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lunes, diciembre 18, 2017

Rascarle la panza al tigre: la casa blanca. Entrevista con Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera y Sebastián Barragán



Rascarle la panza al tigre: la casa blanca

Entrevista con Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera y Sebastián Barragán*

Ariel Ruiz Mondragón

El domingo 9 de noviembre de 2014, en Aristegui Noticias y otros medios de comunicación, fue publicado un reportaje titulado “La casa blanca de Enrique Peña Nieto”, en el que se dio a conocer que Grupo Higa —consorcio que había ganado contratos para realizar diversas obras públicas durante el periodo en que ese político fue gobernador del Estado de México y que tenía otros con el gobierno federal— “construyó una residencia en Lomas de Chapultepec a gusto del presidente Peña Nieto y su esposa, y en la que planean vivir cuando concluya su sexenio, como confesó Angélica Rivera a la revista ¡Hola!”, según informó aquel trabajo periodístico.

Ese reportaje condujo a una investigación por parte de la Secretaría de la Función Pública (que determinó que no hubo conflicto de interés), a que Rivera cancelara el contrato de compraventa del inmueble y a que el Presidente de la República pidiera perdón y aceptara que cometió una equivocación, a lo que añadió: “No obstante que me conduje conforme a ley, este error afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno”.

Unos meses después de aquella publicación se generó un conflicto entre MVS y Carmen Aristegui, que culminó con la salida de ella y buena parte de su equipo de la emisión de radio que conducía.

Quienes realizaron aquella investigación periodística fueron Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera, Sebastián Barragán e Irving Huerta, quienes eran parte de la Unidad de Investigaciones Especiales de Noticias MVS, y quienes también salieron de esta empresa. Con los tres primeros sostuvimos una conversación a propósito de la aparición de su libro La casa blanca de Peña Nieto (Grijalbo, 2015), en el que, además de presentar aquel reportaje, hacen un relato de la forma en que se desarrolló su investigación, su publicación y sus consecuencias.

Con su reportaje los periodistas han obtenido varios premios: el Latinoamericano de Periodismo de Investigación 2015, en la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación; el Nacional de Periodismo y el Gabriel García Márquez.

 

Ariel Ruiz (AR): Tras la publicación hace más de un año de su reportaje, ¿por qué sacarlo en libro? Por supuesto, tiene agregados como el prólogo, la historia de su elaboración, sus consecuencias y el añadido del caso de Luis Videgaray.

Daniel Lizárraga (DL): Había que sacarlo por razones profesionales y personales, porque queremos difundir de mejor manera lo que teníamos. El formato web que usamos para el reportaje no te permite poner toda la información que hubiéramos querido, y el libro te da más libertad, por cuestiones de espacio, para desplegar de mejor manera una historia. Entonces había que contar el reportaje como una gran historia, que fue lo que hicimos.

Además, originalmente se quedaron muchas cosas afuera que nos hubiera gustado tocar y que tampoco nos dio tiempo de hacerlas porque salimos de la radio, y aunque hubiéramos seguido éste es un formato diferente. Ese me parece un punto donde se concentran lo personal y lo profesional, porque además la web y el radio comparten que son un poco efímeros, y el libro es otra cosa.

También creíamos que por la importancia del tema habría que dejar constancia de lo que sucedió y de los hechos que nosotros logramos sacar a la luz pública.

Rafael Cabrera (RC): También al final del libro se menciona que hay un blog disponible donde la gente puede consultar toda la documentación que respalda nuestra investigación, no es que nos crean de manera ciega. Es algo que ya hicimos con el reportaje original.

Salvador Barragán (SB): Es casablancadepeñanieto.worldpress.com. Se puede ver independientemente del libro, pero la persona que lea el blog y que lea el libro se va a llevar una visión completa de toda la historia.

Es un libro que hicimos con mucho tiempo, que creemos que es sólido, igual que la primera investigación. Invitamos a que la gente lo lea, lo discuta, que por redes sociales nos comparta sus puntos de vista. Esto, como todo, es una discusión, y seguimos abiertos al diálogo sobre la casa blanca.

 

AR: Como se cuenta en el libro, el comienzo del reportaje fue cuando Rafael Cabrera acudió a un supermercado, vio la revista ¡Hola! con las fotos de la casa de Angélica Rivera y una entrevista con ella. ¿Qué le muestra a este país esa ostentación?

RC: Yo creo que el libro tiene muchas lecturas, pero es sobre la vanidad del poder. Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera aparecían en todas las revistas del corazón, desde su noviazgo hasta su boda, y ellos usaron estas portadas como un instrumento de comunicación política. Creo que utilizar esos mismos elementos que ellos usaban para su beneficio, y de algún modo revertirlos y cuestionarlos fue, finalmente, jugar con las mismas reglas que ellos pusieron.

Salieron en TV Notas, fueran a Hoy, podemos ver muchas cosas en internet y asuntos así, pero en vez de criticarlos, de decirles frívolos, incultos y lo que sea, creo que finalmente los periodistas tenemos que jugar con esas mismas reglas para comprender y dar a conocer lo que hay detrás de eso.

Entonces sí es una ostentación de la frivolidad, de algún modo, pero creo que el libro demuestra que en lo frívolo también hay profundidad.

DL: Creo que gran parte de las repercusiones tan fuertes que tuvo el reportaje fueron porque entró por la misma vía que habían usado los estrategas de mercadotecnia del gobierno para posicionar a la pareja. Uno de sus instrumentos mercadológicos para posicionarlos con miras a la elección presidencial fue hacerlos la pareja sensación del momento en las revistas del corazón. Nos guste o no, fue una estrategia de marketing político. El hecho de que el reportaje de la casa entrara por esa misma puerta parece que fue un gancho que fue muy atractivo para poder contar la historia.

RC: No es una historia frívola; tiene una superficie que lo es, pero cuando juntas farándula, política y corrupción pues creo que la bomba se vuelve bastante atractiva para el lector. Puede ser que el libro tiene una parte rosa, pero retoma este elemento para fortalecer que detrás de esa apariencia frívola e insulsa había un entramado político-empresarial que apuntaba totalmente a la corrupción.

 

AR: ¿Qué nos dice esta historia de la relación entre los gobiernos, los empresarios y los medios?

DL: Nos muestra un problema que se está manifestando en muchas partes de México y en otros lugares del mundo: la crisis en los modelos de negocio del periodismo. Hay empresas que utilizan o que tienen medios de comunicación para obtener prebendas; es el caso de MVS, cuyo verdadero negocio son los restaurantes y ahora va a ser el internet con la banda 2.5.

Me parece que usar los noticieros para obtener este tipo de ganancias desemboca, tarde o temprano, en que la vocación no es necesariamente informar sino que detrás hay un negocio. Nos guste o no, el dueño piensa como empresario, y en este momento lo que está tratando de hacer es salvar el negocio y no necesariamente al periodismo. Allí es donde empiezan a hacer crisis. Es interesante el capítulo 2 del libro porque allí, por un lado, están los problemas para publicar por una abierta censura desde el gobierno federal a través de MVS, y por otro la inquietud de los periodistas de sacar esto a como dé lugar, lo cual finalmente conseguimos.

Es decir, es una historia que empieza con una censura pero que termina saliendo adelante por iniciativa de los propios periodistas. Eso refleja también la inquietud que hay en México de poder sacar las cosas y, como se dice vulgarmente, de no habernos tragado el sapo.

 

AR: ¿Cuáles fueron los principales problemas que tuvieron para hacer este reportaje? En el libro se observan desde cuestiones logísticas como el pago de copias, hasta presiones empresariales e incluso de la Presidencia.

RC: En cuanto al armado, yo creo que no fue tan complicado ir consiguiendo la información. Hubo una parte inicial en la que conseguí la dirección de la casa: la revista Quién había publicado una foto de la fachada, con eso me guié y la encontré, pero eso en realidad no era difícil.

Fue mucho picar piedra, de persistir; la paciencia sí es una cuestión en la que no nos rendimos, afortunadamente, y supimos esperar el tiempo necesario.

En cuanto a documentos, creo que una parte importante que teníamos que resolver es que nos confirmaran que sí estaban resguardando la casa: yo ya había visto al Estado Mayor Presidencial (EMP), teníamos referencias, los mapas, todo. Pero necesitábamos una prueba de ello, y lo que se nos ocurrió fue lanzar una pregunta vía Infomex: ¿nos pueden decir por qué están allí? Básicamente fue una afirmación. En la respuesta nos dijeron: “Estamos allí porque es la casa del Presidente y la tenemos que vigilar”. Con esa respuesta del EMP es cuando ya los tenemos: habían picado el anzuelo.

En el armado creo que estuvimos muy coordinados, y fue muy interesante hacer toda la planeación de la narrativa multimedia, que no fuera un textazo, un tabique aburrido, sino que tuviera la dinámica de ver los documentos, el video, que pudieras escuchar los audios. Queríamos darle toda la información al lector en un afán de que, si exigimos transparencia, hay que dársela al lector. Y en un tema tan delicado eso no puede ser un acto de fe: “Porque lo decimos nosotros, créannos”. No, sino que allí estaban todos los documentos para que la gente los pudiera ver, revisar y que llegara a las mismas conclusiones que nosotros. Esa fue una parte muy interesante de explorar esa dinámica del periodismo web. Ya después vino el armado del video, y fue muy afortunado el de YouTube: fue el que tuvo la repercusión más interesante, más que la nota misma, pero por la misma dinámica de ese medio.

Hubo que sortear todo: a MVS, por lo que teníamos que hacerlo a escondidas (lo narramos en el libro), nos íbamos a un estudio de producción, teníamos una clave secreta para el reportaje, no hablábamos nada de eso en las oficinas, etcétera. Era realmente estúpido trabajar así porque se supone que era nuestro lugar de trabajo, pero éramos el enemigo en casa. Era absurdo.

En cuanto al libro, pues fue como reiniciar la historia, como reescribir sobre el reportaje tal cual; sí fue como desarmarlo todo y empezar de nuevo. Si ustedes lo ven, es lo mismo en esencia, pero sí tiene otro armado, tiene más elementos, datos inéditos, y todo lo demás que se tuvo que escribir.

DL: Es que hay decisiones que incluso pasan por lo personal, por lo ético, lo profesional; cuando estamos en la disyuntiva de sacarlo o no sacarlo, en determinado momento dijimos que íbamos a buscar la forma de publicarlo, independientemente de la censura de la empresa. Pero también nos pesaba en algún momento en el ánimo pues no solamente éramos nosotros sino que había una redacción de 15 o 20 personas, y que si tarde o temprano nos iban a correr (como sucedió), pues aquellos se iba a ir entre las patas sin deberla ni temerla. Si nos iban a correr, nos iban a correr a todos.

Aun así creo que prevaleció el asunto de que estábamos ante un hecho que, más allá de la censura, era un asunto de interés público. Entonces tuvimos que buscar la manera de que saliera y después veríamos qué pasaba. Le dimos prioridad a que esto se supiera de la mejor manera posible.

 

AR: Me llamó la atención también la participación de organismos internacionales, como el Centro Internacional de Periodistas (ICFJ, por su sigla en inglés), así como la observación de experiencias internacionales en investigaciones especiales. ¿Cuáles les ayudaron más para armar este caso?

DL: Pues todas las que pudimos. El asunto es que el periodismo de investigación en México se hace más por esfuerzos personales que por empeños institucionales. Cada uno de nosotros ha tratado, en la medida de lo posible, de aprender lo que podamos, y para eso creo que, en buena medida, hay que poner los ojos en el extranjero.

Entonces primero está el aprendizaje que cada uno de nosotros ha tenido en lo personal, y por otro lado, pues una mano importante (fueron varias) fue el hecho de que Rafael lograra entrar en un taller para desarrollar el plan en el proyecto de Connectas, que a su vez está asociado con el ICFJ, y eso le dio una dimensión diferente porque era un proyecto cobijado por el máximo organismo de periodistas que hay a nivel mundial. Eso le daba mucha fuerza en cuanto a la publicación y en cuanto al coacheo inicial que él tuvo con Daniel Santoro. Eso fue muy importante.

Desde luego en MVS estaban muy pendientes de lo que estaba pasando, aunque no sabían con exactitud qué estaba sucediendo, pero algo intuían.

También seguimos el ejemplo internacional de publicar simultáneamente en varios medios; el hecho de que nunca se hubiera hecho en México no quiere decir que no sucediera en otras partes del mundo. El Presidente, en algún momento, dijo algo así como que hacerlo era como un intento desestabilizador, lo cual me parece que es una visión bastante chata, por lo menos de quienes lo asesoran en materia de comunicación. No le explicaron que estas salidas en bloque son una práctica que tiene ya años y que se viene desarrollando en otras partes del mundo, y que no se había hecho en México. Pero eso no significa que nos hayamos puesto de acuerdo para tirar al Presidente. No es eso.

RC: La verdad creo que desde el inicio fue una historia muy afortunada por el coacheo de Connectas y del ICFJ, por poder llevarlo a la Unidad de Investigaciones del noticiario de Carmen Aristegui, trabajar directamente con Daniel y los compañeros; después se sumó todo el equipo de producción. Entonces yo creo que la grandeza del reportaje está en lo que aportó toda la gente. Todos tuvimos un papel, cada quien dio algo y siempre fue aportar para que creciera y creo que es un esfuerzo colectivo. Hubo muchísima gente detrás que creía en el proyecto, y que puso en riesgo su estabilidad laboral y patrimonial por el periodismo.

Creo que esa parte es muy de agradecerse.

 

AR: En la parte final del libro, donde hablan de Virgilio Andrade, ustedes dicen muy claramente que muestran hechos, no los califican; que no acusan sino documentan. ¿Qué posibilidades abre este tipo de periodismo muy descriptivo? En el medio periodístico mexicano a diario hay muchas declaraciones y acusaciones.

SB: Si algo me ha dejado de aprendizaje este reportaje es que el público está esperando que haya más trabajos de este tipo, porque si de algo está cansado es de las declaraciones y de los dichos que no se comprueban, de las filtraciones que nunca se sabe a quién benefician. Creo que hay un público que lee noticias y que está entrenado para saber qué información es de calidad y cuál no.

En ese sentido creo que los periodistas tienen un gran campo de acción porque hay una necesidad de información, de buscar qué están haciendo los poderosos, los empresarios, y en ese sentido el periodismo sí tiene un campo de acción importante.

RC: Es muy interesante que ahora el término “periodismo de investigación” está más en el habla de la gente. No nos vamos a colgar la medallita, pero creo que este trabajo sí fue como un impulso de decir “por allí tiene que ser”. Está padre que la gente esté más preocupada en la documentación, en la rendición de cuentas, en la transparencia, etcétera. Todo eso creo que es un buen fruto de este trabajo.

DL: Creo que lo que tratamos de hacer, en la medida de nuestras posibilidades, es llevar este tema a los estándares más altos del periodismo internacional porque daba para eso, tomando en cuenta lo que se está marcando a ese nivel a través, fundamentalmente, del ICFJ, de la Fundación García Márquez (de la que yo he sido alumno durante muchos años) y de la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación. En México hay algunos que han abierto brecha y no se les ha reconocido mucho, como Ignacio Rodríguez Reyna, que alguna vez fue director de una revista de Milenio y de El Universal.

Pero insisto: esto ha sido más por esfuerzos personales que nos han enseñado hacia dónde ver, cómo mirar y cómo hacer las cosas mejor.

 

AR: Para divulgar el reportaje hubo dos decisiones importantes: no sacarlo en MVS sino en la página de Aristegui Noticias, y por otra parte, convocar a varios medios a que lo publicaran. ¿Cómo fue la selección de estos medios?

DL: La selección venía por los espacios que, desde nuestra perspectiva, contaban con compatibilidad editorial y con la suficiente libertad también. Obviamente no podíamos ir con algún medio del que nosotros creyéramos que pudiera haber notificado al gobierno; necesitábamos mantener la secrecía sobre la investigación en la medida de nuestras posibilidades. Estamos seguros de que el gobierno sabía que iba a salir el trabajo, pero de lo que estoy también cierto es que no sabían el calado, la profundidad de lo que teníamos, y eso jugó a nuestro favor. Esto lo conservamos hasta el momento mismo en que se publicó.

RC: Es lo que te decía: que fue un reportaje afortunado por estas alianzas, todo el superequipo de medios internacionales que tuvimos y de las que no podíamos pedir más (era lo máximo que podíamos tener) y también los nacionales. También por esa parte fue muy afortunado el texto, porque cuando nos quedamos sin la potencia de la radio era como pedir ayuda para replicar, y logramos romper de ese modo el silencio que se hubiera dado si hubiéramos salido solos. Pero cuando lo empezaron a replicar otros medios nacionales, después llegaron de Estados Unidos y posteriormente de los demás países. Esa parte fue muy afortunada para el destino del reportaje.

 

AR: Daniel: en el libro se recuerda un caso de censura previo sobre ti, en tiempos de El Universal, en la época de Vicente Fox. ¿Qué experiencias has tenido de esto? ¿Esas situaciones han cambiado con el regreso del PRI a la Presidencia? Ha habido un proceso de democratización en el país, sin duda.

DL: Yo creo que es igual cuando tocas una fibra sensible de cualquier gobierno. Es decir, esto le pasa al periodismo de investigación en cualquier régimen. Puedes escucharlo tanto con la gente de izquierda, casos graves como los de Evo Morales y Hugo Chávez, como nos pasa a nosotros. Me parece que es una de las consecuencias que tiene el periodismo de investigación cuando acierta a dar en el blanco a asuntos que molestan y que el poder quiere tener bajo control.

Entonces a veces hay que ser muy conscientes de que si te pones a hacer este tipo de periodismo no importa quién esté en el gobierno, y el día que le toques el cajón prohibido van a responder así. Eso es una experiencia internacional.

Lo segundo es, por la misma experiencia que tú mencionas y que plasmo en el libro, en El Universal yo me quedé muy frustrado en aquella ocasión porque lo que trascendió más hacia la opinión pública fue el golpe de censura y no la información. La gente nos preguntaba “¿qué cosa fue la que te censuraron?”. Lo que prevalecía era la historia de la censura más que la carne de la censura.

Entonces lo que tratamos de hacer tras esa experiencia es buscar la manera en que se supiera lo que no querían que se supiera; es decir, poner por delante la información, y después platicamos de la censura. Así, al principio, si ustedes se fijan, todo lo hicimos por mantener y posicionar el tema, que era el punto. Me parece que, más allá de un asunto de nuestro equipo, de lo que logramos conseguir, era nuestra obligación hacerlo porque era un asunto de alto interés público. Luego entonces, teníamos la responsabilidad profesional de sacarlo.

 

AR: En el volumen se cuentan presiones de la Presidencia, de los Vargas, etcétera. ¿En algún momento se sintieron en un riesgo mayor que el de la censura al hacer este trabajo?

RC: No, yo personalmente no. Sería mentir y frivolizar un tema delicado. Pero no: creo que nadie sufrió amenazas o agresiones, nada de eso. Sí hubo un alto grado de estrés en el equipo porque sabíamos que estábamos en una posición bastante delicada. Cuando salió el reportaje y vimos que todo seguía y que salió bien, que la Presidencia lo tuvo que admitir y todas sus consecuencias, pues nos sentíamos de algún modo seguros. Dijimos “¡ya!”, e incluso había la apreciación de que si llegábamos a diciembre seguiríamos en el programa de radio.

Todo iba bien en realidad: a inicios del año estábamos trabajando, era un gran momento para el programa de radio, y de repente vino este conflicto absurdo que inventó MVS. Allí fue cuando lo supimos: nos la cobraron. Obviamente, si esto era de inmediato a la publicación del reportaje iba a ser muy evidente; se esperaron y buscaron cualquier pretexto, uno totalmente estúpido. Pudo haber sido eso u otra cosa. Pudimos haber durado una semana o algo así, pero en realidad ya estaban sobre nosotros; nada más estaban viendo cuándo.

 

AR: Virgilio Andrade, en sus investigaciones como secretario de la Función Pública, no hizo siquiera mención a su trabajo; llegó a la conclusión de que en el asunto de la casa blanca no se podía hacer nada. ¿Tienen algo de frustración al respecto?, ¿qué efectos tuvo, según ustedes, el reportaje?

SB: Sobre los aspectos legales que no se pueden concretar no sentimos frustración porque no depende de nosotros; lo que dependía de nosotros era entregar un trabajo profesional, bien cimentado y que se compartiera con la sociedad. Ya si el marco legal no da para eso, si las instituciones mexicanas en realidad no están hechas para investigar un posible caso de corrupción o de conflicto de interés de la Presidencia, es otra cosa.

Nosotros intentamos no sentirnos frustrados por eso, y más bien vemos que hay algunos aspectos positivos: se discute sin tecnicismos el tema de la corrupción, hay algunos avances en las leyes y, sobre todo, existe una especie de renacimiento del periodismo que vigila a los políticos.

DL: Si los lectores nos hacen el favor de leer el libro van a poder enterarse de algo que nos retrasó la publicación, que fue el informe oficial. Hacemos todo un trabajo de desmontar la versión oficial, el trabajo de Virgilio Andrade. Era importante que lo hiciéramos porque nos encontramos con que el reportaje no aparece en las más de 60 mil fojas. Ni una sola mención.

No es porque nos interese que nos mencionen, por un afán protagónico absurdo, sino que eso tiene una razón de fondo, y es que nosotros planteamos el nacimiento del conflicto de interés desde cuando Peña Nieto era gobernador del Estado de México. Entonces se trataba de tomar el reportaje desde el origen, pero el diseño de la investigación fue que al Presidente sólo lo iban a indagar a partir de que había asumido este cargo. ¿Cómo hacen para investigarse a sí mismos? Yo digo que son como los perros cuando tratan de morderse la cola, que están dando vueltas. Agarraron una nota de un periódico, de la senadora Laura Rojas pidiendo que al Presidente se le investigue por conflicto de interés. A partir de esa nota se investigó al Presidente, y es allí donde justifican la delimitación espacio-temporal de la investigación. Claro, es como correr con los ojos cerrados, cuando el origen del problema era otra cosa, como lo pueden ver en el libro.

 

AR: En términos tanto positivos como negativos, ¿cuáles han sido las consecuencias personales, profesionales e incluso gremiales de practicar este periodismo?

DL: Yo he visto una gran solidaridad, en general, de los compañeros, de todos los reporteros no sólo de México sino, especialmente, de Latinoamérica. Eso a mí me ha gustado mucho; creo que nos hemos sentido bastante cobijados por el gremio. Eso sí nos da satisfacción como grupo y a nivel personal, pero también es una responsabilidad porque nos hemos puesto la vara demasiado alta, y entonces hay que seguir brincando a ese nivel. Lo malo de ser profesionales convertirte en atleta de alto rendimiento es que tienes que mantener los tiempos (risas).

Entonces yo lo veo en ese sentido: me da mucho gusto pero también lo asumo como una responsabilidad. Obtener los premios García Márquez, Connectas del ICJF y Nacional de Periodismo yo lo siento como una responsabilidad.

RC: Más que un apapacho, un premio es una responsabilidad. Estamos agradecidos totalmente después de tanta cosa fea que nos pasó; fue como un abrazo de la vida y que también hay cosas buenas.

En cuanto al periodismo, creo que hay muchos esfuerzos muy importantes en México, hay muy buenos reporteros. A mí lo que me parece interesante es que la mayoría de los reporteros que están tratando de hacer cosas distintas, un poco más profundas, lo están haciendo desde el free lanceo. Como que sí hay una parte generacional de periodistas que están rehuyendo a los medios con la idea de que es poco constructivo el sistema de medios y tratan de hacer su trabajo desde la independencia, con todo lo bueno y lo malo que tiene esto (la verdad, económicamente es difícil, duro en cuanto a sustentabilidad). Pero sí veo que hay esa intención, y creo que sí hay más gente como queriendo hacer investigación. Sí fue como un impulso de recordar que el periodismo de investigación también existe.

DL: Creo que hay una generación de jóvenes que están empujando para que se haga eso en México, y me gusta que tengan el impulso y que pongan la mirada fuera, porque realmente donde aprendemos es allí.

 

AR: Ahora vayamos al lado negativo: por ejemplo, citan el caso de Salvador García Soto, quien escribió que el reportaje fue producto de una filtración de Marcelo Ebrard.

DL: Yo creo que es de esperar que el poder dé coletazos, como los ha dado en todo el mundo; se los ha dado a quienes considero mis maestros, como Mónica González en Chile, Gustavo Gorriti en Perú y Daniel Santoro en Argentina. Lo que nos dicen ellos es: ¿qué esperaban? Si van y le rascan la panza al tigre, ¿qué esperan que les pase? Entonces es madurar como periodistas y entender que eso te puede pasar.

Lo importante de esto es estar seguro de lo que hiciste, y en ese sentido tienes que aguantar; tienes que estar, tanto en lo personal como en lo familiar, pensando en que esto va a tener un costo, que en este caso fue el empleo, con todo lo que eso implica, porque a quienes vivimos de esto sin cobrar por fuera, sin pedirle dinero al gobierno (como tantos periodistas lo hacen en este país), pues sí nos pega y nos mueve la vida. Entonces hay todo un reacomodo que cada uno tiene que ir procesando por sí mismo.

RC: Siempre va a haber críticas negativas. Estuvo lo de este señor de El Universal, e incluso había gente que decía que básicamente Connectas y el ICJF nos habían hecho la investigación, pero no llegan a entender cómo están los mecanismos que ahora se utilizan. El periodismo de investigación no es nada más de que algo se me ocurra y que uno no pueda solo; necesitas ayuda y existen estos organismos que, afortunadamente, te ayudan, te impulsan, te guían, te financian de algún modo no para que le pegues a un gobierno sino para que hagas periodismo. Ellos no se meten en la parte editorial, que es, básicamente, responsabilidad de cada uno.

Entonces siempre hay críticas negativas, pese a que el reportaje es tan sólido y tiene todas las pruebas; aun así, al final de cuentas venían andanadas en contra. Pasamos lo de García Soto, lo del despido…

DL: Los ataques personales también…

RC: … y el reportaje siguió vivo. La solidez lo hizo mantenerse vivo, firme, y aquí estamos.

DL: Pensamos mucho en incluir o no finalmente el asunto de ese columnista; con la decisión de la editorial lo incluimos como nota del autor. Pero a final de cuentas creo que la reflexión que hemos hecho es que para el poder es mucho más fácil acusar una filtración que reconocer un error. Es decir: alguien allí cometió un error muy grave, que fue permitir que Angélica Rivera hiciera esa entrevista en la casa, con las obras de arte, amueblándole y arreglándole la casa exprofeso, y que no cuidaran lo que iba a decir, dejando que el arquitecto de la casa dijera lo que dijo.

Entonces me parece que allí hay un error gravísimo de comunicación institucional; insisto, es más fácil decir “alguien se los pasó” a reconocer un mérito periodístico. ¿Por qué? Porque reconocerlo es asumir que ellos cometieron un error.

RC: Es más fácil la conspiración política: como siempre, pensar que todo se limita a Andrés Manuel o a que fue Ebrard, que es la solución simplista. No sé si haya sido un error; la verdad es que creo que están tan empoderados que no les importaba y decían “aquí no van a investigar”. De algún modo quizá no sea un error porque se sentían muy seguros.

 


*Entrevista publicada en Metapolítica, núm. 97, abril-junio de 2017.

lunes, abril 06, 2015

Carmen Aristegui: ficción y facción. Entrevista con Marco Levario Turcott




Carmen Aristegui: facción y ficción
Entrevista con Marco Levario Turcott*
Por Ariel Ruiz Mondragón
Sin lugar a dudas, en el escenario informativo de nuestro país Carmen Aristegui ocupa un lugar destacado. Conductora del noticiario que lleva su apellido en CNN en Español y de Primera Emisión de Noticias MVS, así como editorialista de Reforma, es una de las periodistas mexicanas más influyentes de los últimos años.
Debido a su intensa, relevante y polémica labor profesional que en varias ocasiones la ha colocado en el centro de airadas discusiones, ahora el trabajo de la comentarista ha sido objeto de una revisión crítica en el libro El periodismo de ficción de Carmen Aristegui (México, Urano, 2013), de Marco Levario Turcott (Ciudad de México, 1966). En este volumen el autor revisa el ejercicio informativo de la comunicadora a partir del estudio del tratamiento que dio a siete casos.
Sobre dicho libro Replicante conversó con Levario Turcott, quien es director de la revista Etcétera. Estudió Ciencia Política y Administración Pública en la UNAM y ha sido profesor en la Escuela de Periodismo Carlos Septién. Ha colaborado en diarios como El Nacional, Milenio Diario, Unomásuno y La crónica de hoy, así como en revistas como Nexos y Este País. Fue comentarista en Televisa y TV Azteca, y conductor en Canal 11; también trabajó en Núcleo Radio Mil y Radiorama. Autor de tres libros, en 1998 recibió el Premio José Pagés Llergo por artículo de fondo.

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué hoy un libro como el suyo? Dentro del amplio mosaico mediático mexicano, ¿por qué aplicarle a Carmen Aristegui y no a otros el trabajo de “verificación social del trabajo informativo y de opinión”?
Marco Levario (ML): Durante 24 años he realizado la verificación social del trabajo informativo y de opinión. Durante esos años, como subdirector y director de la revista Etcétera —en su primera época como revista semanal y en la segunda como publicación mensual— he sido editor de cerca de mil textos y autor de más de 500. El tema de las dos grandes televisoras de México, Televisa y TV Azteca, concentra poco más de 300 artículos, sin contar el espacio que les he dedicado en tres libros. En estos he criticado sus contenidos, y por supuesto que también he subrayado la concentración duopólica de ambas empresas en desdoro no sólo de la competencia en el ramo sino de una oferta de muy mala calidad.
Hasta antes de escribir el libro sólo había elaborado ocho artículos sobre ese periodismo que se declara a sí mismo como “alternativo”, en particular cinco sobre Carmen Aristegui. El sesgo me pareció notable y esa es una de las primeras razones por las que lo escribí. Otra es que Aristegui es la única profesional que se plantea a sí misma como una nueva opción de comunicación, y con el libro pretendo demostrar que no existe una sola alternativa dentro del periodismo pero, sobre todo, busco dialogar al respecto de sus cánones éticos y profesionales, que no me parecen ni alternativos ni idóneos.
En tercer lugar escribo el libro porque es innegable el protagonismo político de Aristegui, y sobre esa base creo que ella configura el ejemplo más notorio de lo que llamamos “periodismo de facción”. En cuarto lugar porque, como ella misma ha dicho, no hay ni debe haber tema vedado.

AR: En una parte del libro afirma que la periodista “alude asiduamente a ideas incontrovertibles: códigos éticos o principios deontológicos en general (es decir, no precisa), y a prontuarios incuestionables”. ¿Qué tan congruente ha sido Aristegui con los postulados que enarbola?
ML: La incongruencia más llamativa, desde mi punto de vista, es que la periodista no precisa planteamientos deontológicos o éticos sino que los menciona a nivel general, como proclama. Pero aun dentro de esa suerte de proclama, en efecto ella ha suprimido, en no pocas ocasiones, el derecho de réplica —dentro del libro ofrezco datos específicos al respecto—, y ha transgredido aspectos profesionales tan básicos como la elección de la fuente para dirigir sus baterías, como consigna política, contra el otro. Por ejemplo, Aristegui se basó en “lo que se percibe en las fuentes” para referirse al presunto alcoholismo del entonces presidente Felipe Calderón, no obstante que ella misma dijo que no tenía un solo elemento para afirmarlo. En todo caso tenía la alternativa ética y profesional de iniciar una investigación al respecto, pero no; lo que ella solicitó, como un actor político, fue que Presidencia de la República diera una respuesta nítida, clara y formal para aclarar si Calderón tenía o no problemas de alcoholismo.

AR: Un asunto importante es que ella ha ofrecido ha ofrecido al suyo como una suerte de periodismo alternativo. ¿Qué tan parecidas y qué tan diferentes son sus prácticas de las de otros colegas?
ML: Me parece que Carmen Aristegui recurre a las mismas estratagemas del periodismo más cuestionable al omitir o manipular información; por ejemplo, ella nunca aceptó frente a las audiencias (y así conculcó el derecho a la información que estas tienen) que erró al darle un gran espacio, horas, a un tal José Luis Ponce de Aquino, quien durante el proceso electoral pasado demandó al candidato Enrique Peña Nieto y a parte de su equipo por fraude al no pagarle un contrato para publicidad en la Unión Americana. Sin embargo, después una Corte de California desechó la demanda al considerarla frívola y sin sustento; varios meses después, el Instituto Federal Electoral (IFE) hizo lo propio: por unanimidad desechó el recurso de queja de los partidos políticos opositores al PRI que tomaron como base el testimonio de ese hombre, de quien posteriormente se supo que ni su nombre era cierto. Aristegui nunca reconoció que le había dado una enorme preeminencia a un charlatán y, con ello, en muchos de sus seguidores, dejo la certeza de que De Aquino tenía razón en su demanda.

AR: ¿Cuál es el caldo de cultivo que ha generado que el periodismo de baja calidad, sustentado en dichos, en rumores y especulaciones de redes sociales, resulte tan exitoso?
ML: El más inmediato es el protagonismo de la periodista, quien dice de sí misma que es la voz cantante de sus programas y eso, en consecuencia, promueve que existan seguidores o fanáticos suyos que no aceptan más verdad que la que sale de los micrófonos de Carmen Aristegui, y que consideran que cualquier crítica en su contra es un “golpe bajo” o está motivada por oscuros intereses. Por ello no han estado dispuestos al intercambio intelectual al que invita mi libro y sólo descalifican.
Además, Aristegui ha creído que el periodismo alternativo es aquel que se basa en lo que se dice en las redes sociales, y ello es muy riesgoso para la calidad ética y profesional del periodismo. Es tan riesgoso que la misma periodista ha sido injuriada en las redes sociales, lo cual yo en lo personal rechazo de manera contundente. Con sus propios lentes, Aristegui debería dar una respuesta clara, nítida y formal de lo que se dice de ella en la Web 2.0.
Con el enfoque que propongo en mi libro, vale la pena desestimar ese tipo de ataques provenientes de Facebook y Twitter. La propia Aristegui ya rechazó hace un par de meses lo que de ella se dice en las redes; pero lo hizo cuando se trataba de ella, no cuando se trató de otro, como fue el caso ya mencionado de Felipe Calderón.

AR: ¿Cómo ha explicado la periodista sus cambios de opinión? Por ejemplo, decía que las mejores organizaciones en el mundo son cada vez más horizontales, pero reclama llevar “la voz cantante”; negó que obtuviera un porcentaje de la comercialización informativa en W Radio, aunque después, con MVS, aceptó ese mecanismo; en una conferencia de prensa postuló que no debería haber preguntas prohibidas y, acto seguido, salir de ella sin aceptar ningún cuestionamiento.
ML: Esa es una más de las características de Aristegui: no le explica a las audiencias sus cambios de opinión: por qué un tiempo trabajó en la campaña de Carlos Salinas de Gortari para ser Presidente de la República, y luego pasó a ser una de sus principales adversarias; por qué trabajó casi 10 años en Televisa, en las pantallas de televisión y en la XEW, en donde la empresa tiene una alianza con Prisa, y por qué luego pasó a ser una de las más notables enemigas de la empresa de Chapultepec.
En el ámbito periodístico no sabemos por qué ella dejó de creer en la horizontalidad para, junto con el equipo editorial, definir los énfasis noticiosos, y pasó a declararse, como ya dije, la voz cantante. En el libro ofrezco más ejemplos de la falta de explicaciones de Aristegui que, en consecuencia, espera fundamentalmente que se le crea. A diferencia de esto, yo creo que el consumo de las noticias y de la opinión que generan no son ni deben ser asuntos de fe.

AR: Uno de los principales capítulos es el dedicado al presunto alcoholismo de Felipe Calderón. A partir de una manta mostrada en la Cámara de Diputados y de la maledicencia en redes sociales, Aristegui quiso construir un caso periodístico (que, curiosamente, Julio Scherer García continuó en un libro a partir de los dichos de uno de los malquerientes de Calderón). ¿Qué nos dice este caso del periodismo de Aristegui?
ML: Como he dicho, es uno de los casos más emblemáticos del periodismo de facción y de ficción. En la primera vertiente porque se trató de una línea de actuación política en contra del gobierno federal y, en el segundo, porque como ella misma reconoció no tenía ninguna base periodística para registrar el tema.
Este caso es sugerente también porque la periodista antepone su opinión sobre el indicio, el dato o el hecho verificable, y porque lo que sucedió después —su cese momentáneo de parte de los directivos de MVS— le ayudó mucho a fraguarse una imagen de heroína que le ha resultado muy exitosa.

AR: Cuando ocurrió la pregunta por el alcoholismo de Calderón, MVS anunció el despido de Aristegui por cuestiones de transgresión al código ético; sin embargo, tiempo después, en plena batalla por las concesiones de la banda 2.5 gigahertz, Joaquín Vargas dijo que aquel asunto había sido en realidad por presiones del gobierno federal para que la periodista se disculpara. ¿Cuál fue la posición de la periodista ante ese cambio de versión de MVS?
ML: La periodista guardó silencio otra vez, no dio explicaciones ni tomó postura, sólo retomó los micrófonos de MVS. No dijo nada aunque el señor Joaquín Vargas hubiera declarado que ella misma participó con una propuesta de redacción para saldar el problema entre Presidencia de la República y MVS.
Su causa era ella misma, aunque dijera que su despido ponía en vilo a la libertad de expresión en nuestro país, como lo hace siempre que tiene problemas con las empresas para las que trabaja. Bueno, en el caso de Televisa no fue así ya que, como detallo en mi libro, Aristegui elogió mucho a los directivos de la empresa luego de que salió de trabajar de ahí, y comentó que tuvo toda la libertad para desarrollar su trabajo.

AR: ¿Cuál ha sido el comportamiento de la conductora respecto a sus conflictos con W Radio por su desacuerdo contractual, y por su breve despido de MVS por asuntos éticos? Porque parece haber sabido capitalizar muy bien ambos episodios.
ML: Sobre esas dos vertientes Aristegui ha tenido la astucia suficiente para salir bien librada, incluso como una prócer del trabajo periodístico. Un ejemplo de la enorme insolvencia que tiene esa imagen está en que ella misma —y, claro, sus seguidores— se asume como opción de pluralidad informativa cuando ella no es sólo la voz cantante en la selección y en la opinión de las noticias, sino porque los puntos de vista de expertos y académicos que convoca siempre giran en torno a lo que ella hace y dice. No hay opiniones distintas a las de ella, y cuando llega a haberlas, las desestima; por ejemplo, Alfredo Figueroa y Lorenzo Córdova, que son parte integral de las opiniones de su informativo en MVS, dijeron que la demanda del mencionado De Aquino carecía de sustento y que por ello el IFE había desechado el recurso legal interpuesto contra el PRI (hay que recordar que en ese entonces Figueroa y Córdova eran consejeros electorales). No obstante, Aristegui siempre desestimó esos pareceres.

AR: ¿Cómo explica que Aristegui, quien ha ganado tantos premios periodísticos, haya dado tan amplia cobertura a casos que resultaron tan endebles y que prácticamente terminaron en la nada o en sentido contrario a las suspicacias que había levantado ella misma, como los de José de Aquino, Soriana, Monex y las falsas camionetas de Televisa en Nicaragua?
ML: Ella cree, y así lo ha expresado públicamente, en el ejercicio del “derecho a la suspicacia”, y lo ha desplegado bien para confundir la opinión y las insidias con el trabajo periodístico. Esa imagen tiene soporte social, sin duda, y fundamentalmente se encuentra en las bases militantes de la llamada izquierda, en particular de Morena y de su líder principal.
El tema es complejo, claro: una periodista con inconsistencias éticas e intelectuales (y culturales) tan notables tiene éxito o presencia pública por las ganas de creer de consumidores de medios que no acostumbran verificar o contrastar la información que reciben. Pero la presencia pública también se debe a que la periodista nunca se contenta —y esa es una virtud— con el boletín oficial o con los voceros del gobierno, lo que le ha generado credibilidad, a pesar de que su talante informativo, en entrevistas con representantes del gobierno, por ejemplo, tengan más la mística aquella de “¡Que pase el desgraciado!” que la vocación por hacer de la entrevista un diálogo civilizado y un servicio a la ciudadanía.

AR: Recupera una declaración que Aristegui hizo a Telemundo en 2002, cuando dijo que cuando hizo Círculo rojo en Televisa en esta empresa “fueron muy respetuosos. Para nosotros fue un hallazgo trabajar con ellos”. ¿Cuál fue el punto de desencuentro de la periodista con Televisa?
ML: Más que puntos de desencuentro veo alineaciones; ella ha preferido, digamos, luchar contra los malos (las televisoras) arropada por uno de los hombres más ricos del mundo, y lo ha hecho con éxito también (aunque en este caso sea relativo) pues nadie entre sus seguidores le cuestiona ese aspecto.
El contrato que firmó con MVS, al menos el que rigió entre 2012 y 2013, le especifica un porcentaje amplio por concepto de la publicidad difundida en el noticiero que conduce, y la mayor cantidad de anuncios son de empresas de Carlos Slim; es decir, buena parte del sueldo de Aristegui proviene de ese empresario.
Al respecto, yo no establezco juicios de valor, y menos practico el estilo de Aristegui y sus seguidores: quemar en leña verdad a quienes no piensan como ellos. Sólo señalo ese aspecto, más allá de la doble moral de ese supuesto periodismo alternativo, porque esto no se trata de héroes y villanos, o al menos creo que el asunto es más complejo.

AR: En diversas partes del libro hay menciones a la audiencia que ha creído en estos casos, que, con severas deficiencias, ha construido la periodista. ¿Cómo describe al público de la emisión de Carmen Aristegui?
ML: Creo que una pauta clave dentro del campo informativo es que los ciudadanos valoren la información que reciben y, aunque en nuestro país no tenemos la tradición que hay en Perú o Colombia con las llamadas “veedurías de medios de comunicación”, poco a poco hemos avanzado en la revisión de los contenidos, a tal grado que incluso ya no es raro que dentro de lo que llamamos opinión pública se den debates sobre una noticia proporcionada por tal o cual medio.
En el caso específico de las audiencias de la oferta periodística de Aristegui, no existe la costumbre de que ella explique sus definiciones editoriales con claridad, ni hay quienes dentro de las emisiones del programa equilibren los puntos de vista. Esto no es poca cosa porque entonces las audiencias no reciben explicaciones ni información transparente, por ejemplo, para aceptar errores o desproporciones en las que incurre la conductora, sobre todo en beneficio de una opción política. Un ejemplo del público al que se dirige Aristegui está en el notorio contraste que hay entre una entrevista de ella a un funcionario del gobierno y otra a un militante de Morena.

AR: En el libro señala “la precaria calidad ética y periodística” del programa de Aristegui. MVS cuenta con un Defensor de la Audiencia. Entre sus lineamientos se señala que “El objeto básico de todos los mecanismos de autorregulación es la elaboración de un producto informativo no sólo de calidad, sino con una gran pertinencia social, cuyo contenido cumpla con la función de la prensa en democracia: proporcionar a la sociedad información suficiente, veraz y oportuna que permita la participación razonada de los individuos en la toma de decisiones de su comunidad”. En ese sentido, ¿cuál fue la actuación de dicho ombudsman en los casos que aborda en el libro?
ML: Gerardo Albarrán es un periodista y, sin duda —al menos para mí—, también un experto en el análisis de los medios de comunicación; fue el primer defensor de las audiencias en la historia de la radio, designado por Aristegui y MVS, y que inició en sus funciones el 21 de febrero de 2011. Creo que los méritos de nuestro colega Albarrán no se pueden regatear; no obstante que mi evaluación cuestiona su labor como defensor de las audiencias de MVS, deploro la forma tan poco clara en la que fue sustituido, al principio de este año, por Gabriel Sosa Plata.
Desconozco cuáles fueron los márgenes de maniobra de Albarrán, pero lo que sí podemos registrar es que en todos los asuntos polémicos su opinión fue a favor del tratamiento informativo y editorial de Carmen Aristegui, incluso cuando llegaron a ser muy notorios los sesgos noticiosos y de opinión, y de que, además, se rechazó el derecho de réplica. Por ejemplo, cuando la comentarista de MVS implicó a Televisa en el delito de narcotráfico cuando, en agosto de 2012, fueron detenidas en Nicaragua varias camionetas con el logotipo de la empresa, en las que había dinero y cocaína. Más allá de ese juicio de tribunal mediático que montó Aristegui en su encomienda contra Televisa y de las falsedades que difundió, pretendo subrayar que los delincuentes detenidos, que encontraron una inesperada y fuerte defensa de Aristegui, mencionaron los nombres de algunos directivos de la televisora, entre ellos Amador Narcia. Cuando Televisa buscó la réplica, Aristegui no la concedió sino hasta varios días después, cuando leyó el comunicado de la empresa, agregando sus propios comentarios, por supuesto. Bueno, pues frente a esa flagrante transgresión de la ética, Albarrán no dijo nada.
En el libro el lector encontrará una decena de ejemplos que registran al defensor del radioescucha más como un apoyo de los dichos de la conductora del noticiero de MVS.

AR: Por el comportamiento de la prensa en México, no sólo de Carmen Aristegui, hay que pensar que el periodismo es tan importante que no se puede dejar en manos de los periodistas (o no sólo de ellos, en el mejor de los casos). En el libro se relata que The Guardian tuvo que pedir disculpas a Televisa ante el riesgo de enfrentar una severa demanda por daño moral (en Inglaterra, por supuesto) tras difundir que esta empresa habría llegado a un acuerdo en 2005 con el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, para promover su imagen personal. También al final del libro recuerda a Jorge Carpizo y su lucha por los derechos a la imagen, a la intimidad y al honor. ¿Nuestro país requiere de más normas legales para limitar los abusos de la prensa?
ML: En la esfera del periodismo (como en tantas otras actividades profesionales) los medios de comunicación necesitamos tener un mayor compromiso con la ética, y para ello vale mucho la pena hacer públicos los prontuarios deontológicos que dan sentido al trato de la noticia que los medios ofrecen; desde luego, hacerlos públicos si se tienen, o concebirlos si se carece de ellos. Me refiero, naturalmente, a la ética como basamento del periodismo y no como coartada para la generación de una imagen, como ha sido el caso de Carmen Aristegui, quien alude a la ética mediante generalidades y sin precisar, más aún sin tener frente a sí misma otros referentes con los cuales intercambiar opiniones; la zona de confort de la periodista, como la voz cantante de su noticiario, no admite polémicas ni en ese ni en otros sentidos.
Por supuesto que también requerimos un entramado normativo ya que en México es muy poco probable que un medio de comunicación o un periodista acepten alguna equivocación u ofrezcan disculpas, menos una persona como Aristegui, de quien, en la construcción de su imagen, predomina la impronta del heroísmo periodístico e infalible.
Junto con la falta de una cultura de la ética y la legalidad, las leyes mexicanas son laxas respecto a transgresiones de la vida privada e íntima, violaciones a la imagen y aquellas que tienen que ver con la injuria.
No deja de ser curioso, en efecto, que un diario de la talla de The Guardian ofrezca disculpas a Televisa por un error que ocurrió primero en México, cuando Jenaro Villamil le puso su nombre a unos papeles anónimos —que llegaron también a Etcétera— para hacerlos pasar como una investigación suya y así publicarlos en Proceso. Y ahora que hablo de la falta que nos hace una cultura de la ética podemos concatenar esa ausencia con que haya quienes consideren que esas transgresiones profesionales en las que incurrió Villamil son parte de un periodismo alternativo.

AR: Una de las conclusiones valiosas del libro es la de la necesidad de observatorios o veedurías sociales de los medios de comunicación. ¿Por qué no se ha avanzado en esa materia en nuestro país?
ML: Creo que por razones como la falta de interés del propio Estado y del gobierno por alentar ese registro ciudadano de contenidos, aunque el tema es difícil pues los organismos ciudadanos que se han manifestado interesados en esos asuntos han mostrado una asombrosa proclividad al activismo político más que a una revisión seria de las omisiones o distorsiones informativas; son parte integrante de una especie de cofradía.
Además de ello, creo que también en el campo de la academia se estila más la politización intensiva que el análisis de los medios, y en esa perspectiva predominan las prácticas militantes.

AR: Al inicio del libro señala que “la vocación periodística de Carmen Aristegui muestra claroscuros”. ¿Cuáles son los claros que le encuentra a su quehacer informativo?
ML: Creo que Aristegui es un actor político destacado en el país, entre otras razones por sus opiniones que, aunque predominen sobre el empleo de cualquier otro género periodístico, encuentran correspondencia con lo que amplios sectores ciudadanos piensan; en tal sentido, la práctica militante de Aristegui forma parte de la pluralidad política del país. Esto ha implicado no contentarse con el boletín oficial y menos con el parecer que siempre adula a lo que proviene del gobierno; por ello, gracias a la periodista se difunden temas que otros medios y periodistas omiten (en pleno ejercicio de su libertad de expresión).

*Entrevista publicada en Replicante, marzo de 2014