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martes, julio 25, 2017

Tamaulipas, el cártel de los gobernadores. Entrevista con Humberto Padgett



Tamaulipas, el cártel de los gobernadores

Entrevista con Humberto Padgett*

Ariel Ruiz Mondragón

Uno de los estados de la República que más ha acusado los agravios derivados de las actividades de grupos delictivos es, sin duda, Tamaulipas, entidad en la que en los últimos tiempos han destacado grupos como el Cártel del Golfo y los Zetas, aunque allí las organizaciones criminales tienen larga data, como lo muestra la historia de Juan N. Guerra.

Para que la operación de esas agrupaciones fuera posible una condición ha sido clave: la connivencia del poder público con ellas. En efecto, en diversos grados y niveles esas bandas han contado con la complicidad de gobernantes, especialmente en el estado, cuyos titulares del Poder Ejecutivo parecen vinculados a ellas.

La descripción y el análisis de ese monipodio entre la política y el narcotráfico en aquella entidad es realizado por Humberto Padgett en su libro Tamaulipas. La casta de los narcogobernadores: un eastern mexicano (México, Urano, 2016). El autor dice en el libro acerca de Tomás Yarrington y Eugenio Hernández: “Hoy, ambos ex gobernadores son considerados como promotores del narcotráfico y lavadores de dinero durante una de las épocas más violentas del México posrevolucionario. No sólo son ubicados en esa categoría por los tamaulipecos, que así los han calificado a ellos y a una docena de sus predecesores desde hace muchos años, sino también por las agencias antidrogas y de persecución criminal de Estados Unidos, principales fuentes investigativas del Gobierno mexicano sobre el narcotráfico”.

Sobre esa historia conversamos con Padgett (Toluca, 1975), quien estudió Periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la UNAM. Autor de seis libros, ha colaborado en medios como Reforma, Sin Embargo, Proceso y Emeequis. Ha recibido diversos premios: cinco veces el Nacional de Periodismo, el Internacional de Periodismo Rey de España, el Ortega y Gasset, el Iberoamericano de Periodismo Joven y el Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, entre otros.

 

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué escribir y publicar un libro como el suyo, en este caso dedicado a las relaciones entre el crimen organizado y los gobernantes de Tamaulipas desde los años treinta del siglo pasado y hasta hoy?

Humberto Padgett (HP): Porque el libro permite el formato de gran reportaje en el que se pueden integrar desde esa perspectiva los demás géneros periodísticos, y utilizar las cualidades de cada uno de ellos para potenciar la información obtenida en algunos casos. El libro funciona más como crónica, en otras más como nota informativa, en algunos momentos hay algo de reportaje histórico, así que hacerlo como reportero de prensa escrita fue algo muy disfrutable.

Para el lector es la posibilidad de entrar en la información con profundidad y darle la explicación sobre las causas del problema que, en el caso de Tamaulipas, es principalmente la violencia, que es producida por la corrupción de la clase política que ha existido allí desde siempre.

 

AR: Hay varias partes del libro basadas en declaraciones de testigos protegidos. ¿Qué tan confiables son estos testimonios y cuáles son los principales problemas que implica su uso?

HP: Me fui a Estados Unidos y hablé con agentes en funciones al momento en que se hicieron las investigaciones, que resultaron en las órdenes de aprehensión de Tomás Yarrington Ruvalcaba, y en Estados Unidos la captura pendiente de Eugenio Hernández Flores, para corroborar y cruzar datos sobre la verosimilitud de la declaración: qué tanto pudiera estar orientada con el propósito político en el contexto del año electoral 2012. También para tener certeza de que Francisco García Cabeza de Vaca no estuviera también involucrado en el narcotráfico, porque se hubiera tenido que desplazar el ángulo del libro para incluirlo porque es un elemento importante.

Encontré que el panista no estaba metido con el narco, pero sí (y mucho) con las agencias estadounidenses, y que estas corroboraban lo que la investigación mexicana dice. Esto es lo que traigo para el primer capítulo del libro, el que justifica la hipótesis de que en Tamaulipas existe un narcogobierno.

 

AR: En el libro aparece otro gran personaje, el padrino de Tamaulipas: Juan Nepomuceno Guerra Cárdenas. La suya fue una trayectoria que inició desde los años treinta, y nada más pisó la cárcel unas cuantas horas. ¿Qué nos puede decir de este personaje? Incluso hay una calle lleva su nombre y que fue inaugurada por un gobernador.

HP: Hubo varios factores que crearon a Juan N. Guerra. El primero es que en el México posrevolucionario hubo la necesidad de organizar un sistema de seguridad, al que se incorporó Guerra como policía judicial, quien antes había sido contrabandista. Fue traído a la Ciudad de México como policía judicial por un procurador capitalino que había sido gobernador de Tamaulipas.

También tienes que Matamoros es, a final de cuentas, un pivote de la oferta y la demanda para surtir a la zona de mayor consumo del mundo, que es el este de Estados Unidos: Washington, Nueva York, Boston.

La política local de Tamaulipas tuvo dos momentos en que el control autoritario prevaleció sobre el fortalecimiento de las instituciones: la proyección de Emilio Portes Gil, quien pretendió hacer un maximato tamaulipeco, como él había sido parte de un maximato nacional. Después Miguel Alemán Valdés tuvo interés en el estado porque acotar a Portes Gil significaba terminar el trabajo iniciado por Lázaro Cárdenas de expulsar la injerencia política de Plutarco Elías Calles.

En Estados Unidos confluyó la prohibición, la Ley Volstead, la ley seca que, si bien cesó en lo federal a fines de los años veinte, durante los treinta mantuvo vigencia en algunos estados, así que había un mercado ilícito al cual surtir. Entonces apareció Juan N. Guerra, quien fue un delincuente precoz (inició a los 15 años) que, atípicamente, murió viejo, lo que lo hizo peculiar en un mundo en el que la veteranía es excepcional.

La vigencia de un narcotraficante acaba por muerte o por cárcel, lo cual no ocurrió en su caso. Si comparamos a Guerra con otros narcotraficantes, veremos que el Chapo Guzmán, Amado y Vicente Carrillo, los Arellano Félix, tuvieron vigencia, a lo sumo, de 10 años, y ya 15 años es extraordinario. El Cártel de los Caballeros Templarios vivió seis años, la Familia Michoacana por allí fue. Y Guerra es un hombre que se mantuvo vigente en el negocio durante más de 70 años.

Es una figura que debiera ser revalorada en la historia criminal de México.

 

AR: Es muy interesante: Guerra fue policía en alguna época. Al respecto, ¿cuál ha sido la relación de los cuerpos de seguridad con las bandas del crimen organizado? Esta el caso de Guerra pero nos podemos ir hasta la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y terminar con miembros del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, los gafes. Los cuerpos de seguridad parecen ser una escuela de cuadros del crimen organizado.

HP: Y el Coss también fue policía judicial. La cuna del crimen organizado mexicano es la seguridad pública que simuladamente provee el Estado. No existe ningún cártel, ni uno solo, que no descienda de las estructuras policiacas y que no haya crecido y prevalecido sin la connivencia de las autoridades.

Giusseppe Falcone, el juez italiano que estableció buena parte de la teoría sobre delincuencia organizada, elaboró para el maxiproceso italiano que llevó a cientos de mafiosos a la cárcel un listado de aspectos considerable para definir una estructura criminal, que se conoce como Falcone Checklist. Él estableció que una característica es la relación con la autoridad, específicamente aquella parte del Estado dedicada a la persecución de la delincuencia.

En el caso mexicano eso se actualiza perfectamente, y vemos que en el caso tamaulipeco es referencial. Tienes que Carlos I. Serrano, jefe de facto de la DFS, enviado por Miguel Alemán Valdés a hacer el espionaje político necesario para terminar de desarticular la operación política de Portes Gil, fue un hombre al que se le encontraron vínculos con el narcotráfico en los cincuenta. En Estados Unidos detuvieron un Cadillac que iba relleno de goma de opio; lo iba manejando un agente aduanal, y el hombre se sintió con la impunidad suficiente para reclamar que le devolvieran el carro. Eso es emblemático.

Siguió Rafael Chao López, quien fue comandante para la Región Noreste y que convirtió las oficinas de la DFS en bodega y paso de drogas. Fue uno de los más importantes testigos en el caso contra José Antonio Zorrilla Pérez por el asesinato de Manuel Buendía, en una cadena que luego llevó al asesinato de Enrique Camarena en 1985 en Guadalajara, lo que cambió para siempre la historia del crimen organizado mexicano, y en buena medida la relación binacional con Estados Unidos.

Posteriormente ocurrió que 34 gafes, elementos altamente entrenados en tareas antisubversivas del Ejército mexicano, se desprendieron para convertirse en el  cuerpo de seguridad de Osiel Cárdenas Guillén.

Según los documentos que utilizo para el libro, los acuerdos y las operaciones entre narcotraficantes y políticos están mediadas por policías judiciales. No hay una en la que no estuvieran: tienen el mismo lenguaje: los policías se refieren a las ciudades no de esa manera sino como plazas, al igual que los narcotraficantes. Y han estado involucradas todas: no hay una sola policía mexicana que no haya sido extinguida como consecuencia de su relación irrecuperable con el narcotráfico, como las policías Judicial Federal, Federal de Caminos, Federal Preventiva, la Agencia Federal de Investigación… La DFS, por supuesto, a la que desarmaron para que quedara en manos, supuestamente, de civiles únicamente, y por la que pasaron personajes de la relevancia de Fernando Gutiérrez Barrios. No estamos hablando de personajes menores porque eran importantes incluso en términos geopolíticos: ¿habría Revolución cubana sin Gutiérrez Barrios? Tal vez no.

 

AR: Otro asunto que me parece importante del libro es que no sólo se habla de la relación entre los políticos y los narcos, sino que hay otro actor importante: los empresarios. ¿Cómo se han vinculado en la economía estos tres sectores?

HP: Hemos admitido que el narcotráfico es un mundo homogéneo, estereotipado, en el que todo narcotraficante es un hombre de enorme barriga, cinturón con incrustaciones de diamantes, una camisa de seda Gianni Versace estampada con hojas de mariguana. Esa es la caricatura; el personaje existe, aunque menos visible. Pero es un mundo diverso: el hombre de cuello blanco que va a las reuniones empresariales, que toma el teléfono y discute con el jefe del sector empresarial, que financia campañas políticas, que es presentado socialmente como un benefactor social porque es un empleador, pero que también se relaciona con el narcotráfico y, más concretamente, con la política.

Así tenemos algunos personajes que lavan dinero simultáneamente para los Zetas y el dinero obtenido directamente del desvío de recursos de los gobernadores tamaulipecos. Esto es muy interesante porque a final de cuentas funcionan como la conjunción entre ambos mundos.

 

AR: En esta parte me pareció muy interesante el papel de las mujeres, quienes tenían a su cargo varias de esas tareas. ¿Qué papel han desempeñado estas damas del narco?

HP: A mí me parece un poco frívolo el tratamiento de la mujer en el narcotráfico como una belleza desbordada con senos de silicón; además estaba el drama de Kate del Castillo, que, a final de cuentas, resultaba tan triste y lejano de lo que pasaba. Por ello quise atraer mujeres de un mundo eminentemente machista pero en el que ellas calzan porque tienen habilidades administrativas ciertas.

Entonces no habló de la Miss Sinaloa o de la Miss Bala sino de mujeres que son operativas para proveer de recursos a un cártel tan complejo como los Zetas. Además son historias que pude documentar de mujeres que ya están extraditadas en Estados Unidos y que dan la posibilidad de entrar al lado B de algunos de los Zetas.

Cuando los Zetas se asentaron en Tamaulipas se empezaron a enamorar de las mujeres. Eso me parecía interesante también para mostrar un aspecto humano de los narcotraficantes. No se trataba de caer en el melodrama sino de tratar de desmitificar la figura de un solo rostro, cuando son sujetos polifacéticos como lo somos todos.

 

AR: ¿Cuál ha sido la relación de los políticos y el narcotráfico de Tamaulipas con la Federación? Creo que no hubieran funcionado sin algún apoyo de las autoridades federales. Por allí destaca el caso, por ejemplo, de Raúl Salinas con Juan N. Guerra.

HP: Salinas Lozano y Antonio Ortiz Mena, quien fue secretario de Hacienda, tenían una función primordial para el contrabando, y es que de ellos dependía la administración de las aduanas mexicanas en un negocio en el que se exportaba droga, se traficaba con personas y se importaban armas y fayuca. La función criminal de las aduanas es sumamente importante, y varios de los principales pasos fronterizos en común con Estados Unidos están en Reynosa, Matamoros y Nuevo Laredo.

Lo que es bien conocido es el compadrazgo entre Raúl Salinas Lozano y Juan N. Guerra, quien habría apadrinado a Raúl Salinas de Gortari, a quien se tenía proyectado inicialmente para la Presidencia de México, aunque resultó ser un político menos disciplinado que su hermano Carlos, quien finalmente consolidó el poder familiar. De manera coincidente, durante el gobierno de Manuel Cavazos Lerma ascendió el Cártel del Golfo y se colocó en la misma dimensión delictiva que los grupos de Juárez, de Amado Carrillo y de los Arellano Félix en Tijuana.

Hubo un par de momentos más de mucha importancia: en 2006, luego de que Eugenio Hernández, su gobierno y su partido político, en evidente complicidad con el crimen organizado, secuestraron a algunos panistas, uno de ellos candidato al gobierno de Reynosa, y también secuestraron al candidato a la primera regiduría, quien era el encargado de las finanzas de esa campaña.

Recordemos que la capital, Ciudad Victoria, no es la principal ciudad del estado sino Reynosa, por su tamaño, por las maquiladoras, etcétera. A este candidato lo dejaron libre con la condición de que desistiera de impugnar el proceso electoral. Lo liberaron hasta que feneció el plazo

También lo que tenemos en grabaciones que fueron ampliamente difundidas en su momento, es que Elba Esther Gordillo acordó con Eugenio Hernández el apoyo a la candidatura de Felipe Calderón, quien hizo una investigación pero no fue consecuente con ella: no llevó a proceso ni a Tomás Yarrington ni a Eugenio Hernández.

El otro momento y en ese contexto fue que a finales del 2005 el gobernador Yarrington pretendió la Presidencia de la República. De esta idea lo convenció un personaje muy interesante: Eduardo García Puebla, un sonorense cercano a Manlio Fabio Beltrones. Yarrington dijo “quiero ser presidente”, y entró en la precontienda junto con otros exgobernadores como Enrique Martínez y Martínez, de Coahuila, y, destacadamente, Arturo Montiel Rojas, a favor de quien declinó para que enfrentara a Roberto Madrazo Pintado. Pero este logró sacar de la contienda a Montiel acusándolo de corrupción.

Luego Eugenio Hernández se convirtió en el coordinador de la campaña de Enrique Peña Nieto para la zona norte. La cercanía es clarísima. Hay quien insiste que en el fondo está el control de los energéticos: el petróleo y el gas tamaulipecos en el Golfo de México, que se extienden hasta Coahuila. Se necesita tener el control absoluto para darle autorización a las empresas de los serranos, de ellos mismos, para explotarlos, como lo han hecho en el estado —hay que recordar que Grupo Higa es de Tamaulipas.

Contar esto último no era el propósito del libro, aunque tal vez lo sea de uno siguiente.

 

AR: En la cartografía del narco establece una diferencia entre el noreste y el noroeste. ¿Cuáles son las principales características de Tamaulipas?

HP: Entra al mercado de drogas de manera tardía, hasta los años cincuenta, cuando tienes a los capos de Sinaloa, más concretamente de Badiraguato, que se han dedicado a las drogas desde el inicio de su existencia. Esto es algo muy bien documentado en El siglo de las drogas, de Luis Astorga, quien hizo un amplio trabajo hemerográfico sobre el narcotráfico, muy orientado a la región noroccidente, en el Triángulo dorado de Chihuahua, Durango y Sinaloa.

El noreste empezó haciendo otro tipo de contrabando, que fue una empresa criminal anterior a su participación en las drogas. Los narcotraficantes tamaulipecos no fueron inicialmente productores, como sí lo son los sinaloenses, que han sembrado mariguana, goma y amapola desde siempre —es posible que estén sembrando desde el siglo XIX, antes de que fuera ilegal—. En el caso de los tamaulipecos no tienen una región: aunque hay siembra de amapola y mariguana en Tamaulipas, en realidad es marginal. Han participado en otras actividades ilícitas, como la extorsión (la venta de seguridad) y el contrabando de fayuca.

Además, creo que han tenido mayor cercanía con el poder político que sus pares sinaloenses, quienes también llegaron a tener, por supuesto, acompañamiento de gobernadores de Sinaloa, principalmente de Antonio Toledo Corro en los años ochenta, y algunos otros, pero es muy evidente cómo esto ha ocurrido en Tamaulipas. Es una síntesis muy clara: no parecen sujetos pertenecientes a dos grupos distintos sino habitantes de un mismo mundo.

 

AR: Otro tema interesante es cómo se han expandido las bandas de Tamaulipas, por ejemplo, en Michoacán, en donde los narcos tamaulipecos dieron origen a la Familia Michoacana y a los Caballeros Templarios, además del control que tienen en Veracruz. ¿Cuál ha sido su influencia en otras entidades?

HP: Luego de la ruptura de los Zetas con el Cártel del Golfo, hacia 2009, se convirtieron en el cártel más importante para la DEA, para el Congreso de Estados Unidos, y lograron tener presencia en al menos 19 de las 32 entidades federativas, incluidos el Estado de México y la Ciudad de México, aunque lo nieguen el gobernador y el jefe de Gobierno.

También lograron establecerse en Guatemala y pugnar por el control de ese país como ruta del trasiego de cocaína sudamericana, y en algún momento establecieron acuerdos con la Ndrangheta italiana en la lucha por la introducción de cocaína en los mercados europeos, que son mediados en aquel lado del Atlántico por la mafia del norte de Italia.

En Estados Unidos los Zetas están presentes en las mismas ciudades —según documentos estadounidenses que muestran mapas que se elaboran sobre las zonas de influencia de los cárteles— donde está presente desde décadas atrás el Cártel del Golfo, sobre todo en la región Este. Ambas organizaciones logran una expansión importante en ese país.

 

AR: Menciona que los Zetas hicieron cambios, y destaca la figura de Heriberto Lazcano, de quien dice que en una época ya parecía más empresario que soldado. ¿Cuáles fueron sus innovaciones?

HP: El uso irrestricto de la violencia. A final de cuentas ellos no tenían el conocimiento del complejo negocio del narcotráfico, entonces no podían meter 10 toneladas de cocaína al mes a Estados Unidos o lavar 10 millones de dólares. Su primer y principal recurso es el ejercicio de la violencia y la asociación de ésta con su nombre. Los Zetas convirtieron a su organización en una marca de derechos reservados e impusieron un peculiar copyright en el uso de la violencia.

Además extorsionan a las personas que están en su entorno social; como ninguno de los Zetas originales era tamaulipeco no tuvieron apego por las personas del estado y simplemente fueron y las exprimieron. Su éxito dependía de que no hubiera excepciones: se extorsiona a todas las personas de todos los lugares, de todos los niveles económicos, de todas las relevancias y partidos políticos. No había excepciones.

La exhibición de la violencia como método de intimidación contra las policías, la ciudadanía y los cárteles rivales le da una nueva vuelta de tuerca al escenario en México. Las decapitaciones originariamente son kaibiles, el grupo de élite de Guatemala que fue integrado a la dinámica delictiva por los Zetas.

Lo que quiero decir en el libro es que la posibilidad que tuvieron los Zetas de extender la violencia, de incrementarla, de definir el conflicto entre las bandas por el monopolio de las rutas y la producción de las drogas está radicada en los acuerdos que hicieron con los gobiernos estatales. Esa es la trascendencia del acuerdo de corrupción que ha ocurrido.

 

AR: También me llamó la atención la independización de los Zetas respecto al Cártel del Golfo. ¿Este rompimiento cómo se expresó en términos políticos?

HP: De manera principal, en el asesinato de Rodolfo Torre Cantú, candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas. Eugenio Hernández Flores tuvo un acuerdo con los Zetas, e inició su gobierno negociando con una organización que, si bien no era monolítica, estaba estructurada con una cara en la que el Coss representaba al Cártel del Golfo (estamos hablando de que Osiel ya había sido detenido y que la relación de subordinación de los Zetas se había modificado), y en el otro lado estaba Heriberto Lazcano.

Lo que documentalmente se tiene es que el Golfo ordenó el asesinato de Rodolfo por considerar que éste estaba en la voluntad de los Zetas. En algún momento éstos envían el mensaje de “no fuimos nosotros” y lo aclararon públicamente.

 

AR: Otro caso espeluznante en el estado es el de San Fernando, en donde fueron encontrados 72 cadáveres y después más de 200…

HP: Y allí se habla de que son 600.

AR: En el libro hay un personaje que se pregunta: ¿cómo se puede vivir allí? Efectivamente: ¿cómo se puede vivir con los Zetas extorsionando a todo el mundo, y que mastican, trituran, acaban con la gente?

HP: Hay un estado de guerra irregular y eso hace imprevisibles los hechos, los desreglamenta. En la guerra oficial, la que se asume como tal, existen acuerdos de civilidad entre las partes en conflicto, hay cosas que no se pueden hacer y nos remitimos a tratados internacionales. En este caso no existen límites: los niños son igualmente útiles para matar o rendir al enemigo asesinándolos. No existe una sola autoridad sino que hay una situación particularmente fragmentada.

San Fernando es un municipio muy grande y tienes que una parte está bajo el gobierno Zeta, y otra bajo el control del Golfo, y dos más de grupos derivados porque ahora tienes que no hay un solo grupo sino entre 6 y 12 partes, escisiones de los Zetas, y el Golfo también ha tenido alguna. En algunas partes está la Policía Federal y hay otras bajo control del Ejército, pero nadie tiene claro cómo funciona exactamente la geografía del crimen. Se percibe su existencia porque hay lugares en donde extorsionan y secuestran algunos de los grupos, pero si alguno de los otros entra entonces se desata un enfrentamiento.

Lo cierto es que San Fernando genera una reflexión sobre el dolor de personas ajenas al municipio, pero todas las personas de este tienen una pérdida. Es realmente raro que te encuentres con alguien que no haya tenido que ir a la morgue a reconocer a su hijo, o que está esperando que vuelva su mamá, lo que es un asunto realmente de horror.

San Fernando es la muestra de cómo el Estado mexicano sí puede fracasar. Es, creo, el conjunto de secuestros, de inoperancia de las instituciones de  gobierno, de desarticulación de las fuerzas de seguridad pública, de abandono de la ciudadanía a la decisión de alguien que no entiende la vida más que como un proceso de acumular dinero y matar.

 

AR: ¿Cuál ha sido la reacción social a esta situación? Por allí vi que algunos empresarios se quejaron de la situación, se cita alguna marcha contra la inseguridad, por ejemplo.

HP: Hubo un intento real en 2007-2008, cuando las personas hicieron activismo en redes sociales, y la respuesta fue que a una destacada ciberactivista le cortaron la cabeza y la presentaron con el letrero de “Esto me pasó por estar de chismosa”.

Antes de que en Veracruz ocurriera el desastre para la prensa con Javier Duarte, Tamaulipas era el lugar más delicado para hacer periodismo. Consideremos también que uno de los primeros asesinatos contra comunicadores ocurrió allí en los años noventa, contra un editor y su reportera.

Entonces el asunto es que no hay muchas opciones si consideras que la gente asume que es normal vivir con miedo. La otra es que hay una porción importante de personas que han asumido que la delincuencia es una forma válida de ascenso social. Tienes a muchos jóvenes con la aspiración de ser sicarios o capos —curiosamente no se plantean ser gobernadores, lo que creo que es más redituable y más impune.

Tienes una ciudadanía que ha considerado que el cambio político no es posible ni es real. Tengo la percepción de que se ha generado algún movimiento a favor de García Cabeza de Vaca, aunque con dudas. Lo cierto es que sí encuentras a personas de la clase media y media baja que agitan banderas del PAN, lo cual es raro de ver en la Ciudad de México, donde entendemos a los panistas como personas de clase media alta; pero en el norte del país funciona de otra manera diferente.

En general hay una terrible decepción de la clase política.

 

AR: En el libro traza las relaciones que han existido entre los gobernantes y los narcotraficantes durante muchos años, desde Enrique Cárdenas González, gobernador en los años setenta. ¿Qué tan emblemático de las relaciones de la clase política mexicana con la delincuencia es el caso de Tamaulipas?

HP: Es representativa al punto de que, en mi opinión, no existe un cártel más avanzado en términos de logros económicos, de alcance, de acceso a la impunidad, de relaciones económicas y políticas de alto nivel. Yo no tengo problemas en decirlo: es un cártel de gobernadores. No he encontrado algo parecido en Italia, en Japón ni en Colombia. Pablo Escobar fue diputado, pero era lo que se sabía que era, no se simulaba que fuera otra cosa; a final de cuentas Escobar murió en una persecución en un tejado cuando hubo la decisión política de matarlo.

Estos hombres de Tamaulipas no: uno de ellos podrá ser gobernador…

 

AR: Antes presidentes municipales…

HP: Por supuesto: Yarrington fue presidente municipal de Matamoros, y un hijo de Roberto Guerra Cárdenas fue parte de la organización criminal y alcalde de Matamoros. Es un asunto en el que se han naturalizado por completo cosas que no puedes encontrar como lógicas en una democracia real.

 

AR: Menciona que tanto el Cártel del Golfo como los Zetas ya no son estructuras grandes sino que están muy fragmentadas. ¿Qué ha pasado con esas organizaciones, y cómo se refleja tanto en su actividad como en términos políticos?

HP: Se debe a la dinámica prohibicionista que ha colocado en el centro del combate a las drogas la detención y abatimiento de los capos en el momento en que el Estado considera que sea necesario, porque parece ser que tiene servicio a la carta. Por ejemplo, en el momento más crudo de Ayotzinapa detuvieron a Héctor Beltrán Leyva, el Ingeniero, y al Viceroy. Después de años de buscarlos, en el momento políticamente necesario los detuvieron.

Una de las consecuencias es que esto ha llevado a la pulverización de las organizaciones. Vamos hacia un modelo de pequeñas organizaciones, lo que no necesariamente es favorable, al menos en este momento para las personas que viven en los lugares en que aquellas se han asentado. Esto ocurre con los Zetas, pero creo que del otro lado también, con los Beltrán Leyva, quienes son un desprendimiento de Sinaloa, que viene del protocártel de Guadalajara, pero que originaron a los Rojos en Guerrero, y de éstos surgieron los Guerreros Unidos, y además de éstos están el Cártel Independiente de Acapulco, de Pacífico Sur, los Ardillos, etcétera.

Pero lo que pasa con todas estas organizaciones es lo que le ocurrió a los Zetas al inicio: no tienen el conocimiento para hacer el gran negocio de las drogas sino sólo la posibilidad de hacer el infame negocio de exprimirle el cuello todo el tiempo a una población ya de por sí pauperizada.

 

AR: Me acaba de decir que Tamaulipas, hasta antes del Veracruz de Duarte, era el lugar más peligroso para ejercer el periodismo. ¿Qué riesgos corrió al investigar este tema, al publicar este libro con nombres y detalles?

HP: Yo descansé cuando se publicó, y la verdad es que siento alivio con cada entrevista que me hacen. El trabajo se vuelve más público y ese es un freno indudable para alguna represalia.

Los periodistas que vivimos en la Ciudad de México y cubrimos asuntos de crimen organizado, corrupción y derechos humanos, tenemos condiciones de seguridad bastante mejores que las que tienen los reporteros honestos de los estados. No es lo mismo ir a los lugares, trabajar rápido y regresar a la Ciudad de México, que tener por vecino a un jefe de sicarios, que tu hijo en la secundaria sea compañero de un halconcillo o que el dueño de tu periódico sea un prestanombres de Yarrington.

Lo que quiero decir es que yo no encuentro razones para regodearme de que estoy haciendo un trabajo violento. Trato de destacar que es una labor esforzada y, en la medida de lo posible, ser honesto con el lector en el propósito de darle un servicio social.

No creo ni me convencen los periodistas que todo el tiempo están en la pasarela de la valentía y que presumen que su valía estriba no en su trabajo sino en el nombre del funcionario público, del criminal que los está persiguiendo. No me gusta ese estilo.

 

*Entrevista publicada en Horizontum, 23 de mayo de 2017.

jueves, octubre 20, 2016

Las guerras de Guerrero. Entrevista con Humberto Padgett


Las guerras de Guerrero
Entrevista con Humberto Padgett*
Ariel Ruiz Mondragón

Guerrero es hoy, y ya desde hace un rato, una entidad donde se combinan una par de condiciones graves: sus altos niveles de pobreza y el aumento de la violencia. Esto se da en un marco en el que diversas bandas de narcotraficantes se han adueñado del territorio y mantienen una lucha sorda por él, además de que autoridades de diversos niveles se han coludido con ellas.
Así, en su libro Guerrero. Los hombres de verde y la dama de rojo. Crónica de la nación gomera (México, Ediciones Urano, 2015), Humberto Padgett escribe que “este trabajo ofrece, como una de sus tesis, que no existe manera de desvincular la doble condición de Guerrero: su miseria económica y la fertilidad de la amapola en sus montañas”.
Así, el estado vive entre la pobreza, pese a que en sus tierras hay grandes cultivos de amapola, “donde se produce el 60% de la heroína en el país”, y en un sistema político en el que se han establecido relaciones institucionales entre el Estado mexicano y la delincuencia organizada, según afirma el autor.
Acerca de esos temas conversamos con Padgett, quien estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la UNAM. Ha colaborado en publicaciones como Reforma, emeequis y Sin Embargo. Autor de seis libros, ha obtenido los siguientes premios: el Nacional de Periodismo (en cinco ocasiones), el Internacional de Periodismo Rey de España, el Ortega y Gasset, el Kurt Schork, de la Federación Internacional de Periodistas, Iberoamericano de Periodismo Joven y Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez.

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué escribir y publicar hoy estas crónicas sobre la pobreza y el aumento de la violencia y la delincuencia no sólo en la sierra de Guerrero sino en general en Tierra Caliente?
Humberto Padgett (HP): Hay varios elementos concurrentes. Uno regional, en términos continentales, es el nuevo boom de consumo de heroína en Estados Unidos; hay otro, muy local y permanente, que es, efectivamente, la pobreza de Guerrero, y hay uno político, nacional, y es que el evento de los 43 muchachos de Ayotzinapa desaparecidos descarrila al gobierno de Enrique Peña Nieto. Se asomaba una pregunta que trato de responder acerca de la responsabilidad del Estado en la desaparición de los chavos la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre de 2014 en Iguala, y yo respondo que sí, que fue el Estado.

AR: Con los datos del Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) revisa el asunto de la pobreza en Guerrero; dice, por ejemplo, que Tierra Caliente es un lugar con décadas de políticas sociales fracasadas. Luego hace anotaciones muy puntuales sobre el subejercicio y desviación de recursos del gobierno del estado. ¿Qué ha pasado con las políticas sociales federales que se han tenido que implementar y con las propias estatales de Guerrero?, ¿por qué han fracasado?
HP: Por la corrupción y el uso permanente de los recursos públicos como patrimonio personal de quienes los administran. La estampa que deja más clara la derrota de la política social mexicana en la Tierra Caliente michoacana es que allí donde ahora se siembra mariguana empezaron a hacerlo hace 60 años los campesinos que fueron a Estados Unidos, al norte de California, dentro del programa Bracero. Algunos trabajaron en la región que ahora es Silicon Valley, que es referente mundial de la riqueza producida con el desarrollo tecnológico y científico: allí están Google, Mac, Yahoo, etcétera. Es increíble el desarrollo social y económico de esas grandes extensiones urbanas, comparado con lo que se encuentra años después en Michoacán, que es básicamente lo mismo: pueblos incomunicados, ausencia de escuelas de calidad, inexistencia de clínicas.
Los políticos presentan en sus informes de gobierno que han inaugurado decenas de hospitales regionales, pero son en realidad consultorios en los que algún médico pasante atiende de lunes a viernes por las mañanas, sin dispensario médico, sin quirófano ni nada.
El subdesarrollo permanece en ese lugar luego de decenas de políticas de desarrollo social, después de que por allí han pasado los tres principales partidos políticos en los planos municipal, estatal y federal.

AR: Sobre el aspecto político: en el libro habla de que ha habido un presente ininterrumpido a pesar de la alternancia en los gobiernos. ¿Qué ha ocurrido con el proceso de democratización en Guerrero? Uno de los asuntos principales era cambiar a los malos gobiernos, que hubiera mayor transparencia y respeto a los derechos humanos.
HP: Es una democracia que se ha perfeccionado en el simple hecho de ir y tachar un logotipo y un nombre en una boleta, pero no más. Es una democracia de papel y crayola, pero la gente no está incorporada a las decisiones de sus comunidades, menos de sus municipios y de ninguna manera de su estado.
Guerrero son dos guerras continuas que han devastado los derechos humanos, entendiendo éstos como núcleo de las relaciones democráticas entre las instituciones, quienes las dirigen y quienes son gobernados. Guerrero es la continuación de la guerra sucia, cuando el Estado mexicano promovió la investigación, persecución, detención, tortura, asesinato y desaparición de aquellos que pensaban de una manera política distinta al gobierno. Eso involucró a la constelación completa de instituciones relacionadas con el Estado, y continuó con una guerra sucia en la que se simuló el combate al narcotráfico con el pretexto de la salud pública mexicana, pero que en realidad permitió la colusión de autoridades de todo tipo (civiles y militares), de todos los niveles, con el narcotráfico, para beneficiarse de los recursos manteniendo siempre muy pobre a la población guerrerense.

AR: Allí hay una figura clave en el paso de la persecución a las guerrillas a esta etapa de la guerra contra el narcotráfico: Mario Arturo Acosta Chaparro, quien está mencionado desde el principio y hasta el final del libro. ¿Qué nos dice este personaje?
HP: Acosta Chaparro es, creo, la gran clave para entender el sistema político criminal mexicano. Fue un agente formado fuera del país para los propósitos políticos no asumidos por el gobierno mexicano, como su intolerancia a la democracia y su capacidad de recurrir al crimen si eso garantiza la permanencia en el poder.
Acosta Chaparro sintetiza la colusión con el narcotráfico; los gomeros son congruentes al describirlo no sólo permitiendo el trasiego de la heroína sino a él mismo como cultivador (no campesino sino contratando personas para que sembraran sus campos de opio). Luego fue el hombre que se asoció con la cúpula de uno de los cárteles de los que descienden varios otros, que es el de Juárez, y también fue el hombre al que se le atribuyen 123 desapariciones forzadas.
Asimismo, fue un agente de la estructura federal que se pudo integrar al poder político local: lo hicieron jefe de la Policía Judicial, jefe de la Policía de Tránsito, un hombre omnipotente en un estado definido por el cacicazgo político, y que tuvo luego nueva relevancia en el asesinato del vado de Aguas Blancas en 1995, cuando estaba en el poder Rubén Figueroa Alcocer. Con éste debió dejar el cargo público por el escándalo político que representó la matanza de los campesinos, y en su lugar quedó Ángel Aguirre Rivero, quien luego, como gobernador no interino sino constitucional, tuvo que dejar el cargo por la desaparición y muy posible masacre de los muchachos de Ayotzinapa.
Es decir, el continuo de las acciones del Ejército y de este personaje permean la realidad de un estado que es definitorio de la falibilidad del Estado mexicano.

AR: Visitó a los campesinos, fue a lugares de la sierra donde muy pocos entran. Esto está muy vinculado con un aspecto internacional, con Estados Unidos. ¿Cómo ha influido la política norteamericana en esas comunidades pobres, en el aspecto del narcotráfico, que va desde la política prohibicionista de Nixon, el anticomunismo, hasta la demanda actual de heroína en Chicago?
HP: A mí me causa cierta sorpresa la admiración y condescendencia con que algunos intelectuales y políticos mexicanos se refieren a Barack Obama, cuando éste es corresponsable, con Felipe Calderón, del desastre, en términos de derechos humanos y desarrollo social, que la Iniciativa Mérida ha significado.
Mantenemos una política antidrogas que no ha hecho sino ver cómo se incrementa el consumo de drogas, cómo los grupos del narcotráfico migran a otras actividades delictivas relacionadas con la lesión de comunidades enteras, en las que se extorsiona desde al más pequeño de los comerciantes hasta al presidente municipal. Esto está relacionado con que son grupos que en el 80 y 90 por ciento de los casos cuentan con armas vendidas en Estados Unidos en los términos de su Segunda Enmienda.
También tiene que ver con que, para el gobierno de Estados Unidos, la pauperización de un país ha sido siempre conveniente, y ahora con menos recursos para los más pobres y no necesariamente para los demás.
No existe viabilidad más que en la siembra de la amapola y de la mariguana para cientos de miles de personas, quizá millones de campesinos mexicanos que están al otro lado de la ley. Según el discurso propagandístico de quienes se benefician del actual estado de cosas, los victimarios son esos campesinos que tienen los huaraches fundidos en las plantas de los pies, y la víctima un yuppie de Chicago o de Nueva York que, efectivamente, puede vivir una tragedia en su propia adicción. Pero lo que se cuestiona aquí es la narrativa presentada por las autoridades: ambos son víctimas de un mismo sistema que finge trabajar a favor de la salud pública.

AR: ¿Cuál es la relación de la pobreza con la siembra de amapola? Algunos datos que da en el libro son dramáticos: de los 859 municipios gomeros del país, 774 tienen los porcentajes más altos de pobreza a nivel nacional, mientras que en Guerrero en todos los municipios se siembra amapola. Es un tráfico que genera muchas ganancias, pero no hay mejora en el nivel de vida.
HP: La cadena productiva de las drogas, en la medida en que están prohibidas por completo, está, en términos reales, desregulada, y eso le permite a los dueños del dinero hacer lo que quieran con los dueños del trabajo. Esta relación de explotación, aunque se trate de amapola o mariguana, no tiene por qué ser distinta de cómo funciona con quienes siembran maíz o frijol. Hay un acaparador que se beneficia porque tiene dinero para poder dar los recursos para la siembra de quienes están trabajando en el campo.
Pero los campesinos de drogas están en condiciones aún más adversas porque no pueden sembrar en sus tierras, no pueden beneficiarse de ningún programa de rescate económico ante un desastre natural; enfrentan, además de la adversidad de las plagas comunes a otras plantas, la posibilidad de que sus huertas de mariguana o de amapola sean destruidas por el Ejército. En algunas ocasiones ellos tienen que pagar directamente el soborno a militares que los detienen en las parcelas de estas plantas.
A la vez se impone un precio que difícilmente excede el costo de producción para el campesino; éste está en esas condiciones obligado a sembrar las drogas para no morir de hambre, pero de ninguna manera esto le da posibilidades de tener verdadera movilidad social.
Existe un sistema convenientemente dispuesto para que así transcurran las cosas, lo que empeora porque en Guerrero, según ha reconocido el gobierno del estado, existen 30 grupos que se están disputando el monopolio de la heroína porque es un gran negocio, y esto coloca en mayor riesgo a los campesinos. Hay quienes dejan de sembrar porque el cártel les advierte que los ejecutarán a ellos y a toda su familia si le venden a otro cártel, pero éste impone las mismas condiciones. El negocio de la amapola termina siendo uno de 27 mil millones de dólares que pagan los consumidores finales en Estados Unidos al año, según datos de la Casa Blanca. Eso es el doble del producto interno bruto anual de Guerrero.
¿Hay mejores caminos, mejores escuelas, mejores clínicas? Pues no. ¿Hay acceso a agua potable, a energía eléctrica? Pues no en proporción a un negocio del que abrevan no sólo los narcotraficantes sino también políticos y policías; quienes en realidad no alcanzan los beneficios reales de esa industria son los campesinos, nuevamente.

AR: Hace el relato de esta República mariguanera integrada por Michoacán, Guerrero y Estado de México. En la parte de la Tierra Caliente michoacana dice que hay un gobierno paralelo, informal pero que es más real. ¿Cómo funciona este gobierno paralelo, y cómo se relaciona con el formal?
HP: Existe una herencia de 50 años en lo que allí se hace, y es una relación que se ha vuelto natural y basada en el dinero. Los partidos políticos han logrado, ellos sí, acordar, a diferencia de los cárteles simples y llanos, la distribución del beneficio económico que la corrupción les otorga y que les permite convertir los recursos públicos en privados, así como facilitar las operaciones del narcotráfico y beneficiarse económicamente de eso.
El verdadero crimen organizado no son los cárteles sino los partidos políticos. Esta condición, que se ha extendido a otras partes del país, es entendida desde el poder federal también como natural. Esa relación ocurre porque, primero, se permite en todas las esferas. Estas organizaciones criminales que llamamos “partidos políticos” han logrado dirigir las instituciones que habrían de castigar los hechos que de manera permanente ellos realizan. Son tan eficaces que han alcanzado las posiciones para hacer las modificaciones a las leyes que les permitan que situaciones que deberían ser francamente ilegales solo sean inmorales, como los sueldos que se ponen.
Estas relaciones existen gracias al poder político que permite que así ocurran. Los campesinos no son quienes van a hacer los acuerdos con el presidente municipal, el jefe de la Policía estatal, el comandante militar de la zona, con el jefe de la Policía federal emplazado o el gobernador.

AR: ¿Hasta dónde el problema de Guerrero, estas bandas que se disputan el territorio, se han extendido a otras partes del país? En el libro se citan los casos de Tlatlaya y de Ecatepec. Asimismo, hay autoridades que niegan que en la Ciudad de México haya crimen organizado.
HP: Si Miguel Ángel Mancera en verdad cree que no hay crimen organizado en la ciudad, hay una muy mala noticia para quienes vivimos en ésta, porque es un hombre tonto si verdaderamente lo cree. También puede mentir intencionalmente; entonces tenemos a un mentiroso llano, y yo no sé qué será peor.
El asunto es que hay crimen organizado en prácticas empresariales e incluso en aspectos culturales. Además, una parte del problema de Guerrero no es propiamente guerrerense: es michoacano y es sinaloense porque los narcotraficantes llevaron allá las semillas de mariguana y amapola. Una parte del problema oaxaqueño no es Oaxaca, sino guerrerense por el flujo y la búsqueda de nuevos lugares donde sembrar amapola.
La peculiaridad de Guerrero es la manera absolutamente extendida en que el crimen organizado existe en todos los niveles, desde la siembra hasta el trasiego y cada vez más el consumo. Y por Guerrero han pasado todos los cárteles, excepto el del Golfo.
También en Guerrero hay un deterioro social, y dices: Tamaulipas es un lugar muy violento. Es cierto, y tiene una clase política terriblemente corrupta, pero no tiene una pobreza tan aguda como la que tiene Guerrero. Hay una serie de características que hacen de Guerrero un lugar representativo de lo que pasa con el país. La evolución de los cárteles es la de la manera en que el crimen se ha coludido con las autoridades, y también es la evolución de la violencia. Guerrero también sufre las consecuencias de esta estrategia de pulverización de los grandes cárteles en pequeñas organizaciones. Eso es lo que puede mostrar el estado.

AR: Una parte central del libro es la dedicada a los hechos ocurridos en Iguala en septiembre de 2014. Está muy clara la intervención del narcotráfico, pero ¿diría que en estos hechos hubo algún matiz político-ideológico en contra de los estudiantes de Ayotzinapa?
HP: Siempre ha sido el factor a confrontar. Mientras los grupos políticos, los grupos criminales y los militares han logrado establecer alianzas casi orgánicas, el foco opuesto ha sido el de los muchachos de Ayotzinapa. Fueron egresados de allí los guerrilleros, y siempre han representado un elemento de desequilibrio.
Entiendo que Ayotzinapa sólo no tuvo confrontación con el presidente Lázaro Cárdenas porque era un hombre de izquierda, pero desde Manuel Ávila Camacho las relaciones han sido muy malas. Ávila Camacho acusó a los estudiantes de haber bajado una bandera mexicana y de haberle prendido fuego, y luego izado una rojinegra, lo que en el contexto ideológico de los años cuarenta debía considerarse como una severa afrenta. Se llevó a proceso a algunos de ellos por motín y rebelión, delitos políticos que luego fueron separados del Código Penal tras la masacre de 1968.
Los muchachos desaparecidos de Ayotzinapa fueron a Iguala a secuestrar unos camiones para venir a la Ciudad de México a la manifestación por el aniversario de la matanza de Tlatelolco en 1968. Eran chavos conectados entre sí, que se han atrevido a desafiar al régimen y que le han dicho una y otra vez que miente.
Entonces por supuesto que hay un perfil político.

AR: Otra parte interesante es la del Ejército. ¿Qué ha pasado con éste en Guerrero? Allí lo vemos desde la guerra sucia, si no es que desde antes. Uno de los campesinos le dijo a usted que, cuando menos, después de lo de Iguala los soldados van y cortan la amapola.
HP: Es que tú vas por Guerrero y, vaya, alguien primero te lo dice pero ya luego lo percibes: la sierra está cubierta de amapola. Hay mucha, y eso no puede no ser no visto por las autoridades. Las historias de los campesinos te muestran cómo existen situaciones reiteradas de negociación con los militares: a veces a éstos hasta les dan de comer, y algunos campesinos tienen que pagar por su libertad.
Existe el registro documental de que en reportes de la Dirección Federal de Seguridad Mario Arturo Acosta Chaparro era alguien coludido con el crimen, y el Estado no hizo nada. Era una estructura política verdaderamente vertical.
Esas cosas no se le ocultaban a alguien como el Presidente; fue algo que el gobierno simplemente decidió no seguir, y el gobierno de Estados Unidos optó por ocultarlo porque los mismos agentes que estaban coludidos con el narcotráfico eran los que perseguían a la guerrilla comunista, y ésta era el primer interés geopolítico de Estados Unidos en ese momento.

AR: Otra parte del libro la dedica a los desaparecidos; encuentra una característica: que son “ciudadanos comunes, sin relación probada con la delincuencia organizada”. ¿Por qué la delincuencia organizada y las propias autoridades escogen a estas personas para desaparecerlas?
HP: Puede haber organizaciones ciudadanas que tocan los intereses de los grupos criminales, entendiendo que éstos no sólo hacen narcotráfico. Hay campesinos ambientalistas de Guerrero y Oaxaca desaparecidos que denunciaban la tala ilegal de los bosques, que es cada vez más un negocio de quienes antes sólo hacían narcotráfico o que utilizan las mismas prácticas de violencia que el narcotráfico.

AR: En el libro se puede ver cómo está Guerrero: a muchos municipios no llega ni siquiera Telcel, hay feminicidios, desplazados, desaparecidos, fosas clandestinas, y en muchos casos las autoridades están implicadas con la delincuencia organizada. ¿Cómo se vive, o mejor, se sobrevive allí?
HP: Mal. A ver: Acapulco fue el puerto turístico referencial del mundo. Allí se fueron de luna de miel los Clinton, allí estuvieron John F. Kennedy y Jackie, allí se murió Tarzán y de lo que único que se moría la gente era por vieja o por borracha. Ahora es una de las cinco ciudades más violentas del planeta.
¿Cómo se vive cuándo no se tienen recursos, como ocurre con la gran mayoría de los guerrerenses, para ir por la vida con una camioneta blindada, con guardaespaldas? Pues mal, jodido, con miedo, en la zozobra. ¿Cómo puedes vivir si tienes hijas o si eres una mujer en el lugar que más las asesinan en México, por encima de Chihuahua o del Estado de México (lugares referenciales del feminicidio)?
¿Cuál es tu perspectiva si eres un muchacho en la pobreza, y la alternativa son el hambre o el sicariato y el halconeo? Pues así se vive.
Yo creo que la respuesta que mejor se puede dar es en el relato que hacen unos campesinos de la Tierra Caliente guerrerense, que son desplazados y que, de vivir en el monte en absoluta libertad, 200 de ellos tienen que apretujarse en un salón de fiestas con techo de lámina, sin poder tener intimidad con su esposa, sin poder escuchar a los pájaros sino nada más el murmullo interminable y lamentable de sus vecinos. “Se murió por el ruido”, decían de un anciano. Así se vive en Guerrero.
Cada vez nos tenemos que plantear menos cómo se vive en Guerrero y más cómo se muere en Guerrero.

AR: Por la situación de los periodistas en México, y por su trabajo (fue a ver a los campesinos, conoció intermediarios, etcétera), ¿qué riesgos enfrentó al hacer esta investigación?
HP: No, porque hay que planear el ingreso y hay que saber hacerlo. Las situaciones en que mi trabajo ha estado en riesgo en toda mi carrera han sido dos: una, por el ataque que un rufián venido a más llamado Adrián Ruvalcaba emprendió contra el lugar en el que trabajaba, Sin Embargo, quien nos tumbó el sitio, que amenazó, y está absolutamente impune, con una corbata y un traje que mucho dinero nos debe de costar a usted y a mí.
La otra es que la familia Batres ahora me ha denunciado por daño moral. Según los Batres, me tengo que callar y no opinar de ellos. Esos son los riesgos para mi trabajo.

AR: De todas las historias que narra en el libro, ¿en qué personajes, en qué situaciones encuentra esperanza de que cambien las cosas y haya justicia?

HP: Veo la organización ciudadana, que ha entendido que los partidos políticos no son una opción, que la integración entre personas que sufren los mismos problemas y darle cara al poder criminal es lo que los puede salvar. Esto es cuando estoy allí y las veo de cerca, cuando platico con ellas; pero cuando me alejo los observo como una vela encendida con el huracán en puerta.

*Entrevista publicada en Replicante, 26 de septiembre de 2016.

miércoles, marzo 13, 2013

Una generación sin opciones. Entrevista con Humberto Padgett y Eduardo Loza


  Una generación sin opciones
Entrevista con Humberto Padgett y Eduardo Loza*

por Ariel Ruiz Mondragón

El “bono demográfico”, que auguraba buenos tiempos para el país debido a que la mayor parte de su población estaría en una edad productiva, se ha convertido en una pesadilla: la carencia de oportunidades educativas y laborales que brinden expectativas de un mejor futuro ha generado que alrededor de ocho millones de jóvenes mexicanos se encuentren sin escuela ni empleo. En muchos casos, a esto hay que añadir la pobreza en la que muchos de ellos viven, así como el auge de la delincuencia y de una cultura del prestigio conseguido a través del consumo, lo que ha dado como resultado que muchos niños y adolescentes se sumen a las filas del crimen, y pronto se conviertan en menores infractores que van a dar a los consejos tutelares para menores, que antiguamente fueron las llamadas “escuelas correccionales”.
En Los muchachos perdidos. Retratos e historias de una generación entregada al crimen (México, Debate, 2012), libro donde se combinan los trabajos periodísticos del reportero Humberto Padgett y del fotógrafo Eduardo Loza, se presentan, sin concesiones, las historias de vida de varios menores infractores que se encuentran recluidos en las correccionales del Distrito Federal, las opiniones de especialistas en el fenómeno de la delincuencia juvenil y las imágenes del cautiverio de los jóvenes.
Sobre diversos temas que se tratan en el libro Replicante sostuvo una charla con los autores, en la que se abordaron desde los problemas para realizar el libro hasta las perspectivas de futuro de los jóvenes.
Loza estudió periodismo en la UNAM, y ha recibido un par de menciones honoríficas en el Premio Nacional Rostros de la discriminación y también en dos ocasiones ha sido seleccionado en la Bienal de Fotoperiodismo de Cultura y Espectáculos. Ha sido fotógrafo de Cuartoscuro y El Universal, y actualmente es editor de fotografía de Emeequis.
Padgett estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la UNAM y fue becario de investigación en el programa Prensa y Democracia, de la Universidad Iberoamericana. Autor de dos libros anteriores, fue reportero de Reforma y actualmente de Emeequis. Apenas el pasado 28 de marzo pasado recibió el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, del que en 2010 había obtenido una mención honorífica. Otros premios que ha alcanzado son los siguientes: en dos ocasiones el Nacional de Periodismo; el Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez; el Iberoamericano de Periodismo Joven; el Nacional Rostros de la Discriminación, y el de la Federación Internacional de Periodistas, entre otros.

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué escribir publicar un libro como el suyo?, ¿por qué este tema?
Humberto Padgett (HP): Porque en general la atención que se le ha dado al narcotráfico y en general a la cobertura del crimen organizado está más relacionada con el aspecto policiaco, y se dejan de dar algunas explicaciones que nosotros creemos importantes para decir qué es lo que está pasando.
Nosotros pensamos que los hechos no ocurren en la nada, que no son elementos aislados los que te colocan en momentos emergentes, como el que un muchacho de 14 años en Morelos asesine con la violencia y con la crueldad con que se dijo en un abordaje muy oficialista y que a veces se decantaba hacia una posición más amarillista y de asombro, como si ese muchacho hubiera nacido en otro planeta, cuando es consecuencia de una serie de procesos sociales, económicos y políticos complejos que nosotros intentamos explicar a través de los especialistas pero, sobre todo, a partir de los contextos e historias de vida de los chavos con los que nos involucramos para poder hacer Los muchachos perdidos. En ese sentido, son ellos los que dicen por qué las instituciones no son algo que para ellos sea representativo de sus propias vidas, por qué las alternativas que se han planteado como únicas valederas para el ascenso social, como la educación y el trabajo legal, no se convierten en posibilidades para que ellos alcancen sus aspiraciones. Aquí hay un problema aspiracional, pero al mismo tiempo también el fenómeno propio del crimen organizado como el hecho social contemporáneo más relevante en México; la conjunción de estos elementos es lo que nos permite decir “esta es una generación en riesgo de perderse”, y es a lo que alude nuestro libro.
Eduardo Loza (EL): Al final también son historias de chavos, de esta parte de los jóvenes que también existen, de los que están en las correccionales a fin de cuentas; muchos otros andarán en la calle delinquiendo, pero también hay que conocer su vida.

AR: ¿Cómo se hizo el libro? ¿Cuáles son las principales dificultades que enfrentaron para hacer su investigación?
HP: Encontrar funcionarios públicos excepcionales que estuvieran dispuestos a abrir las puertas a cambio de nada; es decir, que el asunto no pasara a favorecer su agenda propagandística sino convencerlos y que ellos estuvieran al tanto que lo que queríamos hacer es periodístico y a final de cuentas socialmente correcto: darle voz a un grupo social que nunca la ha tenido, que siempre ha sido estigmatizado y que se ha planteado siempre en clichés, como el de que el joven tiene, por esencia, proclividad a la delincuencia, y más si esa juventud se desenvuelve en medio de la pobreza.
No es tan sencillo; entonces, el primer asunto fue convencer a las autoridades. Ya estando en las correccionales, detectar a los chavos y hacer una selección que fuera lo suficientemente representativa de lo que nosotros queríamos describir; luego, plantearles la idea a los chavos y convencerlos de que el resultado del compartimento que ellos nos dieran de sus vidas sería tratado con respeto, con absoluta honestidad, y que nada se haría a espaldas de ellos.
El siguiente asunto tuvo que ver con el tono: no hacer apología del delito, por un lado, y, por el otro, no ponernos a realizar juicios morales sobre los hechos de su vida, sino plantearlos de tal manera que el lector llegara a los juicios que considere pertinentes si esa es la intención de quien lea Los muchachos perdidos.
En el aspecto fotográfico, Lalo asumió un reto complejo que creo él te puede decir.

AR: Sí, porque a veces es más fácil convencer a las personas de hablar que de dejarse fotografiar.
HP: Hago un paréntesis: otro reto fue asumir que en una sola obra desarrollaríamos dos discursos distintos y que ninguno estaría sometido al otro. El reportaje escrito tendría su propia vida, y el ensayo fotográfico tendría su propia dinámica, en un esfuerzo de, por lo menos, plantear una alternativa, no sé si rechazar la propuesta generalizada de los editores de que la imagen quede sometida al texto. Nosotros dijimos “No”, y lo hicimos desde el principio.
EL: En los primeros acercamientos con los chavos teníamos nuestras reservas para con ellos y cómo iban a reaccionar ante la cámara; sí era un problema, al menos yo tenía como un temor de cómo lo iban a tomar. Al final, ellos fueron superparticipativos. Lo hemos platicado, y concluimos que son chavos a los que les gusta salir en las fotos, en grupos o individualmente.
Accedieron muy bien. Fue esto que decía Humberto: nada es a escondidas; ésa fue una de nuestras premisas. No hay una sola foto que haya sido tomada a escondidas, no hay una sola letra de Humberto que haya sido obtenida por engaño, ninguna declaración de los chicos llegó con nosotros por una treta que les planteáramos. Siempre la cámara estuvo a la vista; este fue el sentido de realizar la investigación de manera honesta. En el momento en que llegamos con ellos y nos dimos cuenta de que estaban reaccionando muy bien a la cámara, dijimos: “Uta, está increíble”. Ellos mismos nos invitaron a sus espacios, a sus dormitorios, nos permitieron tomarles fotos en sus talleres e incluso ya en sus cuerpos, en sus momentos o espacios más íntimos, como cuando se abrían quitándose las playeras para mostrarnos sus tatuajes y sus marcas.
Ese fue un reto para los dos cuando estuvimos en el campo con ellos. Ese acercamiento fue maravilloso, y fue lo que nos dejó concluir un proyecto planteado con una dificultad evidente para todo periodista, pero pues creo que se logró bien. Al final, aquí está el resultado.
HP: Lalo no lo dice, pero trabajó también, y desde el inicio, con la decisión de que no habría artificios ni fuegos artificiales. Creo que son dos ideas cercanas, pero en realidad pudieran tener sus distancias, al menos en sus perspectivas. No entró con luces, no los puso en la media sombra para que se desdibujaran y empezaran a diluirse en la oscuridad, como en esa clase de dramatizaciones: la realidad ya es muy dramática.
En ese sentido, también fue un reto que el texto estuviera desprovisto, lo más posible, de figuras literarias, y que en el lenguaje estuvieran siempre presentes ellos mismos, porque también de eso están hechos, de una manera de nombrar las cosas y de relatar sus vidas; las palabras, que no buscamos, fueron las que ellos decidieron utilizar para expresar su existencia y sus experiencias. Entonces, ese fue el otro rollo: el respeto a su lenguaje como una reivindicación de su existencia.

DUALIDADES Y CONTRADICCIONES
AR: Pero hay un choque entre los textos y las imágenes: los primeros son historias duras, a veces terribles, y las segundas son muy limpias. ¿A qué se debe esto?
EL: Es que al final eso es lo que existe allí adentro. Hay un contraste entre las historias particulares de los muchachos, con los espacios. Es cierto eso que tú mencionas: sí son lugares limpios, todos los que hay en las correccionales lo son, y los chicos también. Son muy aseados, cuando menos se bañan una vez al día, si no es que dos o tres, y tienen la ropa limpia.
Sí hay ese contraste, pero tiene que ver también con dos cosas: con el estigma que tenemos para con la gente que está recluida, y otra con las cárceles para adultos, que es donde sí vemos que hay problemas con los hacinamientos: cuando caminamos por los pasillos de los dormitorios de las cárceles para adultos, se ve mucha ropa colgada en las rejas, y están los relatos de los reclusos mayores de edad que cuentan que en las noches pasan las cucarachas por encima de ellos que cuando están dormidos en el piso, y otros duermen amarrados a las rejas.
En estas fotografías hay color: están las mantas de Winnie Pooh y del Hombre Araña, las que allí conviven con el altar a la Santa Muerte y el altar de san Judas. Hay una mezcla de cosas que al final creo que es lo que hace más rico todavía este tema. Tenemos historias de chavos asesinos, pero a los que de pronto ves jugando…

AR: Hay también imágenes de sus talleres, en el patio…
EL: Sí, de varios talleres, de sus actividades deportivas, sus dormitorios y algunos retratos particulares; había algunos que se juntaban para que les tomáramos una foto en grupo, y a muchos de los entrevistados les hacíamos un retrato.
Pero sí es cierto este contraste de color con sus vidas propias.

AR: ¿Y tú cómo ves esto, Humberto?
HP: Es una condición dual y contradictoria todo el tiempo: sí es el niño asesino que tiene en su cama, en su “tumba” (como ellos todavía les dicen porque son losas de cemento con un colchón encima) a Spider Man. En este caso específico, es el pequeño que a los 16 años tenía 18 homicidios. Esto te habla de la dualidad, de que aún sigue siendo un niño, que no se desprende todavía de eso, y en su espalda tiene, en un lado, un ángel, y del otro el ala de un demonio.
Otro elemento contradictorio es cómo estos chavos se encuentran en reclusión (al menos aquí en la Ciudad de México), pero por primera vez dotados de una serie de derechos una vez que pierden el derecho a la libertad: adquieren el derecho a alimentarse tres veces al día, tienen acceso a la salud y a la educación, e incluso tienen derecho, como decía Lalo, a bañarse hasta tres veces al día, cuando vienen de colonias en donde pueden pasar meses sin que de la llave de la regadera de sus casas aparezca una gota de agua.
Entonces sí, es una dualidad que es siempre, en ese sentido, igual. Es lo que nosotros podemos interpretar y podemos sentir; es qué tanta contradicción puede haber en la idea de un hombre que piense a su hijo de cinco años asesinado por una inyección de ácido para batería de carro en el corazón, y cuál podría ser la impresión e idea de ese hombre sobre que su hijo adolescente asesinara de esa manera a otro niño.
Entonces, en ese sentido es un trabajo que busca asomarse a todas las contradicciones de lo que somos.

REINSERTAR EN UN PAÍS CON LAS MISMAS DEFICIENCIAS
AR: ¿Buscaron el testimonio de alguna de las víctimas de los actos de estos muchachos que están en la correccional?
HP: Metodológicamente nos circunscribimos a chavos que fueron acusados y que están sentenciados, y que además de estar sentenciados admitían el delito que se les imputa. La excepción es un asunto en el que abordamos la mala condición del sistema judicial que opera contra un muchacho que, según nosotros entendemos, es inocente, pero que, a través de un proceso viciado que relata su propia madre, es culpable. Entonces, es víctima, en el sentido de tu pregunta, de un sistema que también es caduco, y que hace muy poco, además, por entender a estos chavos, al igual que los sistemas educativo, laboral o político.

AR: ¿A cuántos centros fueron para realizar este trabajo? ¿En todas hay buen trato?
HP: A todos los que existen en la Ciudad de México, que son el Quiroz Cuarón, San Fernando, Periférico, Periférico II y Niñas. Son cinco, y en ellos hay buenas condiciones pero no necesariamente buenos resultados, y creo que esa es una diferenciación que hay que hacer.
Estos chavos finalmente regresarán a un barrio en el que se les exigirá que vuelvan a ser lo que eran antes de irse, y a una ciudad y a un país en el que se encontrarán con las mismas deficiencias laborales y educativas, que se hallarán de nuevo con las circunstancias de que el consumo es la medida del éxito y en las que la violencia es cada vez más un vehículo para poder ostentarse como exitoso.
Ésa es una condición: tenemos al “Farías”, que es un chavo que nosotros incluimos en el libro por su condición de multireincidente, como un chavo que finalmente llegaría a una cárcel para adultos porque no tenía otra manera de poder hacer las cosas; ya tenía un daño mental evidente, relacionado con su consumo de drogas pesadas durante la mayor parte de su vida, y que cuando llegara a la prisión para mayores le tendría que ir mal por la manera en que allí se vive. Finalmente lo que pasó con “El Farías” es que murió; otro ejemplo es Christopher, “El Ligas”, quien era el estandarte de que el sistema podría ser efectivo y reinsertar al menos a uno de estos chavos, pero murió.

AR: Pero en un accidente de motocicleta.
HP: “El Eso”, que pertenecía a una banda de asaltantes a cuentahabientes, está en prisión, y así puede haber otros ejemplos del estilo. A lo que me refiero es que a este paréntesis en la vida de estos chavos, y al esfuerzo (que creo honesto) que hacen la mayoría de los funcionarios públicos que en estos momentos los están atendiendo, los trascienden las condiciones del país. El problema está, pues, más allá que enfocarse en los chavos que están en reclusión. El esfuerzo debería ser dirigido, y no vemos que esté siendo así, a los chavos que están en libertad y que viven en los barrios populares de las ciudades.

AR: Pero en el libro hay un par de casos que van en sentido contrario: el de Sergio, quien mató a la amante de su padre, y que, como mencionan ustedes, podría estar en la preparatoria de paga; el otro es el de “La Nena”, quien tenía afecto y oportunidades en la vida, y que prefirió irse al narcomenudeo. ¿Qué nos dicen estos casos que no están vinculados con la pobreza?
HP: Sin que ellos se hayan relacionado entre sí en libertad y seguramente no lo harán en reclusión y después de ésta por sus trayectorias de vida, tenemos que hay chavos que descomponen su perspectiva de vida y las expectativas sociales que sobre ellos hay porque venden drogas; el problema es que hay chavos vendiendo drogas a chavos, y es una situación complementaria, “sinérgica”, como se diría ahora.
La Nena”, efectivamente, no tenía razones para delinquir; pero es una chava que, pensamos, muestra cómo esta posición actual de la economía basada en que el éxito reside en la ostentación de la riqueza da como resultado que una chica completamente consciente del daño que ocasiona vendiéndole drogas (las que, como ella dice entre paréntesis, “afortunadamente yo nunca utilicé”) a otros chavos con el propósito de acumular riqueza. Ella sí tenía una relación más activa con el delito.
En el otro caso hay dos condiciones: una, que es un muchacho que experimentó (dice él) por primera vez con las drogas, y que tuvo en ese momento un brote sicótico; otra, lo que los neurocientíficos encontraron es que hay chavos que, independientemente del medio en que se han desarrollado, tienen propensión al delito y, sobre todo, a la violencia en que se hayan desarrollado, en una ausencia total de empatía.
El libro pretende ser multidisciplinario en ese sentido: tenemos la voz del antropólogo, del sociólogo, del administrador público y también de la persona que desde la neurociencia dice: “Hay chavos que, además, tienen esta condición y que posiblemente no estemos atentos a este fenómeno está también ocurriendo, y parece ser que es el caso de Sergio”.
Parecieran ejemplos, a su vez, diferentes por los propósitos y por las condiciones de vida de cada uno, pero que se vuelven complementarios. Esta chica está allí porque vendía droga, y este chico, se entiende, porque la consumía.

AR: Se habla mucho del asunto de la pobreza, pero hay otro aspecto tan o más fuerte que es el aspecto aspiracional; en el libro se dice que de los muchachos recluidos “sólo la quinta parte admitió que empezó a robar por necesidad”. Como también se lee en el libro, varios de ellos declaran que querían tener el pantalón de moda, el celular, los tenis de marca, “naves, dinero, vicio”, el Rólex, los tequilas, el whisky. ¿Cómo se vincula la situación de pobreza con la aspiración del consumo e incluso del prestigio social?
EL: En la mayoría de los casos los chavos son del barrio, y tienen esta condición económica de pobreza; pero también en los barrios los niños van creciendo y observando a ese vendedor de droga adulto que lleva muchos años en el negocio, o a ese ladrón “exitoso” que roba en grande, y que cohabitan en su colonia con los chavos. Ése es precisamente uno de los factores que tienen estos jóvenes: van creciendo y van viendo que aquéllos sí la armaron, no como, muy probablemente, sus padres, quienes tienen un trabajo honesto y que con el salario que ganan no les alcanza para mucho. Pero sí ven a estos vecinos que van ganando más dinero, que tienen una camioneta, que son los héroes de la cuadra, y pues seguir ese ejemplo es lo que al final les da dinero, que los puede hacer conocer un poco más el mundo y empezar a ser los ejemplos del barrio y los héroes a seguir; ya no se diga de aquellos que ven en la tele, como “El Chapo” Guzmán y ese tipo de delincuentes muy famosos que, a todas luces, son millonarios.
Tiene que ver la condición de pobreza, pero también este rollo aspiracional de llegar a ser como aquéllos para tener este tipo de cosas: la ropa de marca, la camioneta. Alguno de los chicos nos contó cómo quisiera tener una tumba cuando muera, y que la banda esté tocando allí.
HP: Ninguno quiere ser como Felipe Calderón; si acaso, lo que nos dicen es que quieren ser como “El Chapo”. No existe esa otra figura que haga un contrapeso supuestamente positivo, porque de los políticos tienen, además, una idea si tú quieres básica, estereotipada pero difícil de contradecir en la práctica: que la verdadera rata está en la política. Lo que ellos hacen es, de alguna manera, llegar al permiso que les valida tener el comportamiento delictivo y todos los beneficios que en este país ofrece la impunidad.
Ése es otro aspecto: la facilidad que tienen de poder hacer todo lo que hacen sin que haya un castigo. A todos estos chavos les pregunté si tenían alguna relación o que hubieran sido antes detenidos (antes de la detención que los tenía presos en ese momento), y si habían tenido algún acuerdo corrupto con algún policía o con algún juez, y todos dicen que no. Uno de ellos dice: “No, yo no trabajaba con la Policía porque en ella no puedes confiar. Ésa es la que te sabe el corrido y cuando tiene necesidad de presentar a alguien, te agarra, te presenta y ya te chingaste”. Es decir, la Policía ni siquiera es confiable para delinquir de su mano.

EL CHAPO” GUZMÁN COMO PARADIGMA
AR: Hay una frase de Alonso Lujambio, entonces secretario de Educación Pública, con la que ustedes polemizan, que es que el ingreso a la delincuencia es una elección. Ustedes dan datos del bono demográfico, el que en lugar de ser aprovechado lo estamos viviendo como desgracia por la cantidad de jóvenes que ni estudian ni trabajan, que, según la cantidad que aportan, es de ocho millones de jóvenes. ¿No hay siquiera una parte de elección en los jóvenes para integrarse a la delincuencia? De otra manera, ¿no tendríamos a muchos más jóvenes dedicados al crimen?
HP: Nosotros nos colocamos en el extremo del extremo, y tenemos chavos que no sé si en el discurso de Lujambio hayan sido considerados como personas que desde la primera infancia tuvieron contacto con la violencia intrafamiliar; resulta que los mexicanos nos decimos asombrados con el grado de violencia que ejercemos en contra de nosotros mismos cuando, según cifra oficial, al menos en 60 por ciento de las familias mexicanas se ejerce la violencia intrafamiliar.
Yo no sé si Lujambio haya estado en condiciones de decir lo que dijo cuando afirmó que era una opción moral incursionar en el crimen, si atendemos a que estos chavos, al menos los que están en este extremo, tuvieron relación con las cárceles desde antes de que les imputaran algo porque allí iban a visitar a su padre, a su madre o a ambos. Yo no sé si Lujambio estaba pensando en la declaración de Ernesto Cordero cuando dijo que una familia mexicana vive con seis mil pesos mensuales; yo no sé si Lujambio estaba pensando en que estos chavos van una y otra vez viendo publicidad por la vida en que se les dice que la reivindicación de su existencia está dada en la “trocota” tremenda, en la mujer de tales características, en conocer el antro que está de moda que está en Acapulco, cuando la expectativa salarial de esos chavos es de dos salarios mínimos.
Es decir, habría que tratar de entrar en el razonamiento de por qué Lujambio dijo lo que dijo; en esas mismas circunstancias un subsecretario de Gobernación (el que murió en la caída del helicóptero con Francisco Blake Mora) había dicho que no había jóvenes insertados en la delincuencia organizada. Me parece lastimoso.
Tenemos que el 60 por ciento de la población penitenciaria del país tiene menos de 30 años, y que se ha duplicado el número de arrestos de jóvenes relacionados con delitos contra la salud. Si pudiéramos meternos al análisis estadístico (y digo “si pudiéramos” porque no son cifras que la Procuraduría General de la República, el Sistema Nacional de Seguridad Pública o la Policía Federal estén en condiciones de dar), te daría para saber a que quinquenios poblacionales pertenecen los 50 mil muertos admitidos en lo que va de la actual administración; pero creo que nos encontraríamos sí o sí con que son jóvenes menores de 30 años la mayoría de ellos, sin duda.
Nos deberíamos poner a pensar en el dicho de Lujambio cuando tenemos que discernir si su discurso propagandístico le da razón a esta estrategia anticrimen que se basa en la idea de que “las drogas no lleguen a tus hijos”; bueno, pues tenemos que se duplicó el consumo de mariguana y cocaína, tenemos más poliadictos (es decir, cada vez más personas consumiendo dos o más drogas ilegales al mismo tiempo) y que se ha disparado también el consumo entre la población joven.
Creo que el señor Lujambio era heredero de la silla que ocupó José Vasconcelos, ni más ni menos. Es que se nos olvidan estas cosas. No hubo ningún muchacho que nos dijera “quiero ser como Lujambio”, y todos nos decían que querían ser como “El Chapo”.

AR: También observo la historia del “Moreno”, un muchacho que delinquía, se enamoró, lo ayudó la familia de su novia y estaba recuperado; pero un día se encontró a un viejo amigo, quien le dijo: “¿Mil pesos en una semana, pudiendo ganar 30 o 40 varos en un día?”. ¿Cómo se compite contra eso? Ningún sistema educativo te da para eso.
HP: Que no necesariamente le estaban diciendo la verdad al “Moreno”, porque hay chavos que matan por 200 o 300 pesos, por nada. La gran minoría de los casos terminarán como “El Chapo” Guzmán; pero la absoluta minoría de esos chavos terminarían como Emilio Azcárraga, como Carlos Slim o como Ricardo Salinas Pliego. No hay manera de competir.
Reiterando: son chavos defraudados en ambos mundos, si los quieres distinguir no de acuerdo al principio de la ley, sino al principio de la aplicación de la ley, que son cosas diferentes.
A estos chavos, además, ¿quién les va a llorar?, ¿quién se va a preocupar por ellos? Decíamos: “Hay chavos que les venden drogas a chavos”, y también podemos decir: “Son chavos matando a otros chavos”. ¿Cuál es la respuesta que después de tres años tiene la mujer que confrontó a Felipe Calderón en Juárez, y que le dijo: “Ustedes dicen que mis hijos eran delincuentes; si hubieran asesinado a los suyos estaría buscando a los asesinos debajo de las piedras”?

AR: Y aunque hubiesen sido delincuentes, tendrían que buscar a sus asesinos…
HP: Sí, claro, es un principio de legalidad y de certeza. ¿Por qué un chavo puede aspirar a hacer una carrera técnica? Tenemos el sistema educativo mexicano, que está atendiendo a alrededor del 27 por ciento de su población en nivel superior, que es cada vez más insuficiente, lo sabemos; el compromiso de Calderón era de que terminaríamos con el 30, a través de las universidades técnicas. Okey, tú pregúntale a un chavo: “¿Te late una vida en que estés haciendo todos los días de tu vida lo mismo en una maquila, en una situación seudoprofesionalizada, ganando tres mil pesos mensuales?”. Es difícil que un muchacho admita esto.
Ahora, también hay una idea romántica y cursi de ellos acerca de revestirse de todos los símbolos de poder que la delincuencia organizada da. Ve las imágenes de las personas que resultan ejecutadas, los narcomenudistas que son asesinados por el cártel contrario, y te vas a dar cuenta de que tampoco es así; o sea, no se defiende esa propuesta criminal sino lo que tratamos de explicar es porque los jóvenes son tan lábiles ante esa propuesta.

AR: También hay algunos casos en los que ves cómo se comportan las familias de estos jóvenes: señalas que hay personal de las correccionales intentando convencer a los familiares para que no pasen drogas, por ejemplo; hay otra historia en donde dices que al principio los familiares se espantan porque sus chicos entraron a la delincuencia, y que después terminan hasta dándoles la bendición cuando salen a “trabajar”. ¿Qué nos pueden decir de las actitudes de las familias al respecto? Por ejemplo, cuando ven que la hermanita ya trae zapatos nuevos.
EL: O que ya hay un refri y una estufa en la casa. Ese es un fenómeno que se libra muy rápido en las familias: las madres, los padres se dan cuenta de que está llegando dinero a la casa, que al final es un adolescente del que ya no le está costando la escuela al papá, que ya no podía pagarle los pasajes y los libros, aunque sean escuelas de gobierno. Las carencias empiezan a verse cubiertas en muchos sentidos. Son chavos que empiezan a llevar mil, dos mil pesitos, y de pronto empiezan a ganar más dinero por hacer más trabajos de ese tipo. El papá al principio se molesta, pero después pues se encuentra con que están resolviendo cosas inmediatas: la comida, el vestido, los enseres en la casa…
Eso es muy común: lo vemos en todos los barrios, en la ciudad y, seguramente, en el país. Se están resolviendo problemas económicos de inmediato. Ésa es una parte muy importante.
Las familias, después, generalmente apoyan a los chavos cuando caen en la “corre”, aunque algunos otros son olvidados porque estaban solos en la ciudad. Los que vienen de familias, al final los padres saben que van a regresar: la pena máxima para los menores de edad en el Distrito Federal es de cinco años, hayan hecho lo que hayan hecho. Entonces, al final es un asunto solidario, al final, y que hace que las jefas, sobre todo, estén yendo a llevarles alguna cosa en la visita.
Pero al final, lo que hemos visto cuando salen los chavos, como decía Humberto, es que son reclamados por el barrio y por la necesidad. Por eso, desgraciadamente en la mayoría de los casos de estos chicos su futuro es salir de la correccional para ingresar al poco tiempo a las cárceles para adultos.
HP: Hay situaciones, algunas admitidas por el gobierno: las remesas que envían los mexicanos que están en Estados Unidos (que están en supuesta recuperación) ascienden a entre 22 mil y 23 mil millones de dólares anuales, como reconoce el gobierno, y que sí funcionan para algunas comunidades y para resolver algunos asuntos inmediatos, como pagar escuela y salud.
Lalo y yo lo hemos visto porque hemos trabajado juntos el tema de migrantes. Hemos trabajado también el asunto de la pobreza urbana y conocemos desde adentro los barrios más pobres de la Ciudad de México. Éstos no son chavos que necesariamente vengan de la pobreza alimentaria, que son personas que viven de la calle, como allí aclaramos. En aquellos barrios el medio de vida es el comercio informal, y en él tenemos al menos 12 millones de personas; el gobierno dice: “Sí, sin el comercio informal estas personas no la harían”. Según el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el narcotráfico mexicano genera ganancias, solamente en Estados Unidos, de 30 mil millones de dólares, más que las remesas. ¿Dónde está ese dinero?
¿Existen beneficios sociales inmediatos en las familias que tienen ingresos por esta vía? Necesariamente sí. Esto es algo que no se reconoce, pero quítale esos 30 mil millones de dólares a ese ingreso total que tiene el narcotráfico, y en consecuencia sus familias, y yo no sé qué pasaría.
Hay distintas maneras de ver el asunto, pero están la historia inmediata y el número macro, que coinciden en decir: “Sí se resuelven algunas cosas”; pueden ser algunas bastante pueriles, como tener 200 pares de Converse. Pero no hay un juicio moral sobre este asunto; o sea, efectivamente “La Nena”, con el resultado de la venta de “piedra”, no le estaba ayudando de ninguna manera a su familia o al hermanito para que dejara de vender chicles, o esas cosas. Lo que también te dice esa historia, más allá del cuestionamiento moral que es algo en lo que nosotros no nos entretenemos, es en el rollo de cómo se construyen esas vidas a través de la aspiración.

NO HAY OPCIONES
AR: ¿Conocen la situación de otras correccionales en el país e incluso a nivel internacional, para establecer alguna comparación con el DF?
HP: En el norte están peor, y lo que tenemos en otros países que tienen situaciones económicas más equilibradas es que los chavos son sancionados de manera más grave más al principio de sus vidas. Tenemos antecedentes en Australia, en Inglaterra y en Estados Unidos de sentencias que se les dan, como si se tratara de adultos, a niños de 10 años o menos.
Lo que vemos es que entre más equilibrada sea una economía, más tiende a este tipo de fenómenos. ¿Por qué países emergentes que tienen una muy inequitativa distribución del ingreso, como Rusia, México y China (en ese orden), tienen, a su vez, los grupos criminales organizados más poderosos del mundo? ¿Por qué en Estados Unidos también ocurre el problema? Es el país más rico del mundo, pero tiene, a su vez, 50 millones de pobres, la sexta parte de su población. Entonces, estos chavos son resultado de situaciones de economías altamente desequilibradas.

AR: ¿Conocen algún caso de éxito de alguno de los muchachos que conocieron en la correccional?
HP: Lo buscamos; le pedimos a la autoridad sólo uno…
EL: No, no lo tienen. Christopher, “El Ligas”, era el prototipo. Ateniéndonos a la versión, nosotros platicamos con su madre, y nos dijo que él estaba de verdad tratando de acomodarse bien en la economía formal, pero no lo logró por un accidente, a fin de cuentas. Al final la calamidad es terrible; a la mejor los otros chicos pierden la vida en una balacera, pero Christopher murió en un accidente de moto. Él era el caso emblemático de éxito que tenían las autoridades.
HP: Nos decían que un valet parking por allí… Bueno, teníamos un chavo que jugaba futbol americano y por su talento había sido identificado por los visores del Tec de Monterrey para que se incorporara a alguno de sus equipos con la beca más alta. Y esa parecía ser la gran historia del éxito, porque en realidad era un cambio de mundo. Entre la realidad del barrio de Iztapalapa y la partida hacia un mundo en el Tec de Monterrey, pareciera ser que ese solo talento le daba entrada a una especie de pasadizo dimensional en el que abandonaba el quinto mundo y se internaba en el primero, allí donde las mediciones de la ONU dicen que hay pedazos de México donde se vive como en Alemania, Suiza o Inglaterra.
Aquel chavo era esa promesa; salió libre y tenía que continuar su tratamiento en externación, yendo a visitas con el sicólogo, a terapias familiares y grupales; pero en algún momento dado desapareció, hasta que lo encontraron y le dijeron: “Oye, ‘Nopal’ (así le decían), ¿qué onda, cabrón? Está el banquete servido”. Dijo: “No, no quiero, no encajo, no me gusta el mundo”. Y está preso en una cárcel para adultos. No quiso hablar con nosotros. Poco después de que lo intentamos, abandonó por completo todo contacto con las autoridades y llegó a la “grande”, en un mundo que medio conoce, en el que también hay criminales, en el que se vive el día a día con la posibilidad real de que va a ser el último, a diferencia de las prisiones para chavos.
A final de cuentas, la conclusión, más allá de las anécdotas y de los ejemplos específicos, es que nosotros encontramos que la falta de recuperación no está en los individuos sino en el grupo social que en este momento debería estar sacando al país del marasmo económico en el que se encuentra, pero no es así.
Bajo esta ruta, los muchachos perdidos de este momento serán, dentro de 30, 40 o 50 años, los viejos perdidos de entonces.

AR: Hay una cita de Héctor Castillo Berthier en donde éste dice que “se trata de jóvenes encabronados” por la falta de oportunidades. En otra parte del libro otro especialista dice que no tienen inquietudes políticas, y menos por cómo es la política de este país. ¿Cómo canalizar ese enojo?
HP: Te respondo con una pregunta de compa a compa: ¿y cuáles son las opciones? Lo qué decíamos: van a regresar y los va a estar esperando el hermano del chavo al que mataron, y si logran matarlo, habrá un hermano menor que irá a buscar al otro, y así se irán acabando. Lo decía con mucha claridad Óscar Galicia: como si les estuviéramos dando opciones, cuando no se las estamos dando.
EL: No hay opciones, y pues, como ya se ha dicho, si no vamos a mejorar o a hacer óptimas las condiciones económicas y educativas de este país para beneficio de su sociedad, pues está perdido el futuro; sí es fatalista, y a mí no me gusta que concluyamos en ese sentido, pero es que no hay otro. A fin de cuentas, son las señales e indicadores que tenemos. Sí puede ser que nuestros muchachos estén perdidos.


*Entrevista publicada en Replicante, abril de 2012.