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sábado, julio 10, 2021

Los Zetas, el terror como modelo de negocio. Entrevista con Juan Alberto Cedillo*

 


Los Zetas, el terror como modelo de negocio

Entrevista con Juan Alberto Cedillo*

Ariel Ruiz Mondragón

 

Una de las más terribles bandas delictivas que han actuado en el país es la de Los Zetas, los militares del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales que fueron reclutados por el Cártel del Golfo para que fueran su brazo armado y que terminaron por convertirse en otra poderosa organización criminal.

Un esfuerzo por relatar los orígenes, el ascenso, el auge y la caída de ese grupo se encuentra en el libro Las guerras ocultas del narco (México, Grijalbo, 2018), de Juan Alberto Cedillo, quien, a partir de los testimonios que varios integrantes de Los Zetas rindieron en cortes de Estados Unidos, así como de archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), documentos en WikiLeaks y de su propia experiencia como reportero en el norte de México, hila la historia de la banda criminal que impuso un modelo de negocio y pretende documentar lo que el autor llama “el fenómeno de la narcoinsurgencia”, que sigue vigente en varias partes del país, entre ellas Ciudad de México.

Cedillo (Ciudad de México, 1954) estudió Historia en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Corresponsal de Proceso y de la agencia EFE, es autor de cinco libros, con uno de los cuales, Los nazis en México (Debate, 2007), obtuvo el primer Premio Debate de Libro Reportaje.

 

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué relatar el surgimiento, apogeo y caída de Los Zetas?

Juan Alberto Cedillo (JAC): Es una historia que se ha contado desde varios ángulos; uno de ellos es que en México la principal información para conocer el narcotráfico proviene de la perspectiva del oficialismo. El gobierno es el que crea la narrativa y la captura; pero a mí esa visión es la que menos me interesó para escribir el libro.

Para este libro tuve la suerte de estar en Texas en por lo menos cuatro juicios, donde pude oír a los capos que estuvieron directamente implicados, quienes fueron capturados en México, extraditados a Estados Unidos y que participaron como testigos de la Fiscalía para contar sobre algún otro capo. Narraron sus historias de cómo operaron, cómo se pelearon, cómo traficaban la droga, de qué forma capturaron las ciudades, detalles de cuánto ganaban, en qué  gastaban, etcétera. Es la historia contada por ellos mismos, lo cual le da un valor diferente porque no es lo mismo que ellos te la relaten a escucharla de otros.

Cabe una pregunta: ¿cómo se podría saber si mienten ante un jurado cuando ellos son testigos del gobierno de Estados Unidos, con la promesa de reducción de condenas si dicen ciertas cosas? Porque entre nosotros ese asunto de jurar por la verdad como que no nos lo creemos.

¿Cuáles fueron los filtros para saber si era verdad? Primero, lo más importante es que yo cubrí estos asuntos durante 10 años, por lo que tenía la visión de qué y cómo habían ocurrido, y así podía darme cuenta si estaban mintiendo. La otra es que la investigación está respaldada en documentos de WikiLeaks, que son todo lo que el gobierno de Estados Unidos dejó allí, y en declaraciones ministeriales.

Las versiones oficiales son las que menos me interesan porque siempre están inclinadas a favor de un cártel por complicidad o por incapacidad. Entonces me metí al archivo histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional, y de allí saqué los perfiles de cada uno de los capos. Así pude saber que, en general, los testimonios son creíbles en un 90 por ciento; se equivocan en direcciones y fechas, pero cuentan muchos otros detalles.

 

AR: Hablas de las raíces socioeconómicas de lo que llamas la narcoinsurgencia de Los Zetas, y mencionas, por ejemplo, el Tratado de Libre Comercio (TLC). ¿Cuáles son los grandes factores que desataron la delincuencia y la violencia de esa banda?

JAC: Fíjate que es un asunto muy complejo para poderlo evaluar en toda su dimensión. Es más, no creo que haya una sola persona que pueda analizar las condiciones que provocaron que de repente México se viera en donde está. Si queremos simplificar le quitaríamos la riqueza a este fenómeno social.

Lo que te puedo decir es que se cocinó en los últimos 30 años; influyeron factores económicos, por ejemplo el cambio de modelo económico, por el que el Estado abandonó el sentido social que tuvo durante muchos años y le quiso dejar al mercado la atención a sectores sociales desfavorecidos.

El TLC es fundamental porque nos impuso el criterio de que íbamos a ser mano de obra barata para las empresas que se quisieran establecer aquí; entonces ahora México es el país de América Latina con el peor salario del continente, solamente arriba de Haití, porque hasta en Guatemala se gana mejor que aquí, lo cual es un factor que agudiza la injusticia social.

Así también podemos encontrar factores como la cultura: a los sinaloenses les gusta la adrenalina, las botas, las camionetas de doble cabina, a los buchones les encanta el whisky. Hay elementos familiares, como que la crisis económica obligó a ambos padres a trabajar, por lo que los niños ya no son educados por ellos sino por la televisión y la calle.

Hay factores como la democracia…

 

AR: Mencionas a alcaldes timoratos que no tenían el know how de los corruptos priistas…

JAC: De cómo esos corruptos priistas podían tener bajo control al crimen organizado porque formaban parte de él o porque sabían cómo manejarlo: por ejemplo, tenían un policía corruptazo que decía que devolvieran un camión robado porque se lo habían quitado al superrico, y a ese no se le podía tocar. Siempre había controles.

Cuando llegaron los alcaldes timoratos del PAN, que no tenían ni la menor experiencia, el crimen organizado se les montó e impuso la agenda. Incluso hay municipios, en Tamaulipas y en otras partes, a los que les quitan el 10 por ciento del presupuesto.

Para concluir: son muchos los elementos de este fenómeno social que cambió el rostro del país y que va a tener que ser investigado desde perspectivas sociológicas, económicas, políticas y culturales.

 

AR: Otro cambio que hubo fue la llegada de los militares a la Policía Federal…

JAC: El inicio de todo…

AR: … que dices que cambió el rostro del país, el comienzo de una edad oscura. ¿Qué pasó entonces con el combate a la delincuencia organizada? ¿Había otra salida? Porque lo que existía eran, como dices, policías corrompidas.

JAC: Durante muchos años el combate al narcotráfico era campo de la Procuraduría General de la República (PGR), que en un momento dado desapareció y entraron el Ejército y la Marina. ¿Por qué desapareció? Porque todo mundo sabía que la PGR era parte del crimen organizado. Hablamos de principios de los años 2000.

A Estados Unidos siempre le ha preocupado que las drogas lleguen a su nación: quieren resolver su problema de drogadicción mediante el freno a las drogas fuera de su país, por lo que intentan imponer los criterios del combate al narcotráfico en otros países. Sabían que la Policía Judicial Federal (la más responsable del asunto y que dependía de la PGR) estaba infiltrada, por lo que decidieron experimentar. Entonces le pidieron a México que ese cuerpo corrupto fuera renovado con jóvenes, militares altamente disciplinados y capacitados, para que fueran militares los que combatieran al crimen organizado. Fue un acuerdo con Estados Unidos.

La Sedena lo promovió e hizo el experimento de mandar tres grupos de militares a Reynosa en 1997. Se les asignó una clave de identificación porque llegaron como civiles; fueron los grupos X, Y y Z. El más destacado fue el que encabezaba Arturo Guzmán Decena, quien fue quien traicionó.

En los expedientes de la Sedena se puede observar un interés de venganza contra Guzmán Decena, aunque se presenta a varios más: al Hummer, a Lazcano y a varios más que se dieron de baja, mientras que otros desertaron, como Guzmán Decena quien se fue al bando contrario. Los documentos se van sobre él y dicen “lo queremos”, “la fiscalía debe traerlo”, “búsquenlo”. Estos tipos fueron reclutados por El June, no por Osiel Cárdenas, en 1997. A partir de esa traición la Sedena se endureció.

Finalmente fue un cambio de modelo en el narcotráfico, de la manera de operar de los cárteles, que antes eran discretos y corrompían en pequeño. Los que metieron el desorden en esto fueron Los Zetas, son quienes le cambiaron el rostro al país para mal.

 

AR: Explícanos a muy grandes rasgos ese cambio en el modelo de negocios, que va desde una mayor crueldad hasta la ampliación de las actividades delictivas.

JAC: Los Zetas pusieron el modelo de cómo matar a los enemigos: antes eran asesinatos con una pistola, pero llegaron ellos y mataron con un cañón, por decirlo de forma simple.

Desde que México empezó el narcotráfico a principios de los años veinte en Sinaloa, los cárteles siempre habían sido pocos grupos pequeños que corrompían al Ejército y a la PGR, y estaban involucrados con muy pocos sectores del Estado que los combatían. No eran las grandes organizaciones sino más bien asociaciones de varios tipos. Como las drogas no se quedaban en México sino que esas bandas eran un trampolín para que llegaran a la alberca de Estados Unidos, aquí el narcotráfico no se vio como problema sino como un mal menor. Cada vez más los estadounidenses presionaban para que cambiáramos las leyes y lo combatiéramos, pero a no hubo preocupación sino hasta los años sesenta.

Después en México ya hubo narcotraficantes en gran escala; al principio metieron mucha mariguana, y crecieron cuando entró más cocaína, cuando ya hubo mayor corrupción. Pero seguía siendo un asunto de pocos y que iba encaminado hacia Estados Unidos.

Entonces Los Zetas vinieron a meter el desorden al disputar las plazas: iban a Choix, a Concordia, y se las peleaban a Sinaloa, se quisieron apropiar del territorio de La Familia Michoacana, y desplazaron a los grupos pequeños que había (como Los Texas, Los Chachos y otros): los fueron integrando, y a los que no lo hacían los mataban.

Los Zetas generaron nuevos negocios: por ejemplo, en un momento dado tuvieron una empresa que traficaba en pipas gasolina a Estados Unidos, y se la vendían a empresas privadas establecidas. Hay cinco grandes ejecutivos presos en ese país entra en este negocio.

Ellos ampliaron los negocios y la estructura creció. En otro momento la droga se empezó a quedar en México, lo que implicó que las narcotienditas debían tener protección para ellas, por lo que se integró a los policías municipales, los alcaldes, los señores que venden alcohol localmente, y entonces se hizo un monstruo.

Además, como querían imponerse con terror, fueron los que introdujeron los métodos de colgar, descuartizar, incinerar y matar cruelmente para asustar a la contra, como le decían.

 

AR: Había otros negocios: el “fiscal” (por llamarlo así), por el que comenzaron a extorsionar a la gente, a acaparar la venta de productos pirata, el tráfico de inmigrantes…

JAC: Se quisieron quedar con todo el negocio donde reinara la corrupción. Fue un modelo que crearon ellos y que después copió toda la delincuencia: cooptar a los funcionarios, aterrorizar a los enemigos, controlar el narcomenudeo, la piratería, los giros negros, los secuestros exprés, etcétera, y, sobre todo, que no se denunciara: a sus víctimas les quitaban el celular, las golpeaban para que proporcionaran la contraseña de sus redes sociales, las revisaban para saber de hijos, parientes, amigos, trabajo y escuelas, y cuando los soltaban les decían que ya sabían todos sus datos. “Denuncias y vamos por ti”, les decían.

Eso provocó una cifra inmensa de secuestros que no están en las cifras oficiales porque también bajaron las cantidades exigidas (entre 30 y 50 mil pesos) para que fueran rápidos.

 

AR: Un asunto muy interesante es que Los Zetas no podían existir de forma totalmente independiente del poder político. ¿Cómo fue su relación con los gobernadores? Allí se mencionan desde Enrique Hernández Hernández hasta Humberto Moreira.

JAC: Hay una conexión siempre, incluso del presidente, con el bajo mundo (aunque esto no quiere decir que el titular del Ejecutivo sea el jefe de los cárteles, como muchos quisieran que fuera. En esta historia te puedes ir hasta Miguel Alemán, luego con José López Portillo y posteriormente con Miguel de la Madrid. El primero tuvo a Carlos I. Serrano, pistolero y jefe de la Policía Judicial Federal; López Portillo tuvo a Arturo El Negro Durazo, y Carlos Salinas a Guillermo González Calderoni. Estos policías amigos del presidente controlaban el bajo mundo y tienen relación con el narcotráfico, por lo que hay una conexión directa, lo que puede hacer creer que los mandatarios lo controlaban y se beneficiaban.

En el caso de Alemán, fue una época en que el presidente manejaba el presupuesto a su antojo, por lo que podía tener todo el dinero que quisiera. Entonces el dinero del narcotráfico era apenas una cajita, pero dejó de serlo desde López Portillo.

Entonces así ha sido con gobernadores y alcaldes: siempre tienen un pistolero que les hace el trabajo sucio, quien tiene la conexión con el bajo mundo, con los jefes de los cárteles. Siempre hay una conexión directa hacia el poder.

 

AR: A partir de reportes de Estados Unidos, comentas que en México ha habido una “narcoinsurgencia”. ¿Qué quiere decir esto?

JAC: Yo lo veo así: cuando en el noreste (Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila) los cárteles se quedaron acéfalos por capturas y por divisiones, muchas de las células se quedaron sin control pero ya con el modelo establecido por Los Zetas: manejar delitos del fuero común bajo la dinámica de la delincuencia organizada, lo que les facilitó la impunidad.

En un momento dado en Nuevo León la procuraduría empezó a hablar de Zetas pirata, de tipos que para extorsionar se hacían pasar por miembros de esa banda. Esto creció con la gran cantidad de jóvenes desempleados y pandilleros de todo tipo, que querían tomar la parte de la riqueza nacional que el Estado no les da, por lo que decidieron tomarla al amparo de la marca Zeta, además con el armamento que en la guerra de todos estos años empezó a circular a pasto desde Centroamérica. Así, en un momento dado en el mercado negro del sur podías conseguir un AK47 en 500 pesos; entonces el armamento les hizo sentirse más poderosos e impunes y vino una insurgencia de gente que, sin banderas políticas, quería vivir bien.

 

AR: Quiero vincular esto con otra parte muy interesante del libro, que es la intervención benigna de Estados Unidos en este conflicto: la ayuda social proporcionada por la Agencia para el Desarrollo Internacional. Señalas que hubo muy buenos resultados de esa política.

JAC: Cuando a Calderón le impusieron la lucha contra el narcotráfico, el gobierno de Estados Unidos vio el desmadre de la guerra contra los cárteles, sobre todo en la frontera. Por ello decidió que iban ayudar porque son parte del problema; quisieron replicar en México el Plan Colombia, nada más le llamaron Iniciativa Mérida. Le impuso a nuestro país el modelo de combate al narcotráfico y creó, con Genaro García Luna al frente, la Policía Federal, que se convirtió en un tercer ejército. Metió aviones, helicópteros, tecnología y capacitación. En Monterrey se brincó a la Federación y se puso a modificar las policías estatales e hizo directamente la fuerza civil. Nuevo León le interesaba muy particularmente.

Después vino la captura de capos y el desmadre de que las bandas se quedaron acéfalas y divididas, que se crearon otros grupos, por lo que los estadounidenses se dieron cuenta de que ya no debería ser un combate al estilo tradicional. Entonces cambiaron la orientación de la Iniciativa Mérida para que en lugar de que los fondos se dedicaran a más armamento y capacitación, fuera a programas sociales porque se dieron cuenta de que las bandas estaban reclutando a los jóvenes. En Nuevo León Los Zetas estaban al tanto de las pandillas y de que Monterrey tiene unas favelas que no le piden nada a Brasil. De allí estaban sacando a muchos jóvenes a los que se les hizo fácil integrarse porque no tenían nada que perder. Eso fue lo que les dio mucho poder.

Eso mismo se había replicado en Ciudad Juárez, en una zona de Tijuana y en Nuevo Laredo. Los norteamericanos hicieron una investigación de campo con chavos mexicanos: los contrataron (sobre todo mujeres) y los mandaron subrepticiamente a que fueran a indagar subrepticiamente para a sacar de cómo estaban operando. A partir de eso diseñaron una estrategia para quitarle a esos grupos la capacidad de jalar a las pandillas.

Se dieron cuenta de ello, mientras que en México no lo sabían o no lo estaban operando. Entonces lo que los estadounidenses hicieron fue cambiar la orientación hacia esos proyectos.

 

AR: ¿Hubo intervención del Estado mexicano?

JAC: Se lo brincaron. Incluso a mí me utilizaron para mandar un mensaje al gobierno mexicano, pero que El Universal no captó. Me buscó el jefe de la Iniciativa Mérida, el consulado de Estados Unidos, y un funcionario me habló de varios asuntos; en un momento dado hizo una pausa e hizo énfasis: “Estamos trabajando esto porque el Estado mexicano lo ignora; nos vamos a ir a los municipios, a los estados, aunque de gobierno a gobierno solamente podemos trabajar con la Federación”. Así mandaron el mensaje, pero creo que la nota no la publicó El Universal.

 

AR: En otra parte hablas de la desintegración de Los Zetas y de que mucha de su violencia se ha cebado no nada más sobre las capas altas sino también bajas de la sociedad, incluso taxistas. ¿Cómo ha sido el ataque a estos sectores sociales?

JAC: Ellos se fueron sobre los delitos comunes; por ejemplo, en Monterrey quisieron secuestrar a hijos de empresarios, pero cuando tocas a uno de estos entonces el Estado sí se pone las pilas. Secuestraron a una niña que era familiar de un miembro de la Secretaría de Seguridad, y a los dos días ya los tenían ubicados.

Cuando los cuerpos de seguridad se ponen las pilas, con tantas cámaras, con GPS y otras tecnologías, no hay manera de no encontrar a un tipo importante. Pero si es un pobre diablo, un ratero… Bueno, Los Zetas se dieron cuenta de que era más fácil, rápido y seguro irse sobre gente de menor nivel con menos dinero. Es como el capitalismo gringo: ganar por volumen y no por venta de unidad.

Ese modelo no se ve: está en Iztapalapa y en Ecatepec, por ejemplo, donde hay cientos de secuestros y desaparecidos, y al Estado no le importa porque tiene la visión racista de que la violencia en ciertas partes del cuerpo social es natural.

 

AR: ¿Qué nos dice la violencia desmedida de Los Zetas en lugares como San Fernando y Allende, así como las omisiones, descuidos e incluso complicidad de los gobiernos?

JAC: Allende, pese a ser la peor masacre en el país con 250 personas afectadas entre desaparecidas, muertas e incineradas, además de la destrucción de 40 residencias, estuvo sin conocerse un año y medio. Y no fue solamente en un pueblito como Allende: también destruyeron 27 residencias en Piedras Negras, una ciudad fronteriza importante.

¿Cómo pudo ocurrir que de Monclova, Piedras Negras, Allende y Sabinas, se llevaron gente, y que allí hayan llegado en convoyes de 15 o 20 camionetas? ¿Cómo pudo pasar eso a la luz del día y que hubiera incendios, desaparecidos, llamadas a la procuraduría, que pasara más de un año y nadie supiera nada? Solamente se explica como complicidad de la familia Moreira y del gobierno.

 

AR: ¿Cuál es la herencia de Los Zetas? Al final del libro dices que su modelo delincuencial ha llegado al Estado de México y a Ciudad de México.

JAC: Ellos crearon un mecanismo de corrupción hacia las autoridades, y también de cómo manejar ciertas plazas, meterse a los negocios ilegales y cómo controlarlos, pero sobre todo el terror para someter a quienes querían controlar, ya sean autoridades o sectores de la sociedad.

Ahora, por ejemplo, ya se está cobrando derecho de piso hasta a negocios de Polanco. ¿Qué hago cuando llega un tipo, un pobre diablo, a un negocio y dice: “A partir de ahora tienes que darme 20 mil pesos mensuales?”. Pero cuando matan al tipo que era gerente del negocio, ¿no te va a pasar lo mismo? Entonces se trata del sistema de terror que ellos crearon para someter. Si no pagas, te matamos, y todos los de alrededor van a pagar.

El terror es la mecánica que ellos utilizaron para someter, y eso es lo que han heredado. Estamos hablando de que incluso descuartizaron a personas mientras aún estaban vivas, a lo que no estábamos acostumbrados en México. Eso podía ocurrir en África, en zonas de Centroamérica, en las guerras; pero ¿qué tiraran una cabeza en México?

 

AR: ¿Cómo fue la internacionalización de Los Zetas? Hablas, por ejemplo, de que Herfiberto Lazcano anduvo en Centroamérica…

JAC: Empezaron a hacer alianzas en Italia, con la mafia rusa… pudo ser con uno y con otros grupo. Las mafias internacionales se asocian con quien tenga el poder en un momento dado, y en cierta etapa los que tuvieron el control del tráfico de cocaína fueron Los Zetas. Pero eso fue variando porque eso nunca es permanente, siempre fueron mutando.

 

AR: ¿Cuál fue la respuesta social a Los Zetas? En el libro cuentas que hubo un empresario de San Pedro que decía a sus vecinos que se quedaran a luchar.

JAC: Ha sido muy pobre. En Tamaulipas hay un grupo de autodefensa promovido por otro grupo que peleó contra Los Zetas. Más bien la sociedad fue sometida; ha habido más respuesta social en Guerrero o en Michoacán con las autodefensas (que no eran las que controlaban los narcos, aunque también estos tenían las suyas).

En general lo que tenemos en la sociedad mexicana es que estamos muy acostumbrados a que el gobierno nos resuelva todo, incluso con el asistencialismo que es criticado por El Bronco. Hay sociedades que están acostumbradas a que el gobierno vaya y les limpie el terreno que está enfrente de su casa, y eso es un problema porque la sociedad no se organiza realmente para denunciar y combatir. Por eso el gobierno de Estados Unidos intervino más.

 

AR: ¿Cuáles fueron las grandes causas de la caída de Los Zetas?

JAC: Las traiciones, las divisiones. La guerra los debilitó y las divisiones empezaron a fraccionarlos: el grupo central se quedó en el Cártel del Noreste, pero se formaron bandas como Zetas Vieja Escuela, Zetas por acá y por allá.

Pero lo fundamental fue la traición de Miguel Ángel Treviño, que siempre vio a los militares (que en un momento controlaron e hicieron poderosa a la organización) como los que tenían mayores posibilidades de ascender. Él los fue denunciando, siempre con la Policía Federal.

Si revisas a los capos que capturó la Policía Federal en los años 2006-2007, 2009-2010, siempre que fueron Zetas fue por una delación de él. Así lo hizo: los iba quitando para subir él, porque tenía el problema de que no era militar. Treviño y su hermano los comenzaron a traicionar, y se quedaron con la organización, pero cada vez más debilitada y menos capacitada, más salvaje. No es por defenderlos, pero al principio los militares tuvieron otra mística de cómo querían operar y no se querían meter con la población; sólo lo hicieron cuando perdieron ingresos.

 

AR: La Marina sale bien librada en tu historia; tenían incluso la confianza de Estados Unidos.

JAC: No sale bien librada; lo que pasa es que fueron los más efectivos porque trabajaban con Estados Unidos. Yo he escrito que se llevaron a mucha gente inocente. Estoy en un caso de 22 personas que detuvieron y no aparecieron.

 

AR: ¿Qué riesgos corriste al hacer este libro?

JAC: Los normales. En un momento me amenazaron, me retracté y dejé de escribir. Siempre el que te amenaza es un capo al que le molestó cierto asunto. Pero los capos no son permanentes, como tampoco las amenazas; van mutando, lo que depende de que llegue uno u otro.

Entonces hay riesgos, pero yo decidí jugármelos al escribir porque no estaba a gusto con que estos tipos impusieran su ley. Había que contarlo.

El principal factor fue que yo me divorcié de la familia; convivo con ella y todo, pero me separé para no ponerla en riesgo, lo que decidí asumir. Claro, gran parte es historia, y me cuido al no contar lo más delicado, porque tampoco quiero ser mártir.

 

AR: ¿En dónde ves la esperanza de que esta situación de la delincuencia cambié?

JAC: Será a largo plazo porque en el corto no hay esperanza, ni siquiera con López Obrador, quien tiene un discurso que no es acorde con lo que ocurre aquí. Este asunto de reconciliación, perdón y amnistía sería para Colombia y las FARC, pero no para México.

Por eso le va muy mal en los foros, porque no le puede pedir a las víctimas de criminales que les mataron a sus familiares que los perdonen. Estás hablando de guerra no sólo de un grupo armado al que tienes que darle amnistía, sino de miles de banditas.

 

AR: Al principio del libro afirmas que sobre el tema del narcotráfico hay periodistas de Ciudad de México que han contribuido a crear muchos mitos. ¿Qué ha pasado con este periodismo?

JAC: El de Los Zetas fue un tema muy difícil de cubrir, más desde Ciudad de México, donde la narrativa es la que el gobierno te proporciona. Por eso un libro reciente dice que no existen los cárteles, lo que causó polémica: allí el colega estaba tratando de decir que lo que existe es la narrativa del gobierno sobre la violencia y sobre los cárteles, y que era muy difícil poder captar la dimensión del asunto desde  Ciudad de México.

Yo escribo desde la provincia, pero no por estar allí te da ventaja, y no porque un reportero de Ciudad de México vaya y haga una buena investigación lo vas a descalificar, sino al contrario: cuando llegan desde fuera pueden tener una mayor visión porque los de adentro ya se acostumbraron a ciertos asuntos. Pero en este caso era una situación muy difícil indagar, captar, entender, porque el periodismo de investigación sobre el narco estaba proscrito en zonas como Chihuahua, Tijuana, Ciudad Juárez, Michoacán, Guerrero, Tamaulipas, Coahuila, etcétera.

Cuando se vino la oleada de que están matando periodistas (estamos hablando de hace unos tres o cuatro años), cuando llegaron apoyos internacionales, del Pen Club, entonces hubo quienes quisieron empezar a dar la apariencia de grandes reporteros que estaban descubriendo el hilo negro. Pero eso, para nosotros y por las zonas en que estamos, son leyendas urbanas que no tomaríamos en cuenta.

 

AR: Hay varias partes del libro en las que dices “esto no salió en los medios nacionales”. ¿A qué se debió esto, porque en muchos casos eran asuntos escandalosos?

JAC: Pues era un poco censura del mismo crimen organizado, y otro asunto es la incapacidad de los editores de la capital del país para entender la provincia. Desde la capital ésta se ve muy nebulosa; hay una incapacidad para entender su dimensión: al principio se minimizó y luego se exageró lo que estaba pasando. Hubo historias y circunstancias que no fueron entendidas; por ejemplo, nosotros tuvimos en San Fernando, en Monterrey y en Allende hechos más terroríficos que lo de Ayotzinapa, y no tuvieron ni siquiera la mitad del eco que este último caso. San Fernando fue peor: hay mil personas desaparecidas, otras dos mil muertas, mil huérfanos; en las fosas fueron hallados más de 300 cadáveres, aunque oficialmente la cifra quedó en 193, con los 72 migrantes, entre otros asuntos. No se entendía qué estaba pasando: por qué, a qué se debía, cómo fue que el pueblo estuvo tomado.

 

AR: En el libro hablas de cómo la banda comenzó a silenciar a los periodistas, desde El Mañana (a cuyo director asesinaron en 2004) y llegas hasta cuando Alejandro Junco de la Vega tuvo que irse a Texas porque habían lanzado granadas en sus oficinas. ¿Qué ha pasado con la prensa en las zonas dominadas por Los Zetas?

JAC: El mejor ejemplo es Tamaulipas porque recibió la presión del crimen organizado porque amenazaron a los reporteros, y la presión de los gobiernos de Tomás Yarrington y de Eugenio Hernández para que la violencia no saliera hacia la capital del país. A los grandes dueños los compraron con publicidad para que se dijera que en Tamaulipas no estaba pasando nada.

Entonces realmente tenemos un problema muy serio: mientras los medios dependan de la publicidad gubernamental, el periodismo de investigación bien hecho tiene sus límites.

 

*Entrevista publicada en Zenzontle 400 en septiembre de 2019.

 

sábado, agosto 10, 2019

Para la mariguana, regulación, libertad e información. Entrevista con Nacho Lozano



Para la mariguana, regulación, libertad e información
Entrevista con Nacho Lozano*
Ariel Ruiz Mondragón
El accidentado camino a la legalización de la mariguana se ha visto empedrado y retorcido por los múltiples prejuicios derivados de la ignorancia  que existen alrededor de ella. En su discusión aún pesan más consideraciones morales que la evidencia científica.
“Puro chisme, puro mito, puras mentiras e invenciones. Ante la ausencia de información recurrimos a la creatividad, la imaginación y los mitos. Por eso es importante llenar esos vacíos con datos verificables y con historias con nombre y apellido”.
Esto último es lo que realiza de manera amena Nacho Lozano en su reciente libro Mariguana a la mexicana (México, Grijalbo, 2018), en el que, con un estilo desenfadado (“conocer tiene su dosis de diversión”), el periodista busca derribar mitos y presentar, desde diversos puntos de vista y disciplinas, las complejas aristas de la legalización y uso de la cannabis.
Lozano es licenciado en Historia del Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha colaborado en medios como Máspormás, Gatopardo y Newsweek, además de que ha conducido programas en Uno TV, W Radio, CBS, Proyecto 40 e Imagen TV.

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué hoy escribir y publicar un gran reportaje sobre la mariguana, que es, como dice, una “vieja amiga del ser humano”?
Nacho Lozano (NL): Hay varias razones; la principal es porque es urgente regularla. Mientras tú y yo estamos hablando se reproducen las víctimas de la guerra contra las drogas en nuestro país, hay historias de desaparecidos. También hay usuarios que no tienen el derecho para acceder a una salud integral que incluya no sólo innovación y vanguardia en los medicamentos, sino un respeto a su exigencia de hacerse de productos derivados de la cannabis que en la experiencia científica ha dado buenos resultados.
Porque es urgente que quienes son usuarios de la mariguana tengan el derecho garantizado a acceder a ella de manera segura, con calidad, con información, con divulgación científica acerca de lo que es la cannabis y sus efectos. No es una droga inocua, sino que tiene efectos que deben ser divulgados y prevenidos. Quien decida consumirla debe tener el derecho a hacerlo de manera segura, no a través del mercado negro, no arriesgando su vida y su integridad al hacer contacto con el crimen organizado, que es el que tiene hoy el monopolio de la mariguana. El consumidor debe ser acompañado por el Estado para que pueda acceder a un producto fiscalizado, y que esa recaudación fiscal pueda tener los beneficios de una inversión en los sectores de salud, ciencia y educación.
Es urgente escribir, sobre todo porque yo sé que son muy divertidas y entretenidas las fake news, con las que nos encontramos todo el tiempo. Hay colegas que se dedican a propagarlas porque son un gran negocio, pero desafortunadamente hay muchas alrededor de la mariguana y creo que es momento de eliminarlas.

AR: La última parte del libro está justamente dedicada a combatir algunos mitos, pero para hacerlo se necesita investigación científica. ¿En qué estado nos encontramos al respecto? Por ejemplo, en Estados Unidos por el prohibicionismo era muy difícil realizarla.
NL: Tenemos investigadores como Herminia Pasantes y otros personajes que tienen talento, prestigio, una carrera reconocida en el ámbito académico nacional e internacional, instituciones públicas y privadas que, en la medida de lo posible, se han encargado de indagar los efectos síquicos, sicológicos y biológicos de la mariguana. Desafortunadamente estamos en un momento en el que no se invierte en investigación en general, y mucho menos en una droga satanizada como esta.
Estamos en un momento en que no se divulga esa información y nos quedamos retrasados. Si lo pones en perspectiva, de los tres socios que forman parte del Tratado de Libre Comercio, dos de ellos están dando pasos gigantes en la innovación científica y de los productos de la mariguana, así como en su presentación en términos de derechos humanos. Pero México sigue violándolos, entre un baño de sangre, convertido en un cementerio y sumido en un oscurantismo que parece de la Edad Media.
En 2018 seguimos prohibiendo el consumo de la mariguana porque creemos que da cáncer, por ejemplo, y otros prejuicios que no tienen evidencia científica que los respalde. Además, frente al tabaquismo, al alcoholismo y al azúcar, la mariguana genera mucho menos daño. Pero tiene un aura creada por hipócritas, como han sido los tomadores de decisiones en la historia de México, y que se ha socializado exitosamente, lo que ha provocado miedo, desinformación, confusión, mitos y choros alrededor de la mariguana.
En eso nos encontramos. Pero si lo ponemos en perspectiva, en unos 20 o 30 años la gente te dirá: ¿te cae que no podías fumar mariguana?, ¿de veras te metían a la cárcel si te encontraban un porro y te inventaban el delito de tráfico de drogas?, ¿había tantas personas en la cárcel acusadas de cometer delitos relacionados con la mariguana? Sí, tal como hoy decimos: ¿te cae que hace 60 años las mujeres no tenían derecho a votar?

AR: Uno de los capítulos más interesantes es el dedicado al amparo sobre uso de la mariguana que cuatro personas obtuvieron de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En el ámbito legal, ¿cómo nos encontramos después de este caso y del de la niña Grace, cuya enfermedad es atendida con un fármaco derivado de cannabidiol?
NL: Creo que el hecho de que el ministro Arturo Zaldívar haya sido el ponente de este proyecto de amparo significó un parteaguas en la vida pública de México. Nos lleva a darnos cuenta, de entrada, de muchos asuntos a niveles personal y público. En el primero: ¿sabías que existe el derecho al libre desarrollo de la personalidad? Es uno que tú y yo no tenemos, y que es al cual apelaron estas personas en ese primer amparo y luego en los subsecuentes, y al que tienen acceso sólo seis personas. Pero es un derecho que ni tus lectores ni los míos ni nuestras familias tienen. Ese derecho lo garantiza el proyecto del ministro Zaldívar, quien fue acompañado por otros ministros que votaron a favor de él, entre ellos Olga Sánchez Cordero. De manera que los mexicanos que quieran exigir ese derecho se puedan amparar.
A nivel público, uno de los aprendizajes es el que provoca la Suprema Corte por este proyecto del ministro Zaldívar, que tiene que ver con obligar a los poderes Ejecutivo y Legislativo a dialogar. Hoy estamos exponiendo una controversia constitucional que tiene que ver con los derechos de la persona: libre desarrollo de la personalidad, que choca con las leyes General de Salud, de Seguridad Pública y otras, que tienen que estar en sintonía con el respeto a ese derecho de los seres humanos, de los mexicanos.
Entonces la Corte obliga al Poder Ejecutivo a dialogar con el Legislativo, y ver en qué la han estado regando y qué hay que cambiar. Hubo una modificación a la ley en 2014, previa al amparo, pero también la reforma a la Ley de Salud que permite el acceso a la mariguana para fines medicinales y recreativos, lo que nos vuelve a llevar a la manera mexicana de resolver las cosas: vamos a calmar a estos papás que están exigiendo acceso a medicamentos para mejorar a sus hijos, vamos a tranquilizar a esos activistas revoltosos, a esos investigadores, a esos miembros de la clase política que también exigen este derecho. Allí tienen su reforma. Entró en vigor en junio de 2017 y se esperan 180 días para que haya un reglamento que hasta la fecha no existe. Ese plazo se venció el año pasado, pero se sigue perpetuando el desinterés de la clase gobernante sobre estos temas. Dejamos los temas a medias, prohibimos sin sentido, hacemos como que discutimos, pero a la hora de tomar decisiones en serio nos da miedo.
Esos aprendizajes tendrían que llevarnos a no repetir el círculo vicioso porque la burocracia es criminal, y el conservadurismo puede llegar a serlo: los fundamentos de los prohibicionistas miran las condenas, y las hacen prevalecer por sobre la ciencia, la exigencia de paz y el derecho de los demás.
También debemos darnos cuenta de cómo somos discriminadores, cómo hemos sido parte de este proceso de criminalización de los usuarios mediante las mentiras, lo que nos hace aparecer peor. Nosotros, sin tener información ni pruebas científicas, condenamos a los usuarios de la mariguana porque no nos interesa informarnos ni leer esas evidencias porque nos da flojera ser respetuosos, y allí están las consecuencias.

AR: ¿Cómo, mediante la política de criminalización de las drogas, se han manifestado el clasismo y el racismo? Por supuesto esto surge con Harry Anslinger, y llega hasta el ejemplo que pone de los policías que en la calle sólo extorsionan al marihuano blanco, mientras que al obrero moreno se lo llevan a la cárcel.
NL: Veamos las historias de la gente que está en la cárcel acusada de delitos que no cometió, que no tuvo dinero para dar la mordida que cobra la mayoría de los elementos de Seguridad Pública, que nunca ha tenido dinero para financiarse un abogado y eso la discrimina en términos de acceso a la justicia. Es tremenda esa situación, pero es un gran negocio: es lo que encarece la droga, lo que la vuelve atractiva para quienes desde el mercado negro se involucran en esta comercialización, y que también se benefician del negocio de la impunidad y de la corrupción.
Entonces se sistematizan el racismo y el clasismo, y se vuelven un negocio, además de que se democratiza la corrupción.
Lo anterior se lo adjudicamos, en buena medida, a los servidores públicos, pero es parte de nuestra educación en casa, de nuestra manera de ver a los usuarios y de ver a la mariguana, lo cual tendría que terminarse. Somos los peores educadores en casa; salvo excepciones, somos la llama de esa hoguera, y todo el tiempo estamos echándole gasolina, no importan las repercusiones. Somos indolentes ante esas historias de discriminación, racismo y clasismo porque somos parte de ello, porque no nos interesa o nos parece divertido y normal.
Creo que ahora tenemos una gran oportunidad para terminar con ello, para darnos cuenta de dónde estamos, de las consecuencias de nuestra manera de hablar, de referirnos y de actuar alrededor de quienes son víctimas de ese racismo y ese clasismo para, de una vez por todas, terminarlo.

AR: Otra parte muy interesante del libro es la referente a los clubes canábicos. ¿Cómo estamos en esos procesos de organización, producción de consumidores?
NL: Hay muchos amparos, muchos clubes canábicos que están buscando la manera de hacer legal su producción. Por otro lado, de manera clandestina lo que buscan es que los usuarios de mariguana la usen sin fumarse un brazo, una cabeza o litros de sangre que se consumen de otra manera.
Son hombres y mujeres que conocen la manera de producir mariguana, basados en evidencia científica, y que se preocupan porque los usuarios accedan a ella de manera segura y con calidad.
Entonces ojalá y pronto veamos clubes canábicos, que el Estado mexicano los pueda vigilar y exigirles calidad, seguridad, impuestos y los requerimientos que cualquier emprendedor sigue en México. También que premie su innovación, su manera de relacionarse con la mariguana, que creo es una manera respetable y admirable, y que tendríamos que incentivar frente a otras drogas, como el azúcar, el tabaco y el alcohol.
A la hora de tratar a la mariguana y a las personas que, sin ser criminales, se dedican a cultivarla y a armar estos clubes, no debemos más que respetarlas y garantizarles seguridad.

AR: Sobre la educación, en el libro trata varios casos, desde algunos que son muy liberales. Pero hay uno dramático que viene casi al final del libro: un joven que tiene una enfermedad extraña por la cual le duele el cuerpo todo el tiempo, y que ha encontrado un poco de alivio en fumar mariguana. ¿Cómo el prejuicio ha afectado en lo personal, en lo cotidiano?
NL: Qué bueno que me preguntas eso. Esa historia a mí me hizo pedazos. Como reporteros podemos tener esta sana lejanía de nuestro sujeto entrevistado para tener una perspectiva que nos permita ver algo más allá que los sentimientos te impiden observar. Sin embargo, yo no soy objetivo: uno como reportero no lo puede ser. Decía Borges: desconfía de quienes te dicen que son objetivos porque se vuelven objetos. Cuando uno escucha a esta señora que cuenta los miles de pesos, prácticamente el total de la economía familiar, destinados a hacerse de medicamentos derivados de la mariguana, y que son importados de manera clandestina para ver mejorías en su hijo, es de verdad devastador.
Ella llevaba años con un diagnóstico y un tratamiento que no hacía más que empeorar la situación de su hijo. Cuando descubrió productos derivados de la mariguana, que llevan procesos científicos y de calidad que han mejorado la salud de su hijo, pues le cambió absolutamente la perspectiva y, sobre todo, le generó una frustración: ¿por qué el Estado mexicano está en contra mía y de mi hijo? ¿Por qué el sistema de salud no lo incluye? ¿Por qué si la experiencia internacional ve en estos productos la posibilidad de tratamiento, México no me puede garantizar ese derecho y no me puede dar esos productos? Pues por una serie de prejuicios que rigen a la clase política porque no es de beneficio electoral, no es aplaudido públicamente porque miedo e ignorancia son los que privan entre los mexicanos, que no van a ver bien una decisión tomada en ese sentido.
Es de verdad devastador porque aquellas personas se ven comprometidas y violentadas financiera y socialmente, son discriminadas. Los pacientes son víctimas, pero también sus padres, sus hermanos y quienes viven el drama por la prohibición, porque alguien decidió que no se van a investigar los beneficios de la mariguana, que no está bien visto consumir tetrahidrocannabinol: “No sé qué sea, pero dicen que es el demonio; está prohibido y vamos a cumplir la ley”.
Hay el testimonio de una prohibicionista que dice: “¿Para qué otro vicio si ya tenemos el tabaco?”,  reduciendo el uso del cannabis a sólo una adicción, cuando es muchas otras cosas más: significa destrabar una vida familiar, perspectivas a futuro para miles de niños que están en esa situación porque simple y sencillamente al Estado mexicano no le interesa la vida de uno de esos pacientes tanto como las elecciones. No le interesa tanto como para legislar en serio para garantizarles estos derechos a las familias. Es de verdad criminal la manera en que se gobierna y se legisla en México.
Afortunadamente, en los últimos años han surgido excepciones, nuevas maneras de gobernar, nuevas perspectivas para cambiar y mejorar la vida de estas familias mexicanas.
Soy optimista de lo que pueda pasar en los próximos meses.

AR: Uno de los requisitos para que la gente pueda ejercer conscientemente su decisión respecto a la mariguana es la información que le tiene que proporcionar el Estado, y no sólo él sino también los medios de comunicación. ¿Cuál es la situación actual al respecto?
Nl: El Estado mexicano es una vergüenza. Hubo una campaña de la Comisión Nacional contra las Adicciones en la que el usuario de mariguana es un tipo que no terminó de estudiar, sin trabajo, que habla y vive de cierta manera rara. Lo único que hacen es alimentar los prejuicios que luego terminan en violencia, en discriminación.
Entonces, pésima la comunicación, la divulgación. Seguimos valorando a los usuarios de la mariguana con la vara del siglo pasado, oscura, ignorante, desinformada, criminal.
No existe una comunicación de evidencia científica sobre la mariguana, no se escucha ni se conversa con los usuarios sino se les califica, juzga, criminaliza.
Entre los medios de comunicación hay de todo: por ejemplo, los que prefieren no meterse en problemas, cuya línea editorial es bastante conservadora, que promueven la ignorancia por sobre la ciencia y el conocimiento. También hay otros que están comprometidos con divulgar historias alrededor de la mariguana, relatos de éxito, de emprendedores, de divulgación de experiencias en otros países. Son historias de innovación, de vanguardia, que deberíamos publicar más.
La información te da poder para tomar decisiones sobre lo que vas a consumir, lo que vas a desarrollar desde tu personalidad como ente individual y como mexicano para exigir derechos, justicia, acceso a la salud y a la educación.
Una sociedad informada de manera natural va a exigir que los académicos, investigadores, científicos, casas de estudio y los laboratorios se empoderen.
Es un trabajo integral. Estoy muy decepcionado de cómo lo ha comunicado el Estado mexicano, pero reconozco que muchos colegas se interesan en el tema y lo difunden no sólo respetuosamente, sino basados en la ciencia, dándole voz a las víctimas. Esa es mi prioridad en este libro: reivindicar a las víctimas, a los luchadores sociales, a los activistas, a los investigadores, a quienes han muerto en el intento de cambiar este país con políticas públicas basadas en la ciencia y no en la moral hipócrita de una serie de miembros de la clase gobernante que viven del negocio del oscurantismo y la corrupción.

AR: Pero entre los políticos también ha habido cambios; por ejemplo, recuerdo un pronunciamiento de varios exjefes de Estado, entre ellos Ernesto Zedillo, a favor de la legalización. Ahora Vicente Fox vende mariguana legal en Estados Unidos, Olga Sánchez Cordero se ha manifestado a favor y Miguel Ángel Mancera tuvo alguna expresión similar. Otro caso es el de Felipe Calderón, quien politizó el combate contra las drogas. ¿Cómo ve esto?
NL: Yo no metería a todos en la misma bolsa, hay que distinguirlos. No puedo poner en la misma bolsa a Zedillo que a Fox; cuando el primero fue presidente no hizo nada por regular el consumo de las drogas, y allí están las consecuencias. Fox es cínico, irresponsable, cómplice e impresentable; un oportunista que mientras fue presidente no hizo nada por garantizar el derecho de los usuarios ni por invertir en ciencia alrededor de la mariguana y las drogas.
Calderón es una vergüenza: ve en lo que convirtió a México: en un país desinformado, prejuicioso, discriminador, clasista, racista, violento, oscuro, de muertos, de desaparecidos, de lágrimas.
Le siguió la estrategia Enrique Peña Nieto, aunque hace uno o dos años presentó una iniciativa para aumentar la dosis personal de mariguana, pero su partido lo maltrató al congelar la iniciativa y atribuirle derrotas electorales. La iniciativa desafortunadamente no tuvo eco entre los oportunistas de su partido.
Ahora tenemos a Olga Sánchez Cordero, a quien conocemos desde hace muchos años, que votó a favor del amparo de la Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y Tolerante, que fue consecuente en otras decisiones de la Suprema Corte y congruente con lo que publica y lo que dice en los foros públicos. Arturo Zaldívar, quien fue el ministro ponente, le cambió el rostro a este país al ponernos a discutir de una manera distinta: pensando en los usuarios, en las víctimas.
Hoy Sánchez Cordero será la primera secretaria de Gobernación que dice desde el Ejecutivo que garantizará estos derechos e irá cambiando la manera en que se pacifica el país. Ella está rodeada de gente que desde hace muchos años ha investigado y ha sido activista de la regulación. Vamos a ver.
Lo que espero es que esta nueva clase gobernante que está a punto de entrar escuche a las víctimas, ponga atención a lo que ya se discutió y a lo que ya se investigó, y que construya un modelo más chingón que cualquier otro modelo en el mundo.

AR: Dedica justamente un capítulo a experiencias de otros países y lugares; de ellas, ¿cuáles puntos considera que servirían en México?
NL: A mí me gustan mucho los modelos uruguayo, californiano, de Oregon, de Columbia, de Colorado, de Canadá. Pero insisto: habrá que ver qué de algunos de ellos podemos aplicar en Guerrero, qué condiciones son compatibles con Tamaulipas, por ejemplo.
Me gusta que el Estado vigile y se comprometa para que los usuarios accedan de manera segura a productos de calidad derivados de la mariguana y que se inviertan impuestos en la mejora de los servicios de salud.
También me gusta que a Colombia le interese mucho la investigación y que sea vanguardista con los científicos y con los académicos.
México tiene para eso y muchísimo más. Ojalá todo esto se haga de la mano de estos modelos, e insisto: pensemos en lo general, pero también en la construcción integral de un modelo a nivel local.

AR: ¿Considera que se pueden legalizar más drogas, como la cocaína y la heroína, por ejemplo?
NL: Todas las drogas tienen que ser reguladas, desde mi punto de vista. Cada quien decide lo que consume; la libertad termina donde comienza el derecho de alguien más. Hay que respetar los derechos de los demás, independientemente de lo que consuman.
Creo que los mexicanos tienen derecho, en primer lugar, a información y educación que les permita prevenir adicciones, dimensionar científicamente lo que significa el consumo de estas sustancias. Las repercusiones de consumir azúcar y las enfermedades que provoca, lo que implica consumir cocaína y sus repercusiones, lo que significa consumir tabaco, nicotina, alcohol, tetrahidrocanabinol, cannabidiol.
Una vez que tengamos esa información y empoderemos a los ciudadanos, éstos van a tomar mejores decisiones. Nadie quiere que los ciudadanos se mueran, no quiero que los niños y los adolescentes comprometan su desarrollo físico por consumir mariguana. No promuevo eso; lo que quiero es que haya derecho a desarrollar libremente nuestra personalidad, que tengamos seguridad pública, acceso a servicios de salud, que los consumidores dejen de ser vistos como criminales y que formen parte de la toma de decisiones del país. Nadie mejor que ellos para configurar y diseñar estas políticas públicas. ¿Alguien ya se sentó a escuchar, a ponerle atención a un consumidor de cocaína, de heroína, de tabaco, de mariguana?
Considero que el consumo implica muchas otras cosas que van más allá de “está mal que consumas heroína”; tiene que ver con una problemática circunstancial de ese usuario: dónde vive, a qué se dedica, qué sufre, cómo le llega la droga, desde cuándo y por qué es usuario, cómo el Estado mexicano puede acompañar su consumo, etcétera. Si el usuario empoderado decide y respeta el derecho de terceros, si desea superar su adicción, pues que lo haga; si no, que el Estado le garantice información, productos de calidad y atención médica.
Los mexicanos no son bebés y el Estado no es una nana. Hay reglas, y si no afectas a terceros nadie tendría por qué prohibir consumir lo que quieras.

AR: Estados Unidos tiene una larga historia de prohibicionismo desde el acta de 1912, y hasta Trump, cuya vocera dijo que no permitirán la legalización. ¿Cuál es el papel de ese país en esta historia mexicana?
NL: Somos un país soberano, que tiene tratos bilaterales con Estados Unidos, de los cuales muchos han fracasado, como Rápido y furioso y la Iniciativa Mérida.
De lo que dice Estados Unidos, a mí como ciudadano me lleva a decirle al Estado mexicano quédate sin cuidado. A ti qué te importa lo que diga Trump, que ve su ombligo y no ve lo que está pasando en más de 30 estados de la Unión Americana que tienen regulado el consumo científico y medicinal de la mariguana, y hay otro puñado de estados que lo tienen absoluto. Ahí está el distrito de Columbia, en Washington (no sé si Trump sabe dónde vive, dónde está la Casa Blanca y cuáles son las reglas de vivir allí).
La relación es histórica, pero los expertos en seguridad responderán mejor que yo cómo ha intervenido en las políticas públicas de México, cómo las ha influenciado, sometido y condicionado.
Creo que esta decisión debe mostrar carácter de la clase gobernante y de la clase legislativa en México para demostrar la soberanía y para privilegiar no la relación con Estados Unidos sino los derechos de los mexicanos.

AR: Para concluir: en el libro menciona datos de encuestas, y en la que mejor le va a la legalización es una que marca 46 de los entrevistados a favor, pero otras señalan un rechazo considerable. ¿En dónde ve la esperanza de que ese estado de cosas pueda cambiar?
NL: Soy optimista porque es inevitable la regulación. ¿Quién la va a parar? ¿Quién en la clase gobernante tiene el prestigio para negar la verdad y la ciencia?
La verdad es que cuando hacemos las cosas a la mexicana cometemos estos errores, pero también solemos tener muchos aciertos. Cuando la gente de verdad se interesa y se vuelca en un tema lo hace en serio, y lo transforma porque se apropia de transformaciones que son para su sociedad, para su realidad, para su cotidianidad, para sus derechos, para su Constitución y para que la hagan valer los servidores públicos.
Eso ocurrirá en la medida en que los mexicanos tengamos acceso a la información, de que nos demos cuenta de qué es la mariguana, qué efectos tiene y cuáles son las consecuencias de la guerra contra las drogas. Que pare entenderlo no creamos en las fake news sino en la ciencia. Ojalá y este libro abone a ese empoderamiento y a un cambio de actitud.
Cuando la gente toma el toro por los cuernos, no hay toro valiente.

*Entrevista publicada en etcétera, 6 de diciembre de 2018.