiene que hacer en equipo, con instituciones y con familias.
Allí está la cuestión de hacer ese tipo de historias: puedes haber construido, digamos, una información, pero falta lo otro, que es sustancial.

AR: ¿Cuáles fueron los principales motivos que tuvieron las mujeres que estudió para dedicarse a la fotografía? Por lo que pude ver que en varios casos se debió a sus esposos, a viajes, a cierto tipo de estudios.
JAR: Esta investigación echa abajo un cierto conocimiento de que la fotografía es oficio de los varones; creo que se dio en paralelo y de manera muy fuerte el oficio femenino en la disciplina. Creo que, ciertamente, una cosa importante es que la fotografía llegó a México en diciembre de 1839 —apenas a dos meses y días de haberse presentado en París—, pero entre ese año y 1872, que es donde arranco, no localicé a ninguna fotógrafa. Esto puede deberse a condiciones sociales, políticas, incluso territoriales porque el equipo fotográfico era muy pesado, porque los caminos en México por entonces eran muy difíciles, y no es casual que ese año, que es en el que murió Benito Juárez, iniciara la República Restaurada y se diera en la Ciudad de México la Escuela de Artes y Oficios, y que de allí surgieran las primeras fotógrafas.
Eso fue en 1872, y a partir de ese año se volvió muy fuerte la presencia de las fotógrafas en México.

AR: Algo interesante es que no encontré en su libro ningún tipo de reclamo de género, de las mujeres se hayan dedicado a fotografiar mujeres.
JAR: Hay matices: yo no hago ni escribo esta historia con un planteamiento de género. En general, no creo que haya diferencias entre la mirada masculina y la femenina, aunque el otro día me entrevistaron por radio y me dijeron “es que no has tenido la regla”. En general pienso así, pero hay particularidades porque a las personas las determina mucho su historia, su medio social. Entonces no es una historia de género.
Hay otros matices muy interesantes: por ejemplo, la mirada femenina no vio el cuerpo desnudo masculino durante casi toda su historia. Fue hasta finales del siglo XX, en los años ochenta y noventa, cuando ya nuestras fotógrafas empiezan a mirarlo. Solamente lo hicieron dos de ellas: Lola Álvarez Bravo y hay una fotografía de Tina Modotti, quien tomó el torso desnudo de Julio Antonio Mella.
Esto quiere decir que durante muchos años no tuvimos una historia del erotismo femenino hacia el cuerpo masculino.
Otro matiz se dio con María Amparo Hernández, quien fue una fotógrafa que publicó mucho en revistas como México al día y Todo. ¿Qué es lo que fotografió? Siempre desnudo femenino, pero con un cierto matiz de erotismo masculino. Entonces estamos hablando de particularidades, no de género.
Tenemos que hablar de estos matices, de todo lo que sucedió con cada una de estas fotógrafas.

AR: Recuperó a muchas fotógrafas extranjeras que vinieron al país, de las cuales algunas se quedaron…
JAR: Yo tampoco hago distingos entre nacionales y extranjeras; creo que si de vinieron muchas de otros países lo que hicieron forma parte de la cultura fotográfica mexicana. Pero aquí hay otros matices: por ejemplo, Tina Modotti aquí se hizo fotógrafa y aquí dejó de serlo. Si tú la ves en un libro de Estados Unidos la asumen como una fotógrafa estadounidense, y también como italiana. Pero aquí se hizo fotógrafa con Edward Weston, y aquí dejó la disciplina; hizo dos o tres fotografías en Berlín y la abandonó. Entonces ¿de dónde es esta fotógrafa? Yo creo que es mexicana, aunque podría haber mucha discusión al respecto.
Te voy a hablar de este caso: Josefina Niggli es muy famosa en la literatura chicana y, en general, en Estados Unidos. Ella nació en Monterrey y a los 15 años, por la revolución, se fue a vivir a San Antonio; se la llevaron sus padres porque aquí estaban muy duras las cosas. Se desarrolló allá como novelista, como mujer de teatro y como guionista en Hollywood. Fue una escritora completa. No sé si existan las casualidades, yo creo que no: en septiembre de 2010, yo estaba queriendo consultar algo de ella, sabía que había una novela y que se había editado en Monterrey, y me decían que era muy buena. De pronto me enteré, por medio de un amigo que Josefina Niggli tenía una exposición de fotografía en San Antonio. “Pero ella es novelista, mujer de teatro”, dije, y me dijo: “Yo la vi”. Fue un hallazgo; me contactó con el coleccionista. Este, meses antes, tampoco conocía la faceta de ella como fotógrafa. Él había ido a dar una conferencia (es su biógrafo) a una universidad, y allí alguien se le acercó y le dijo: “Donde murió Josefina Niggli hay muchas fotografías de ella”. Él decidió que, en vez de regresarse a su casa en San Antonio, decidió irse a ese pueblo y compró las fotografías de ella, quien se las había regalado a un amigo, e hizo una exposición en San Antonio en 2010. Fue allí donde me enteré; por supuesto, fui en diciembre a conocerla y le pedí al coleccionista si me podría prestar fotografías para este proyecto, y me dijo que desde luego. Y por primera vez conocimos a Niggli como fotógrafa.
Entonces sucedió una cosa muy curiosa y sintomática: yo descubrí algo que no sabía hasta hacer este libro y la exposición: si vemos la figura, por ejemplo, de dos pioneras como Alice Dixon Le Plongeon y Caecilie Seler, observamos que ellas fueron escritoras, arqueólogas, etnólogas, exploradoras, viajeras, y por si hiciera falta, fotógrafas. Entonces ¿las podemos denominar fotógrafas? Si yo estuviera con un arqueólogo me diría “Seler es arqueóloga”, y yo le respondería “Bueno, sí, pero también fotógrafa”; si estuviera con un literato me diría que también era escritora, y yo le respondería lo mismo.
A muchas la fotografía les sirvió como vehículo para desarrollarse en otras áreas; entonces yo las considero, a muchas de ellas, más que fotógrafas, intelectuales, entre ellas a Josefina Niggli, quien además escribió sobre fotografía e hizo unas grandes obras que por primera vez se ven en México.


*Entrevista publicada en Etcétera, núm. 161, abril de 2014.

miércoles, julio 02, 2014

"Me gustaría ser el Wama Puente". Entrevista con Trino




“Me gustaría ser el Wama Puente”
Entrevista con Trino*
Por Ariel Ruiz Mondragón
En el inicio de la carrera como monero de José Trinidad Camacho (quien ha alcanzado mayor celebridad bajo la denominación de Trino) hubo un momento clave: cuando, en 1972, envío un dibujo al cómic futbolero Pirulete, el cual fue publicado. Allí estuvo la semilla de su exitosa carrera como monero.
Futbolero desde pequeño, atlista de pura cepa, fue marcado por la idolatría que hasta la fecha guarda por un arquero de los años setenta: Rafael Wama Puente. Hoy, en ocasión de la Copa Mundial de la FIFA 2014, el monero ha publicado un libro para desahogar su humor balompédico: El Mundial de Trino (México, Tusquets, 2014), un volumen para todos los que quieren y aman el futbol.
Sobre este libro, y muy oportunamente, Etcétera platicó con Trino (Guadalajara, 1961), monero de época que estudió Ciencias de la Comunicación en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente. Famoso por formar dupla con Jis al engendrar el personaje del Santos (no confundir con ningún equipo panbolero), ha colaborado en medios tan distintos como La Jornada y Reforma, y ha hecho también radio, televisión y cine. En su palmarés figuran los premios Nacional de Periodismo (2000) y José Pagés Llergo (2006).

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué hacer hoy un libro como este, después de que en otros volúmenes te has dedicado a temas tan serios como la Constitución, el fin del mundo y la familia, por ejemplo?
T: Es obvio: porque viene un Mundial y porque me encanta el futbol. Entonces yo creo que era un libro que debía yo desde hace cuatro años. Pero, hoy más que nunca, suena que este Mundial va a estar mejor, porque va a ser en Brasil, y los mundiales en América (excepto el de Estados Unidos) me gustan más que los europeos en cuanto a cómo se juega.
En realidad yo espero que veamos grandes encuentros y que se logre algo maravilloso con México a pesar de las pocas esperanzas que tenemos.

AR: Tu carrera de monero tiene que ver mucho con el futbol: casi al final del libro viene un apunte autobiográfico sobre tu primera publicación en una revista, en Pirulete, con tu devoción al Wama Puente. En este sentido ¿qué le debes al futbol?
T: Después de esto de Pirulete, que fue de chavito y que me publicaron por azar en 1972, yo empecé a hacer mi carrera de monero, aunque me empezaron pagando muy mal, acuareleando cartones en El Occidental de Guadalajara por Héctor Huerta, hoy comentarista de ESPN. Él fue quien me dijo: “Hazte unos cartones de deportes”, y allí empecé a chambear como caricaturista ya que me pagaran una cantidad considerable diaria: 15 pesos a la semana, que era nada.
Le debo mucho al futbol por eso, porque me encanta y creo que en él hay mucha tela de donde cortar.

AR: ¿Por qué era tu ídolo el Wama Puente, quien hoy es comentarista?¿Lo conoces?
T: No lo conozco en persona, para nada, pero él era mi ídolo porque era portero y me encantaba verlo jugar: cómo era de bravo, bronquero, buen arquero. Su carrera fue truncada a partir de una lesión en una rodilla y de una mala operación en Argentina que hizo que se retirara muy pronto porque los porteros pueden durar más.
Pero es eso, mi ídolo de chavito. Todos tenemos un ídolo; ahorita mi hijo de seis años dice que él es Messi, y no creo que lo llegue a conocer nunca. Pero el Wama Puente es de esos ídolos que dices: “Yo no sé si me convenga conocerlo o quedarme con esa idea mágica de alguien a quien sigo admirando como comentarista”, porque no nada más fue buen portero sino también un buen comentarista de futbol.

AR: Me llamó mucho la atención esa devoción tuya, porque recuerdo a Puente en el América y en el Atlante, y tú eres de raigambre rojinegra.
T: Sí, claro, su carrera la hizo en el Atlante, y su llegada al América fue después, e incluso ya no era tan titular porque estaba Paco Castrejón, quien le quitaba mucho la titularidad. Pero es que cuando tienes ídolos los tienes en el equipo que estén. Para mí Héctor Brambila, del Atlas, también era otro gran arquero, y tenía fama de ser un poco pacheco. A él lo vi, en un partido Atlas contra Santos, hacer una parada mejor que la de Gordon Banks en el Inglaterra-Brasil en el Mundial de México 70. Pero el Wama tenía más ingredientes: sus sudaderas estaban chingonas, el pelo largo, estaba mamey (parecía Tarzán). Entonces uno como chavito dice: “No mames, este güey está cabrón, y además es bueno para los madrazos”.
Entonces es básicamente tenerlo como una especie de superhéroe.

AR: ¿Por qué te hiciste atlista? ¿Cuál es tu experiencia como fanático del Atlas cuando es un equipo que tiene 60 años sin ser campeón?
T: No es que esté peleada una cosa con otra, pero realmente mi papá nos hizo del Atlas desde que éramos chavitos. Pero luego te vas dando cuenta de que existen jugadores que tienen un imán: también Enrique Borja era un jugador que yo admiraba, así como también a Manuel Manzo en el Atlético Español y luego en los pumas, e igual a Cabinho. Es decir, no porque le vayas a un equipo no puedes ver a los demás jugadores y decir “lo admiro”.
Cuando jugaba el Wama Puente contra el Atlas decía: “Ay, cómo le vamos a meter un gol a este cabrón”. Pero eso es lo chido de tener ídolos: no ves ni su religión ni nada, en eso uno se vuelve muy open. No importa, no porque Cristiano Ronaldo está en el Real Madrid me caga él por sí mismo y no considero que Ronaldo sea mal jugador, al contrario, es buenísimo. Entonces hay que saber ver eso y no importa lo demás.
El Atlas es una religión; no es un equipo que yo haya visto campeón alguna vez en la vida, y creo que no lo veré, pero voy a seguirle yendo aunque gane.

AR: En varias partes del libro haces referencia a la sabiduría balompédica de Ángel Fernández. ¿Qué recuerdas de ese gran narrador?
T: Cuando yo veía el futbol él era el narrador oficial. Me acuerdo de miles de anécdotas de Ángel Fernández; él ahorita estaría aquí sentado diciéndote: “¡Conozco ese libro, este también, me eché aquel, ese te lo puedo recitar!”.
Estaban muy preparados él, Fernando Marcos, Fernando Luengas, la vieja guardia, a la que sigo idolatrando, tanto como desprecio tanto a tantos comentaristas de tercera que ahora existen en la televisión.
Para mí, hoy el mejor comentarista de la televisión es uno que se llama Mute, que está en el control de la televisión. Ése es el mejor de todos, porque cuando empieza Martinolli con Luis García y Jorge Campos, uta, ponle mute para que venga al rescate.
Ángel Fernández tenía esa parte lúdica, divertida, traviesa, con humor, que no tienen estos güeyes. Sigue siendo uno de mis grandes pilares del futbol.

AR: ¿En él estabas pensando cuando hiciste la caricatura en la que se ve a un narrador con su esposa a comprar a Zara y va relatando la visita?
T: Claro, porque eso me lo platicó una vez Juan Villoro; me dijo: “Yo estaba entrevistando a Ángel Fernández sobre ciertas cosas para Los once de la tribu, y no dejaba de decir como si fuera narrando un partido de futbol. Llegó su hija a saludarlo, y dijo: ‘Aquí viene la bella Margarita cruzando la media cancha’, y ella viniendo a la mesa’”.
Yo dije: “Voy a hacer un ejemplo de eso, llevando a su esposa a comprar ropa pero narrando todo el tiempo, y ‘aquí está el traca-traca, se armó en el área’”.
Básicamente es hacerte de una idea de un grande que se echa de menos en el futbol.

AR: Otra inquietud que me despierta el libro es cómo han cambiado el juego las nuevas tecnologías. En el libro vemos redes sociales, Plantas contra Zombis, etcétera. ¿Cuáles son las más importantes que hallas?
T: Creo que eso es básico. El Chivas-Atlas lo comencé a ver en la televisión y cuando metió el gol De Nigris le apagué porque dije: “No quiero seguir viendo esta chingadera porque me pongo muy mal”. Pero mi teléfono estaba “bzzzz, bzzzz”, y lo veía y decía: “¡Las Chivas le metieron gol a tu equipo!”, y luego otro mensaje “¡Gol del Atlas!”. Si esto no existiera, las redes sociales, las apps y más, no nos enteraríamos de ciertas cosas que antes era más difícil saber.
Creo que el futbol ha cambiado y va a cambiar porque los árbitros van a usar la tecnología para saber si hay un fuera de lugar, si fue o no fue gol, si Maradona usó su mano o fue la de Dios. Pero, además, pienso que esa es la esencia del futbol: no depender de la tecnología sino del error humano. Por eso los árbitros son lo que son: odiadísimos, pero lo que se odia de ellos no es que sea el árbitro sino lo que odiamos es la condición, que todos tenemos, de equivocarnos, y cómo en una equivocación se pueden dividir la opiniones. Si es a tu favor, el árbitro es justo, y si es en contra, es un pendejo. Tú ves la jugada y dices: “Órale, sí está muy claro que fue penal”, pero la vuelves a ver y dices “no fue”. De todos modos el que le va a un equipo quiere justificar que el árbitro es justo cuando es beneficiado. Eso es lo padre.
Las redes sociales vienen a ayudar un poco también a que en el estadio tengan la información de primera mano de las cosas que no se ven en el partido.

AR: Hay otra cosa interesante que señalas en las partes dedicadas al público: dices que las barras sólo gritan y cantan violencia. Te preguntas: “¿Dónde quedó el ‘chiquitibum bombita’, el ‘esquimbomborigorigorihey’?”. Es un “antaño ñoño”, dices. ¿No te gustaría volver a él?
T: Claro, yo no quisiera llevar a mi hijo al estadio a ver un clásico si no hay seguridad de que no va a pasar lo que ocurrió en el estadio Jalisco el otro día**. Realmente le están dando en la madre a los partidos y a la cuestión familiar. Si ves los partidos de España, en el estadio, en el Camp Nou y en el Bernabéu, las familias acuden a los partidos. Aquí eso se está perdiendo, en primer lugar por la mediocridad de los partidos, y en segundo porque están pasando estas cosas, no nada más en el estadio sino como ocurrió en el estadio del Santos, donde afuera hubo una balacera en pleno partido.
Es decir, las cosas extracancha están matando un poco la afición. No me molestaría que regresaran las porras de “esquimbombori” y del “chiquitibum bombita” porque pues es para apoyar al equipo. Lo otro son gritos ofensivos de personas que no están viendo el partido; lo que quieren, realmente, es una válvula de escape para el resentimiento social.
Lo que vimos el otro día no tiene nada que ver con el futbol, es un resentimiento social porque la gente está mal, está jodida. Siempre hemos visto la represión policiaca contra los chavos, y estás en contra de esos cabrones policías; ahora que lo ves al revés pues no voy a defender a los que les pegaron a los policías, que también son seres humanos, cabrón. De las dos maneras estoy en contra.

AR: Otra aspecto del libro es la atención que das a los asuntos sicológicos del futbol. ¿Cuál es el papel de la psicología en el juego?
T: Últimamente se utiliza que las selecciones nacionales lleven al Mundial a un motivador, psicólogo o terapeuta, y yo creo que es una parte importante. Pienso que esto ya no pasa tanto en México en la selección, porque ya tenemos muchos jugadores en Europa, acostumbrados a la presión, pero antes nos hacíamos chiquitos. Es importante esa parte porque, para mí, la psicología sigue siendo un valor agregado a cualquiera de las disciplinas: si eres golfista, a tener un poco de concentración, e igual si eres jugador de americano o de beisbol.
Yo pienso que tanto Cristiano Ronaldo como Messi tienen a su lado un asesor psicológico. Tienen tanta lana, tantas cosas que quisieran tener los demás chavos… Si ves a los Jonathan y Giovanni, que se la pasan queriéndose coger a Belinda y a artistas de moda, o pasársela pedos como Marco Fabián, pues como que estos cabrones necesitarían ir con un sicólogo, para centrarlos y decir: “Brother, tienes los recursos futbolísticos, no te pierdas en pendejadas”.

AR: ¿Cuál es la vigencia que tienen ciertos estereotipos que están bien retratados en tu libro, como la mujer que odia el futbol y la del árbitro vendido?
T: Son tipos válidos aún hoy, porque tanto el árbitro puede tener presiones por la mafia rusa (y eso no nada más es con los árbitros sino también con los jugadores), como puede haber partidos arreglados, eso es muy factible. También está el hecho de que hay no sólo amas de casa sino hombres a los que no les gusta el futbol para nada, es lo que menos les interesa, no les llama la atención ni tienen pasión por él.
Siguen vigentes porque finalmente hay una gran parte del mundo, como es Estados Unidos, en donde apenas está permeando el futbol soccer, y no les gusta porque hay empates; los gringos tiene que morir o ganar, como sea: se pueden ir a 18 extrainnings, y siguen y siguen.
Pienso yo que los estereotipos siguen vigentes y van a seguir un rato porque así es la tendencia del futbol: el árbitro puede seguir marcando mal porque no se apoya en la tecnología, y va a seguir siendo un estereotipo muy explotado.

AR: Donde si ha habido cambios notables es en la apariencia de los futbolistas, como bien lo describes desde los futbolistas clásicos hasta los metrosexuales. ¿Cómo se ha transformado el futbol en esta faceta?
T: El jugador se ha vuelto modelode revista. Cristiano Ronaldo puede, en un momento dado, modelar calzones, ponerse la loción de moda y tener el corte indicado; David Beckham presume sus tatuajes, su forma de vestir y todos los chavitos quieren tener un arete como el suyo, etcétera.
Se acabó esa idea del jugador con amor por la camiseta; ahorita es el amor al dinero, a la marca. ¿Quién te patrocina? Nike, Adidas. Ahora es eso, pero espero que volvamos a la raíz de lo que era el jugador. En primer lugar, que le quiten al uniforme tantas marcas, porque ahora ya parecen parches de una ropa raída o un coche de carreras.

AR: Hay una caricatura que me gustó mucho, que es la del expendio del agua de riñón afuera del estadio.
T: Es que realmente es de lo que me acuerdo en el estadio Jalisco cuando yo iba: nos sentábamos siempre lejos de la zonas B y C, que eran las de arriba, porque mi papá decía: “Aguas con la lluvia de agua de riñón”. La ventaja de tener un palco era maravillosa, pero no te creas, hasta allí te la aventaban. Cuando desde tu palco celebrabas un gol de Cruz Azul, y era un partido de las Chivas, decían: “El cabrón tiene palco; ha de ser un atlista”, y te aventaban cosas.
Me aprovecho de eso para hacer humor, como eso de que sería un negociazo vender agua de riñón para aventar.

AR: Ya casi para concluir: manejas una cantidad de personajes muy vasta, desde los recogebalones hasta el jugador metrosexual, entrenadores, árbitros, público, de todo hay. Cuando menos idealmente, ¿con cuál te identificas más?
T: Si volviera a nacer me gustaría ser el Wama Puente, el portero, el que tenía la capacidad de agarrarse a moquetazos y tener la reacción en la portería de esa manera.
Sería él; sí, fácil.

AR: Presentas una gran variedad de equipos: hay desde monaguillos, chavos del Ocho, Servicio Secreto británico, cirqueros, escuderos, crash test dummies, hipsters, etcétera. ¿En cuál de esos equipos te gustaría jugar?
T: En el de los segundones, donde están Robin, Sancho Panza, Kato (el del Avispón Verde). Es el de los que juegan bien y casi no se notan, que son cumplidores. Son como los buenos árbitros: no se notan, no hacen aspavientos; no como el Chiquidrácula sino como Pierluigi Collina, el árbitro italiano, que casi pasa desapercibido en el partido: marca, no hace aspavientos y la tarjeta la saca cuando la debe sacar. Creo que esa sería la esencia de un jugador.
Esto va en contra del Wama Puente, que era un jugador que brilla, pero de los segundos me gusta que hagan su trabajo profesional pero que no se nota, como Puyol, jugador del Barcelona, que es de esos que sudan la gota gorda, y como Toño de la Torre en su momento: corría toda la cancha, y nunca era espectacular pero cumplía. Son los que hacen su tarea.

AR: De los jugadores que actualmente están en la liga mexicana y a nivel internacional, ¿cómo cuáles te gustaría ser?
T: De los mexicanos, el Chicharito, o más bien Vela, para no ser tan pendejo y decir: “Sí voy al Mundial, ¿pa’qué me hago güey?”. A nivel internacional Cristiano Ronaldo, nomás por la vieja que trae.


*Entrevista publicada en Etcétera, núm. 163, junio de 2014.
** El 22 de marzo de este año, durante el partido Atlas-Guadalajara, en las tribunas del estadio Jalisco hubo un violento enfrentamiento entre una turba de aficionados de las Chivas y unos cuantos policías. Al menos cuatro de estos tuvieron que ser hospitalizados, ocho miembros de la porra consignados, el recinto clausurado, el director de la Policía municipal destituido. Además se promovió una reforma legal para crear el delito de violencia en el deporte, para castigar a quienes generen violencia en los estadios y sus inmediaciones.