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miércoles, abril 16, 2014

Emilio Azcárraga Milmo: vida y empresa. Entrevista con Claudia Fernández y Andrew Paxman




Emilio Azcárraga Milmo: vida y empresa
Entrevista con Claudia Fernández y Andrew Paxman*

Por Ariel Ruiz Mondragón

Sin duda, durante la segunda mitad del siglo XX en México la televisión, floreciente industria de la época, tuvo una influencia innegable en diversos ámbitos de la vida nacional, desde la estrictamente cultural hasta la política. Dentro de ese ámbito descolló una empresa que fue prácticamente un monopolio: Televisa. En ella se generaron desde prejuiciadas concepciones culturales en sus programas de diversión, hasta la defensa de su poder económico y político a través del periodismo que en esa empresa se ha ejercido.
El segundo y más significativo líder de la dinastía que ha manejado esa empresa lo fue Emilio Azcárraga Milmo, heredero del gran imperio mediático levantado por su padre. Su poder en tan variados ámbitos del país han hecho que un par de autores se pregunten y respondan lo siguiente: “¿Tuvo algún otro mexicano mayor influencia en la sociedad, la política y la cultura de su país en la segunda mitad del siglo XX? Hasta ahora la evidencia muestra que no”.
Ellos son la periodista Claudia Fernández y el historiador Andrew Paxman, quienes dedicaron años de esfuerzo a desentrañar los misterios de la vida y la empresa del gran patrón de Televisa. Sus hallazgos los dieron a conocer en El Tigre. Emilio Azcárraga y su imperio Televisa (México, Grijalbo, 2013), publicado originalmente en 2000 y cuya tercera edición, revisada y actualizada, circula actualmente.
Sobre ese texto que vincula la biografía de Azcárraga y la historia de Televisa conversamos con los autores. Claudia Fernández (Distrito Federal, 1969) es maestra en Periodismo Internacional por la Universidad del Sur de California; fue reportera de El Financiero y El Universal. Ganadora de los premios Penny Lernoux y Unifem, actualmente es encargada de la comunicación de investigación en la Universidad de Canberra.
Por su parte, Paxman (Londres, 1967) es doctor en Historia por la Universidad Texas en Austin. Fue reportero de The News, México Insight y Variety. También ha sido profesor de Historia en el Colegio Millsaps.
La entrevista consta de dos partes: la primera fue presencial con los dos autores y publicada en Replicante; la segunda fue un intercambio vía correo electrónico con Paxman.

Ariel Ruiz (AR): ¿Cuál es la relevancia de reeditar este libro que apareció en 2000? En las primeras páginas dicen que Emilio Azcárraga Milmo tal vez fue el personaje más influyente en la política, la cultura y la comunicación en México.
Andrew Paxman (AP): En cuanto a la primera edición, escribimos el libro por varias preocupaciones que teníamos por la influencia de Emilio Azcárraga Milmo en la vida nacional, no sólo en la televisión sino en el deporte, en cuestiones de religión, del arte y más.
Nos parecía el empresario más influyente de la segunda mitad del siglo XX en México, en parte por el alcance de sus cuatro canales de televisión, y en parte por su cuasi monopolio sobre las noticias en este país en el sentido de que durante algunos años el 90 por ciento o más de los mexicanos recibían su información por 24 horas con Jacobo Zabludovsky y otros noticieros de Televisa, los que, como bien sabemos, eran el equivalente a voceros del PRI.
También teníamos una preocupación por la calidad de la programación de entretenimiento, la marginación que se dio en las telenovelas al grueso de la población mexicana que es de tez morena, y la manera de construir y representar relaciones entre hombre y mujer, muy machistas y muy sexistas. El darwinismo social era la ideología fundamental de esas telenovelas en las que los pobres deberían conocer su lugar y no aspirar a la movilidad socioeconómica.
Todas esas cosas y hasta la manera en que Televisa metía sus dedos en el futbol eran de gran preocupación. Sabíamos que ya había varios libros, y muy buenos, que trataban la influencia de Televisa, como El quinto poder, coordinado por Raúl Trejo Delarbre. Pero, a nuestro juicio, casi todos los libros ya vigentes, escritos en los setenta, ochenta y noventa, predicaban, hasta cierto punto, a coro. Tenían una perspectiva aceptable pero muy crítica que era al gusto de gente de convicción izquierdista, de los estudiantes de la UNAM, de los lectores de Proceso y La Jornada.
Pero ¿qué pasó con la mayoría de los mexicanos que no cabía en esos sectores? Queríamos dirigirnos a las amas de casa a las que les gustaban las telenovelas, a la afición del futbol, a la gente que se consideraba apolítica. Deseábamos alcanzar a esta gente por contar la vida, muy interesante, de un empresario sumamente controvertido; además, que esa gente, al leer el libro atraída por la salsa del carisma y los amoríos del Tigre, pensará también estos temas personales con los asuntos analíticos antes mencionados, los mismos que tocaban Raúl Trejo y los demás comunicólogos en su volumen.
De esa forma quisimos ampliar el terreno del debate, la conversación nacional sobre la televisión para que aún más personas, cuando prenden la televisión, lo hagan con conciencias más abiertas, con un cuestionamiento de lo que están viendo.

AR: Para mí el libro es mucho más que una biografía: la crónica apasionante del desarrollo de una empresa y una industria. En ese sentido quisiera ver estas dos variables: por una parte la empresa y por otra la vida personal de Azcárraga Milmo. ¿Cómo se mezcló su vida personal con la empresarial?
CF: No imaginamos otra manera de contar la historia de una persona. Tú sabes que la formación temprana de un individuo determina, en gran medida, su adultez. Cuando decidimos acercarnos a este personaje bajo el género de la biografía teníamos muy claro que tendríamos que indagar sobre su vida personal, la cual era muy privada. Todo mundo sabía que se había casado cuatro veces, que tenía amantes y amoríos, pero nadie sabía realmente qué había detrás de esas historias, y a Andrew y a mí nos interesaba mucho conocer esos pilares de su vida, esos andamios que nos iban a explicar el por qué como empresario actuaba de tal o cual manera.
La relación con su padre definitivamente determinó en gran medida su carácter; su padre, yo creo que como muchos otros en esa época, trató de usar mano dura para sacar el varón en su hijo; era su único hijo varón y quería hacerlo fuerte y duro. Enviarlo a una academia militar también es indicativo de ello, y pueden leerse los efectos que tuvo en su vida posterior. Además, en la escuela militar, en Culver, Indiana, conoció a uno de sus mejores amigos, lo cual también te habla de esta soledad como familiar y de que encontró sus fuertes relaciones personales con amigos en un mundo aislado en ese tipo de colegio.
Sus primeras relaciones amorosas, o la primera, tuvo un gran efecto no sólo en cómo se comportó en todos sus amores posteriores sino también creo que en gran medida en algunos de los rasgos empresariales que tuvo, sus caprichos, su impulsividad. Creo que la muerte de su primera esposa, a los ochos meses de haberse casado y siendo él muy joven, lo marcó; ella, Gina Shondube, fue realmente el amor de su vida: estaba profundamente enamorado de ella cuando murió.
Cuando ella falleció él se fue a Europa a una megaborrachera con todos sus amigos, y allí también descubrió que no era infalible. Entonces hay muchos episodios en su vida que lo marcaron en el cómo iba a comportarse después. Tienes que entender el impacto de esos eventos, en cómo se manifiestan en su vida posterior.
Hay varios ejemplos: el que haya perdido a su gran amor y que esto le haya parecido tan injusto creo que también determinó el cómo vivía: como si después no hubiera tiempo. Todo lo que quería hacer lo hacía porque no sabía cuánto tiempo iba a durarle la vida; entonces, era muy impulsivo en sus decisiones. ¿Por qué no vamos a comprar un yate, vamos a hacer esto o vamos a hacer aquello? Y sin estudios de mercado.
Creo que el crecer de esta manera le desarrolló una visión principesca de él mismo, de ser el heredero natural de la empresa de su padre; no se imaginaba de otra manera. Y todo lo que él pensara tenía que hacerse, que todas las decisiones que tomara tenían que seguirse porque él era el príncipe.

AR: Se ha pensado mucho, sobre todo en los tiempos de la transición democrática, que había una relación de romance, una historia rosa entre los Azcárraga y el PRI. Pero leyendo su libro veo que es una historia muy compleja, con muchos enfrentamientos prácticamente desde que nos les da la primera concesión Miguel Alemán, los problemas por el 12.5 por ciento con Gustavo Díaz Ordaz, los amagos de nacionalización de Luis Echeverría y el desprecio por Miguel de la Madrid. ¿Cómo fue esta relación? No es una historia fácil.
CF: Muy interesante tu apreciación porque es exactamente lo que nosotros tratábamos de plantear en este libro. La primera apreciación de la relación, como de romance, entre el PRI y Televisa, es que nunca fue así. Entre ambos, tanto la empresa como el partido y por ende el gobierno, tuvieron una relación simbiótica que servía a sus intereses; no había una comunión ideológica de ambas partes, sino más bien era “¿cómo puedo hacerle para que tú sigas protegiendo mis intereses monopólicos? Qué necesitas, yo te lo doy”, y al mismo tiempo “¿qué me puedes dar tú como vocero de mis mensajes para que pueda seguir persistiendo?”.
Entonces era como un pacto para mantener el statu quo. Las declaraciones iniciales Azcárraga Milmo, de “soy un soldado del PRI, soy un soldado del presidente” exhiben un pragmatismo político de un empresario muy inteligente, que públicamente no quería esconder su apoyo porque eso le beneficiaba con favores del gobierno cuando tuviera necesidad de concesiones, de la renovación de éstas, de leyes que favorecieran su negocio, etcétera.
Pero considero que hubo roces, desde diferencias de personalidad hasta divergencia de intereses o de ideología política. Luis Echeverría, a los ojos de Emilio Azcárraga, era un socialista que iba en contra de sus intereses, por ejemplo. El caso es que desde entonces veíamos estas diferencias ideológicas o roces por ciertas circunstancias, pero que a final de cuentas servían a los intereses de la empresa que apoya a ese partido.
¿Qué vemos en el presente? Emilio Azcárraga Jean ha actuado de manera distinta en su forma pública de hacer este tipo de declaraciones: desde el principio manifestó “vamos por México”, que le apostaba al país, no a un partido o a un gobierno. Eso le ha permitido moverse en aguas pantanosas en términos ideológicos: por ejemplo, en la campaña del 2000, cuando Francisco Labastida era el candidato presidencial del PRI y Vicente Fox el del PAN, se dio cuenta de que este último llevaba la delantera y era más seguro que fuera a ganar; entonces desvió su apoyo de Labastida hacia Fox. Empezó a darse una equidad en términos de tiempo hacia los otros partidos, había más presiones externas para ser más objetivos e imparciales en su cobertura noticiosa. Pero vemos una clara tendencia a apoyar al ganador o al que vaya a beneficiar sus intereses; lo mismo pasó con Felipe Calderón y recientemente con Enrique Peña Nieto.

AR: Otro tema fascinante que aparece varias veces en el libro es que Azcárraga Milmo sostenía un nacionalismo, pero al mismo tiempo tenía una gran admiración por Estados Unidos. ¿Cómo compatibilizó ambas posturas?
AP: Creo que viene de la procedencia geográfica de su familia, que era norteña, y sabemos que Azcárraga mismo nació en Estados Unidos, cosa que escondió durante toda su vida. Sabemos que su padre. Emilio Azcárraga Vidaurreta, había asistido a un colegio en Austin, Texas; que su abuelo, Mariano (si mal no recuerdo), era agente de la aduana. Entonces pasaba mucho tiempo en la frontera. Su madre venía de una familia irlandesa- norteamericana. Entonces yo creo que por las circunstancias de su niñez, y también, como mencionaste antes, por haber asistido a la escuela Culver, en Indiana, no tenía los mismos prejuicios hacia los estadounidenses que tienen muchos mexicanos que nunca los han conocido.
A la vez tenía un gran patriotismo; pero hay diferentes escuelas de patriotismo en este país. Hay una escuela que surge de la guerra mexicano-estadounidense de los años cuarenta del siglo XIX, y por supuesto lo vemos en las letras del himno nacional: estamos listos para la guerra y el contrincante va a ser, probablemente, Estados Unidos.
Una de las definiciones de la mexicanidad es no ser gringo, como en mi caso: en Inglaterra, la definición de ser inglés es no ser francés. Pero no todos los nacionalismos son de confrontación; también en este país hay un nacionalismo muy fuerte que viene desde la Revolución (aunque hay huellas de este nacionalismo desde el Porfiriato), de adorar o poner en un pedestal lo indígena. Entonces, toda la onda indigenista que surgió bajo José Vasconcelos después de la Revolución es otra faceta del nacionalismo mexicano.
Otra cosa de Emilio Azcárraga Milmo es que no hacía caso a este tipo de nacionalismo; el suyo estuvo más radicado en cuestiones como la lengua española, a la que siempre favorecía: no permitía a los cantantes que interpretaran en inglés en Siempre en domingo y hasta en Telehit: todo mundo tenía que cantar en español.
También se notaba en sus relaciones con la Iglesia: el guadalupanismo casi oficial de la empresa, el transmitir “Las mañanitas” cada 12 de diciembre y su trato con la Iglesia por lo general. En las telenovelas, como en las Marías de Thalía, todos rezaban a la Virgencita...
CF: Su influencia para traer al papa Juan Pablo II, en sus viajes y organizar toda la logística...
AP: El llevar todos los programas de Televisa hasta Estados Unidos, su lanzamiento del canal de noticias Eco. Hubo varias maneras en que quiso proyectar el país. Era un nacionalismo comercial porque beneficiaba a la empresa, y a la vez estaba tratando de elevar la reputación de México en el mundo tanto por la exportación de telenovelas como por el canal Eco, por patrocinar México, esplendores de 30 siglos en tres ciudades de Estados Unidos, así como con los mundiales de futbol.
Entonces, era un gran promotor de México; pero el México que promovía era uno sin peros ni polvo, sin gente morena, principalmente. Un México casi hecho Disneylandia...
CF: Prefabricado.

AR: Respecto a Estados Unidos, me llamó la atención que Azcárraga Milmo fracasara allí tantas veces. ¿Por qué ocurrió esto? Un asunto que encontré es que a él le gustaba ese país por el imperio de la ley y la libertad. ¿No fueron estas características las que no le permitieron triunfar allá?
AP: No, yo creo que tenía que ver más con su prepotencia...
CF: Con su desconocimiento de los mercados estadounidenses.
AP: Sí; decía, cuando iba a lanzar The National, un periódico deportivo en Estados Unidos, “no necesito ningún pinche estudio de mercado”. Y así era; tenía un concepto de cinismo tan elevado, principesco, casi como caudillesco, que pensaba que, como era de la realeza, como si su sangre fuera azul, “no necesito hacer lo que los demás empresarios más pequeños hacen”.
CF: Desdeñaba todo ese proceso.
AP: Tenía un olfato empresarial bueno, pero no excelente; entonces, a veces la falló.
CF: Y la ejecución le fallaba por esa arrogancia de no estudiar realmente las necesidades y las condiciones del mercado. Entonces, proyectos como The National, su contrato con Univisión (que era muy benéfico para ésta, pero no tanto para Televisa, y que duró 25 años, con cláusulas bastante malas para él), la cadena de noticias Eco, etcétera.
Tenía estas visiones y proyectos, pero no los ejecutaba como un empresario profesional, diría yo; era un empresario casi de sangre azul y pensaba que eso le daba las credenciales para lograr éxitos en el mundo de los negocios.
AP: Y también creo que viene de la falta de competencia: no estaba acostumbrado a competir, o muy poco. Tuvo que hacerlo un poco a finales de los años sesenta y principios de los setenta, frente al canal 8 de Monterrey; después, a partir de 1989, en el mercado de cable con Multivisión. Y en estos momentos a veces no le fue tan bien: perdió audiencia y suscriptores porque los demás eran menos prepotentes. Multivisión, por ejemplo, siempre tenía un manejo de mercadotecnia y de servicio a clientes mucho más eficiente y menos déspota que Televisa.
Entonces, saliendo de México y entrando a Estados Unidos, Chile, Perú, España u otros países donde lanzaba o tenía acciones en canales abiertos o donde lanzó televisión de paga, no estaba preparado para competir porque no era su experiencia.

AR: Me refería también a lo de la legalidad y la libertad por dos casos que mencionan: primero, que en Estados Unidos le aplicaron la ley antimonopolio, y por el rechazo de los periodistas de SIN en Miami cuando les quisieron imponer a Jacobo Zabludovsky de jefe.
AP: ¡Bienvenido a Miami, Jacobo! (risas).
CF: ¡Adiós, Jacobo! (risas).
AR: Y aquí en México no se le aplicaron las leyes al respecto...
CF: Es una ley antimonopolios de 1934 que seguimos esperando que se cumpla. También ese desconocimiento del mercado y de la operación de las leyes en Estados Unidos lo que contribuía a este tipo de fracasos, en cierta medida. Esa arrogancia por el no conocer, el no saber cómo se tenían que hacer los procedimientos, ese desconocimiento de un mercado de competencia, en términos de pensar que él podía determinar que podía traer a Jacobo de México y ponerlo en un entorno bastante hostil en donde no tenía ninguna credibilidad... Bueno, tenía credibilidad como periodista, supongo, pero no como vocero del sistema.
Entonces él pensaba que podía manejar todos estos hilos, como lo hacía en su propia empresa, y fue muy duro darse cuenta de que esto no era posible.

AR: En el libro también encontramos la discusión acerca del modelo de televisión (pública o privada), que se quería para el país, y que llegó incluso al discurso de Miguel Sabido sobre la responsabilidad social de Televisa, pronunciado frente al presidente Echeverría, en los años setenta. Finalmente ¿cómo entendió Azcárraga Milmo ese compromiso?
AP: No creo que la palabra “responsabilidad” haya estado en su vocabulario; bueno, responsabilidad hacia sus empleados sí porque era un hacendado, y responsabilidad en el sentido de la relación simbiótica en el PRI. Pero responsabilidad social...
CF: Yo tengo una acotación: creo que en la forma en la que él pensaba su responsabilidad social era proporcionar entretenimiento para la clase jodida que no tenía otra manera de recibirlo; su responsabilidad social estaba en decirle a Miguel Sabido “órale, échate otra telenovela cultural, histórica o educativa”; era llevar México, esplendores de 30 siglos a Estados Unidos porque que estaba promoviendo a México.
Tenía una percepción muy particular de la responsabilidad social, pero pienso que creía en eso.
AP: Sí, tienes razón.

AR: Una de las cosas que más me llamó la atención es la participación que tuvo, por ejemplo, en el Museo Tamayo, la revista Saber ver, y en buscar masificar la cultura. ¿Qué hay de esta otra vertiente de difusión cultural de Azcárraga?
CF: Creo que a lo largo de la historia de Televisa ha habido intentos, más de empleados que de la empresa como tal, para utilizarla como difusora de la cultura y de la educación, como Miguel Sabido y Ricardo Rocha, entre otros ejemplos.
Pienso que en ciertos momentos lo han logrado, y más recientemente con Fundación Televisa. O sea, hay intentos por cumplir con esa responsabilidad social; sin embargo, son aislados, no son parte de una estrategia o de una planeación consistente, sino es por iniciativas propias que se dan este tipo de programas o de eventos, que se terminan y hay otro paréntesis en los esfuerzos por cumplir con la responsabilidad social.

AR: Bueno, hasta tuvo un canal cultural.
CF: Sí, el canal 8, que fue el 9 después.
AP: La actitud de Azcárraga Milmo hacia la filantropía era caprichosa; en los años ochenta el canal 9 se dedicó a una programación puramente cultural, sin anuncios. Después le dijo a Miguel Sabido (quien, si no mal recuerdo, estaba encargado de ese canal), cuando decidió regresarlo a ser un canal con anuncios: “Se acabó tu canal pendejo”.
AR: “Ni es pendejo ni es mío”, le respondió Sabido.
AP: Así es. Lo que veo en esta cuestión es la diferencia entre Azcárraga Milmo y Azcárraga Jean, porque éste ha hecho varias declaraciones sobre su rol filantrópico, que suenan más convincentes porque hay un afán de Fundación Televisa que trata cosas más allá de la cultura, porque bajo Milmo fue cultural nada más.
Hay aspectos sociales de la fundación vigente, como Bécalos, la construcción de escuelas, de vivienda; también hay apertura. Se puede ir a la página de internet de la Fundación Televisa y se puede ver exactamente cómo están utilizando los donativos, cuántas escuelas, cuántos niños se están beneficiando. Eso no sucedía en la época del Tigre, mucho más por el hecho de que su esposa (amante por muchos años) Paula Cussi era aficionada del arte contemporáneo. Entonces, yo creo que es mucho más sano lo que está haciendo Azcárraga Jean en cuanto a sus iniciativas filantrópicas porque hay más cuidado y más transparencia, y además un sentido de responsabilidad social más amplio, más bien pensado, que se nota igualmente en su iniciativa de telenovelas con causa, en las que ha hecho algunos ligeros toques para desarrollar temas de importancia social en las subtramas.

AR: Para finalizar: hay una parte en la que dicen que este hombre, uno de los más ricos del mundo, terminó siendo el hombre más pobre de México. ¿Cómo se explica este fenómeno?
AP: Fue una combinación de circunstancias: el crack de 1995 y el apalancamiento de su empresa, porque había hecho fuertes inversiones, una serie de compras entre 1991, cuando salió a la bolsa, y 1994. Entonces la empresa tenía muchísimas deudas, y, además, él tenía mucha deuda personal. Esa referencia es a su deuda personal, porque había llevado prestado muchísimo dinero para poder comprar las acciones de su hermana Laura. Se debe a eso.

II

AR: Un aspecto interesante es que Emilio Azcárraga Milmo no terminó siquiera la escuela secundaria militarizada en Culver, Indiana, Estados Unidos. ¿Cómo influyó esta no muy amplia preparación académica en la concepción que tenía sobre la televisión y su utilización?
AP: En casi nada. Azcárraga provenía de una cultura que creía en el darwinismo social, según el cual las élites nacen y emergen naturalmente sin tener que prepararse. Aún existe esta forma de pensar hoy en día: los grandes empresarios tienden a mandar a sus hijos a prepas y universidades donde la educación no es la más rigurosa, sino donde asisten muchos niños bien. Estos lugares son aptos para la formación de amistades que les van a convenir a estos hijos en sus futuras profesiones. Las cosas han cambiado un poco, pero México sigue siendo un país donde a quién conoces es más importante que qué conoces.

AR: En varias partes del libro se menciona el acendrado nacionalismo de Azcárraga Milmo; sin embargo, también tenía una gran admiración por Estados Unidos y produjo innumerables telenovelas racistas y clasistas que poco tenían que ver con la realidad de la sociedad mexicana. ¿Cuál era la idea que tenía de México y de sus habitantes? ¿Qué aspectos le parecían defendibles de la cultura mexicana?
AP: Es buena pregunta. Azcárraga defendió a los pobres siempre y cuando reconocieran la supuesta honradez de su propia pobreza. Defendió a los indígenas por exaltar la cultura de los mayas y los aztecas, sin hacer ningún caso a la vida indígena actual. Por otro lado, se enojaba cada vez que algún norteamericano despreciaba a los mexicanos, y el orgullo nacional fue uno de los motivos que le condujo a lanzar el canal de noticias ECO y el diario deportivo The National, y a patrocinar la exposición México: Esplendores de 30 Siglos.

AR: ¿Cuáles eran las ideas acerca de la televisión de los principales creadores en Televisa? Podríamos destacar, por ejemplo, a Valentín Pimstein, Ernesto Alonso y Luis de Llano Palmer, por ejemplo.
AP: Entretener, no ofender, mantener jerarquías sociales y de género, así como fortalecer las buenas costumbres —definidas en términos sumamente conservadores, por supuesto—. Además, permitir que los televidentes escaparan regularmente de lo que describió Azcárraga como “su triste realidad y de su futuro difícil.” Para Pimstein y los demás, esto significó un servicio social. El entretenimiento en sí mismo sí es importante, pero sólo es una parte de una dieta televisiva saludable. Dieron de comer puro postre, no hubo ni carne ni fibra.

AR: Un personaje por demás interesante en esta historia de Televisa es Miguel Sabido, quien propugnaba por el uso de la televisión con responsabilidad social. ¿Cuál fue su relevancia?
AP: Fue y es relevante por dos motivos. Primero, porque sus telenovelas —entre 1975 y 1982— hicieron una contribución cuantificable a la planificación familiar y la alfabetización adulta en este país. Segundo, porque probó que aun en el reino de El Tigre hubo espacio para idealistas —para productores que no se doblegaron frente al Dios Rating— y que apostaron en trabajar adentro del sistema, uno con un alcance inigualable.
Es una buena lección para el presente, a mi juicio: todavía hay posibilidad de usar los canales, aun los de Televisa y TV Azteca, para difundir ideas progresistas. Pero como productor o periodista, hay que saber cómo aprovechar los espacios, cómo defenderse frente a la oposición de ciertos ejecutivos, y cómo resistir la tentación de la autocensura cotidiana. Hay que ser listo y valiente, como era Miguel Sabido.

AR: Se menciona que Azcárraga Milmo no era un gran lector, y que de Tiempo nublado, de Octavio Paz, dijo: “Daría cualquier cosa por entender ese libro”. En este sentido ¿cómo fue posible que se atrajera a algunos intelectuales, empezando por el propio poeta, quien incluso fue comentarista en Televisa?
AP: Hasta cierto punto, fue posible por el innegable encanto de Azcárraga. Pero también por la misma razón que acabo de mencionar: algunos intelectuales reconocieron el poder de la televisión como medio de difusión para sus ideas, no importa quien la controlara. Dicho eso, siempre tuvieron que evitar la tentación de autocensurarse con fines de no ofender a Azcárraga o al PRI. Aun hoy en día, si un intelectual que participa en Televisa se encuentra con la censura o la autocensura, se tiene que preguntar si vale la pena seguir apareciendo en los programas. No creo en absolutismos —a veces, retener comentarios en el corto plazo sirve la posibilidad de tener impacto en el largo plazo—. Se debe tratar de un proceso de evaluación constante. Me imagino que algunos intelectuales y periodistas han entrado en la televisión pensando que no se van a rendir a la autocensura, pero poco a poco suavizan sus comentarios, hasta que sus opiniones son casi indistinguibles de las del oficialismo o de las élites empresariales.

AR: En el volumen se mencionan las opiniones de dos escritores tras la muerte de Azcárraga Milmo: primera, la de Octavio Paz: “Fue un combatiente en el dominio de la comunicación moderna y murió como un combatiente”; segunda, la de José Agustín: “Su manera de hacer televisión... fue devastadora”. ¿Cuánta razón otorga a cada una de ellas?
AP: La cita de Paz es lamentable; dudo que un Paz más joven lo hubiera dicho. Ya muy avanzado de edad, llegó a confundir su amistad hacia la persona con su deber como pensador de defender el bien del país. Aquí se nota, por contraste, la sabiduría de José Agustín, quien también dijo que Azcárraga “se esforzó por manipular al público para que fuera menor de edad”. Y por “menor de edad” se puede decir una nación menos democrática, menos igualitaria y menos capaz de pensar por sí misma de lo que habría sido con una televisión abierta, retadora, abierta a distintos puntos de vista y socialmente responsable. Mucha gente decía que Televisa “estupidecía” a los televidentes. No diría eso, sino que los trataba como si fueran niños y mantenía a muchos en la ignorancia. Aunque a menor nivel, esas prácticas siguen hoy, como se nota especialmente en el lenguaje televisivo de las telenovelas y de la información poco analítica de López Dóriga.

AR: Hay muchos apuntes críticos sobre el periodismo que desarrolló Televisa, especialmente en su noticiario 24 horas. ¿Fracasó su modelo de divulgar información? Lo pondría términos éticos, profesionales y económicos: allí están los casos de Jacobo Zabludovsky, el diario Summa y Eco.
AP: El caso de Zabludovsky marcó la pauta para todo lo demás. Su modelo de divulgar información fue muy exitoso en términos oficialistas y económicos —si por económicos nos referimos a los intereses corporativos de Televisa y de los anunciantes— pero muy lamentable en términos éticos y profesionales. Hay una tendencia suya que todavía se nota en el noticiero de López Dóriga, que es dar cantidades de información sin incluir el contexto y el análisis que un televidente necesitaría para entender el significado del acontecimiento. Por ejemplo, reportar una matanza hecha por un cartel narcotraficante sin proveer contexto y análisis convierte la nota en un mero cortometraje de acción.
Otro problema del noticiero de Televisa es su tradición de emplear sólo gente blanca como locutores, que es una manera más en la que esta empresa ha mantenido la jerarquía socio-racial, una maldición que ha sufrido México desde la colonia. Recién asistí al evento México Siglo XXI, de la Fundación Telmex, que empleó como maestros de ceremonias a media docena de locutores del canal en línea UnoTV, y me agradó ver que la mayoría de estos no eran gente blanca, sino que mostraron una variedad de tonalidades de piel y así un reflejo más fiel de la población mexicana. Era una probadita alentadora de cómo existen otras formas de hacer televisión en este país.

*La primera parte de esta entrevista fue publicada en Replicante, octubre de 2013.

lunes, marzo 17, 2014

La soberanía de los monopolios. Entrevista con Purificación Carpinteyro



La soberanía de los monopolios
Entrevista con Purificación Carpinteyro*
Por Ariel Ruiz Mondragón
Desde hace muchos años especialistas han diagnosticado un problema económico y político que ha sido un formidable obstáculo para alcanzar un cabal desarrollo del país: la existencia de monopolios en diversos sectores de la vida nacional. Pese a que en las principales Constituciones que han regido en el país han sido prohibidos, su permanencia hasta el día de hoy es incuestionable.
En la actualidad uno de los ámbitos más importantes en los que podemos observar ese tipo de concentración de recursos y de riqueza es en el de las telecomunicaciones, en el que en las últimas décadas se han consolidado un par de empresas: Teléfonos de México (Telmex) y Televisa. Ambas han desarrollado prácticas monopólicas que impiden el surgimiento y desarrollo de otras opciones en el mercado, lo que impide la competencia y daña, finalmente, al consumidor, además de que su influencia política parece avasalladora. Sin embargo, el desarrollo tecnológico las ha llevado a enfrentarse dentro de un marco jurídico, político e institucional que genera incertidumbre y desconfianza, lo que ha generado en el sector lo que algunos llaman “guerra”.
Uno de los personajes que ha podido vivir y conocer desde diversas posiciones esa disputa es Purificación Carpinteyro (Distrito Federal, 1961), quien en su reciente libro El fin de los medios. Historia personal de la guerra en las telecomunicaciones (México, Grijalbo, 2013) relata el desarrollo de los intensos conflictos que ha habido en ese sector y pugna por unas leyes reglamentarias que sean acordes con la reforma constitucional en la materia aprobada en junio de este año.
Sobre ese volumen conversamos con la autora, quien es maestra en Leyes por la Harvard Law School. Ha desempeñado cargos directivos en empresas como Grupo Iusacell, MCI Communications Latin America, Embratel y Grupo Telefónica-Movistar; en el sector público fue directora de Correos de México y subsecretaria de Comunicaciones y Transportes. Actualmente es diputada federal por el Partido de la Revolución Democrática.

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué escribir y publicar hoy un libro como el suyo? Como relata allí, desde hace algún tiempo tenía usted un contrato con Random House, e incluso señala que hubo amagos por ello, como el de que usted debería abandonar el país antes de la publicación.
Purificación Carpinteyro (PC): Creo que hoy la publicación y la venta de este libro es fundamental. Como digo en el libro, tuve dos intentos anteriores para promover la competencia en telecomunicaciones, en los que no me fue muy bien; la conclusión en una fue que me tuve que ir del país, y otra, que estuve perseguida por la justicia porque no me quise ir del país.
Pero en este tercer intento como legisladora tuve la oportunidad de empujar, apoyar e incidir en la reforma constitucional que fue aprobada el 11 de junio pasado y que transforma todo el sector. Ahora se tienen que discutir las leyes secundarias porque, conforme a la reforma constitucional, el Congreso tiene 180 días para expedirlas. Esto significa que si se expidió el 11 de junio, estamos hablando de que a no más tardar el 10 de diciembre se tienen que aprobar las leyes.
Por lo tanto, si de alguna manera la población siente que este es un tema demasiado árido, muy técnico, creo que este libro, a través precisamente de anécdotas personales, puede ir esclareciendo temas que muchas veces nos suenan tan radicales como eso de megahertz, kilohertz e interconexión, por ejemplo. Y es que detrás de todos estos términos hay una serie de intrigas políticas que al final nos hacen entender la trascendencia y el por qué de las cosas.
Creo que, como ciudadanos, hoy más que nunca tenemos que estar alertas, atentos a estas leyes secundarias porque si la reforma constitucional en telecomunicaciones se traduce en leyes secundarias que, a final de cuentas, lo que harían es descafeinar y diluir el poder, entonces sería un fracaso, pero no para mí sino para México, que perdería la oportunidad de transformar un sector que es fundamental, que es el cimiento de lo que puede ser un nuevo México que todos queremos.
Entonces, entender qué es lo que está siendo discutido es fundamental, y creo que este libro va señalando estos terminajos que a nadie le gustan y que, de alguna manera, se convierten en protagonistas de los pleitos, de todas las intrigas y la política que hay detrás de ellos.

AR: En el libro denuncia los amagos y las persecuciones de las que ha sido objeto en el marco de la guerra en las telecomunicaciones. ¿Cómo vincula su experiencia personal con las disputas en el sector?
PC: Lo de la persecución, al igual que mi exilio, son cuestiones que me permiten, precisamente a través de mi historia personal, detallar cuáles son las entretelas, el por qué de todas estas batallas en telecomunicaciones y en radiodifusión. Son realmente historias anecdóticas que son divertidas y hasta dolorosas, pero nos hacen ver lo tremendo de nuestra justicia y del autoritarismo de los políticos y de las empresas.

AR: El relato que hace también es muy interesante porque se ve su trayectoria en las telecomunicaciones desde tres perspectivas: desde el sector privado en Grupo Iusacell, después como funcionaria pública en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y, finalmente, como legisladora. ¿Qué matices ha tenido su lucha en cada uno de esos ámbitos?
PC: Cuando estaba en el sector privado sentí que yo podía tener injerencia y generar un cambio a través de las pocas acciones con que se cuenta desde la ciudadanía, presentando, por ejemplo, denuncias por prácticas monopólicas contra Telmex y Telcel; hacer, como presidenta de la sección 10 de la Cámara Nacional de la Industria Electrónica, de Telecomunicaciones e Informática, foros abiertos a la prensa para que todas estas cuestiones que generalmente se discuten “en lo oscurito” para que nadie sepa, se pudieran debatir abiertamente y todo el mundo estuviera atento a qué era lo que estaba sucediendo, lo que derivó en mi exilio.
En ese caso pues evidentemente yo me sentía con esa capacidad de incidir; yo creo que todos tenemos esta necesidad de decir que no solamente estamos aquí, en el mundo para nacer, crecer, reproducirnos y morir, sino también para hacer alguna contribución a la sociedad a la que pertenecemos.
Por esa necesidad pude pensar, cuando yo estaba en el sector privado, que estaba consiguiendo algo a través de la demanda de transparencia que derivó en mi exilio, la que vi concretizada cuando entré al sector público; es decir, cuando estuve como directora general de Correos vi que sí es posible. Todo el mundo que llega al gobierno dice: “Bueno, es que la verdad en el gobierno no se puede hacer esto, ni tampoco lo otro”...

AR: Por allí hay un señalamiento que le hizo Fernando Gómez Mont: “Así no se hace la política”...
PC: Exactamente. Y la verdad lo que yo puedo decir es: no es cierto, las cosas se pueden hacer desde el gobierno.
Esa fue la enorme frustración que derivó en una depresión que casi me ganaba porque me di cuenta de que era posible transformar al país, que lo único que se necesita es la voluntad. El darme cuenta de que desde el poder sí se puede tener poder para hacer las cosas, fue lo que me incitó, entonces, a buscar tenerlo ahora como legisladora.
Si no lo pude hacer desde el sector privado ni como funcionaria pública, lo tenía que tratar de hacer como legisladora, lo que derivó en una reforma constitucional que sienta las bases de un cambio, y que hoy se tienen que hacer nuevas leyes que pueden transformar.
Allí está la posibilidad de incidir en la transformación de nuestro país: en dotar a todos los mexicanos —no nada más a aquellos privilegiados que, como yo, hemos tenido la oportunidad de estudiar, desarrollarnos y trabajar fuera de México— de las nuevas tecnologías; de dejar que quienes más lo necesitan, aquellos que se encuentran marginados sea por su condición socioeconómica o por su ubicación geográfica, tengan acceso a estas herramientas que hacen que no sea necesario trasladarse, que no se tengan que hacer colas en los bancos, en las escuelas, que no se tenga que estar esperando a que haya una preparatoria o una universidad cercana, sino que podamos hacer todo eso desde un aparato, una computadora, un dispositivo. Esas son las herramientas del futuro.
Eso para mí es la concreción de aquello por lo que he luchado durante más de 20 años, y claro, mi lucha no termina porque ahora faltan las leyes secundarias, y allí está el diablo en los detalles.
Para que algo funcione en esa materia se necesitan, primero, los cimientos y las estructuras dentro de la Constitución que lo hagan obligatorio; segundo, las leyes secundarias que digan cómo eso se va a llevar a cabo, y, tercero, una autoridad que sea capaz de velar porque eso se cumpla. Ese es el trinomio que se necesita, sobre todo ante poderes tan grandes como los que yo describo en el libro. Es necesario que aquellas tres variables de la ecuación estén allí.
Ya tenemos una reforma constitucional y también al que va a ejecutar; pero está en los legisladores determinar esas leyes y hacer que la autoridad no se pueda vender a los poderes fácticos.

AR: Creo que en buena medida coinciden el desarrollo de las telecomunicaciones con el de la democratización del país. ¿Qué relación han tenido? Por un lado hay dos monopolios, Telmex y Televisa, que tuvieron que aceptar el pluripartidismo y un mayor protagonismo de la oposición, negociar con ésta y hasta armar su “telebancada”; pero también los actores políticos tuvieron que sujetarse a los intereses de las televisoras para obtener oportunidades de promoción.
PC: En el libro cuento que podríamos decir que hay dos sexenios en los que visiblemente se favoreció a Telmex o a Grupo Carso: primero el de Carlos Salinas de Gortari, cuando se dio la privatización —yo pongo algunos elementos que hacen cuestionar si la licitación para esa privatización fue justa—, y luego el de Ernesto Zedillo, quien simplemente se hace socio virtual de Carlos Slim; éste le ayudó a Zedillo a fortalecer a Televisa porque esta empresa era fundamental para que, efectivamente, pudiera darse la alternancia en el poder.
Como político Vicente Fox no hubiera llegado realmente a nada pues es un personaje chusco, como de telenovela, con sombrero, botas, dicharachero, etcétera. Sin embargo, por primera vez en la historia los medios le prestan atención a un candidato de oposición; casual y precisamente es el candidato del 2000, cuando Zedillo claramente ya tenía en mente que tenía que darse la alternancia.
Es en el capítulo “¿Y si la historia no fuera como la cuentan?” donde presento el pasaje de lo que pasó en 1988: cómo el PAN respaldó al PRI y a Salinas de Gortari, al que le dio su reconocimiento pero a cambio de que el PRI reconociera en las elecciones siguientes a Ernesto Ruffo como el primer gobernador del PAN. Después, en las elecciones de 1994, de repente apareció Diego Fernández de Cevallos, quien estaba despuntando y que parecía que podía ganar; sin embargo, se desapareció súbitamente después del debate que había ganado de manera contundente. Es allí donde uno se pone a pensar que lo que está claro es que hubo una negociación: Fernández de Cevallos no dejó ir la Presidencia de la República porque hubiera perdido, sino porque, probablemente, como le dijo Zedillo o quien haya sido el interlocutor, el país todavía no estaba preparado e iba a haber violencia; pero le prometió que en el 2000 el siguiente presidente no sería de la izquierda sino del PAN, que se quería poner la medalla de ser el primer partido de la oposición que había ganado primero una gubernatura y después la Presidencia de la República, con el honor de sacar al PRI del poder.
En todas esas negociaciones era fundamental tener a los medios masivos de comunicación, que son rectores de la conciencia. Entonces ¿qué hizo Zedillo? Se apoyó en Carlos Slim para apoyar a Televisa, que estaba en un momento financiero muy grave a consecuencia de la crisis de 1995, la que Zedillo mismo propició; creo que nunca esperó que la magnitud de la crisis fuera de ese tamaño. Recordarás que Bill Clinton fue el que le dio su apoyo, inclusive haciendo un bypass de las reglas del Congreso; pero en contrapartida Zedillo comprometió el país en muchos sentidos: va desde mi cuestionamiento a la legendaria isla Bermeja, que nos hubiera dado el control sobre todo el petróleo en el Golfo de México, hasta muchos otros acuerdos que hicieron que Estados Unidos se fortaleciera.
Además, la alternancia en el poder era parte de los pactos de Zedillo con Clinton, y fue lo que a final de cuentas se implementó a través del reforzamiento de Televisa en momentos de quiebra, para lo cual el entonces presidente utilizó a Carlos Slim; posteriormente usó a éste para reforzar a Emilio Azcárraga Jean como el sucesor de su padre en el control de Televisa, lo que logró a través del apoyo de Zedillo.
Entonces Televisa fue fundamental para la alternancia; pero una vez que ésta se dio, Fox pensó: “Yo quiero llevar mi presidencia más bien en base a índices de popularidad”, lo que no puede ser la aspiración de un Ejecutivo, sino más bien en base a qué puedo yo conseguir para hacer que nuestro país tenga efectivamente un porvenir, lo que era lo menos que le interesaba a Fox, pues se entregó y le dio a Televisa todo lo que quiso.
Hay algunos autores que han dicho que el sexenio de Calderón fue el de Televisa; no, ya había pasado, porque Fox le dio todo. Pongo la larga lista de cuestiones que eran esenciales y críticas para Televisa, por ejemplo las concesiones que vencían en 2002, 2003, 2004 y 2005; se las refrendaron hasta el 2021, pero no sólo eso sino que por cada canal que tenían les dieron otro canal digital adicional. Todo esto de a gratis.
Pero aparte de las concesiones, que era lo que tenía más preocupada a Televisa, Fox le dijo: “Oye, por cierto, tú ya vas a poder competir con Telmex, pero esta empresa no puede competir contigo”.
Esas son algunas muestras, porque podemos seguir hablando de todas las prebendas que están descritas en el libro que Fox les dio a las televisoras.
De esta manera, podríamos decir que hasta el año 2000 Televisa era el soldado del sistema, pero a partir de entonces el sistema fue el soldado de Televisa.

AR: En el libro está un documento que usted presentó a Felipe Calderón titulado “La revolución en las telecomunicaciones en 2010”. Allí uno de los puntos críticos que usted señala es la incertidumbre jurídica de las reglas aplicables en esta guerra de las telecomunicaciones. ¿Cómo ha paralizado esa situación al sector?, ¿cuáles son los principales aspectos que hay que cambiar?
PC: Podríamos decir que la Ley Federal de Telecomunicaciones y la Ley Federal de Radio y Televisión vigentes hasta la fecha -porque no se han promulgado las reformas en las leyes secundarias de la reciente reforma constitucional- sentaban buenas bases para poder, efectivamente, regular a los monopolistas, pero que simplemente no se han cumplido.
No se trata nada más de tener buenas leyes sino de que las autoridades estén dispuestas a hacerlas cumplir; pero las autoridades no han estado dispuestas porque le tienen miedo a Televisa y a Carlos Slim.
Vemos, por ejemplo, que han sido dos sexenios de apoyo a Telmex, y después dos sexenios (los dos del PAN) de apoyo total a Televisa. Ya Televisa es un suprapoder que los regula a ellos: ¿qué legislador se va a oponer o va a hacer algo en contra de esta empresa? Veamos inclusive los editoriales de los ejecutivos de Televisa: en uno que publicó Javier Tejado Dondé hace poco, dijo: “¿Quién va a querer dar entrevistas o transmitir entrevistas con las nuevas leyes?”. O sea, ya está diciendo “como aprueben esto, no los vamos a entrevistar” ¿Y cuál político no quiere salir en las pantallas?
Es decir, a final de cuentas Televisa tiene a los legisladores amedrentados y amenazados; y tiene, también, al Ejecutivo: “Oye, ¿cómo te vas a atrever? Imagínate lo que yo puedo publicar”.
Televisa se ha convertido en el Ejecutivo: allí está el caso de Felipe Calderón, para quien lo que decía Televisa simplemente era ley; no se podía poner en contra de Televisa. ¿Cómo se iban a atrever? Esto lo pongo claramente en mi libro: los gobernante simplemente agacharon la cabeza. Cada vez que yo decía “hay que hacer esto y esto”, decían: “No, pero hay elecciones”, “Oye, pero hay elecciones todos los años; entonces nunca se va a hacer”. Las reformas nunca se podían hacer porque en las elecciones no se podía tener en contra a la televisora; bajaban la cabeza y Televisa hacía lo que quería.
En el Poder Legislativo ocurría igual, y en el Judicial no cantan mal las rancheras, porque hemos visto cómo jueces, por ejemplo, le han dado amparos a Televisa, y llevan a juicios que no se completan.
Finalmente ¿quién es el verdadero poder en este país? Porque podemos decir que en la Constitución se dice que nosotros, el pueblo, somos soberanos, y que para nuestro autogobierno hemos determinado que hay un Poder Ejecutivo, que tiene que hacer que las leyes que expida el Legislativo se cumplan, y que en caso de que así no sea el Poder Judicial lo determine. Esa es la división de poderes en la que, teóricamente, tendría que estar operando nuestro país.
Pero cuando, a final de cuentas, estos tres poderes están subordinados al poder de una televisora, lo que tenemos es un golpe de Estado porque entonces el que verdaderamente gobierna México es esa empresa.

AR: Sobre lo anterior, hay que mencionar que uno de los ejes que atraviesa el libro es el de la soberanía. ¿Cómo recuperarla y ejercerla en el escenario que usted describe?
PC: La humanidad está atravesando por una de sus grandes transformaciones; la equiparo con el descubrimiento de cómo controlar el fuego en el mito de Prometeo, pero en este caso el fuego como conocimiento, como información. Hoy internet está transformando al mundo: es el producto milagro: ¿tenemos problemas de salud, de educación, de trámites en el gobierno? ¿También de comunicación con compradores y vendedores, y para desarrollar mi empresa porque no tengo un canal de distribución? Internet los resuelve. Pregunto: ¿que no resuelve internet?
Si efectivamente dotamos de esta herramienta mágica, de este fuego de Prometeo que es milagroso (si lo queremos ver así) a quienes más lo necesitan, estamos haciéndoles posible que dejen una vida que no tiene esperanza, para ahora tener una nueva oportunidad de llegar a pertenecer a una clase media nutrida y poderosa que efectivamente conforme una ciudadanía educada, que cuestione, que no sea manipulada, que nos haga verdaderamente soberanos.
Soberano se equipara a un rey, a un monarca, a un emperador; hoy viene de la capacidad de ser nosotros mismos soberanos de nuestro destino: yo decido qué es lo que quiero para mí y para mi país; esto cada uno de nosotros tiene que hacerlo. Esa soberanía sólo la podemos alcanzar en la medida en que efectivamente ganemos esa mayoría de edad con la información y el conocimiento. Eso lo vamos a obtener a través de internet y con los nuevos medios de comunicación. Dejemos las sillas que tenemos enfrente de las televisoras para ponernos a actuar; hagamos que cada uno de nosotros seamos mejores no por saber más sino por ignorar menos.

AR: En el libro usted hace un repaso histórico: desde la Constitución de Cádiz de 1812 hasta la actualidad ha habido ordenamientos antimonopolios que rigen en nuestro país. ¿Por qué han fracasado?
PC: El problema, que no es ajeno a otros países pero que ha sido mucho más grave en México, es el hecho de que existe una relación simbiótica entre el poder económico y el político: los políticos dependen del primero para acceder al poder, y en retribución le dan más prebendas, lo que, además, los hacer ser parte del poder económico.
En México tenemos, evidentemente, una oligarquía: 50 familias que acumulan más de mil millones de dólares en sus haberes, mientras que 54 millones de mexicanos se encuentran en la pobreza. Esta concentración de la riqueza se da precisamente a través de estas colusiones entre los factores políticos y los económicos, que se van reforzando unos a otros.
Si realmente queremos un país justo, con igualdad y con equidad, tenemos que crear una clase media poderosa, para lo cual debemos generar la posibilidad de que haya competencia, de que los pequeños empresarios puedan competir: que el nixtamalero que se dedica a producir harina de maíz pueda competir en Chihuahua contra Maseca sin que ésta lo derribe haciendo, por ejemplo, dumping.
Debemos permitir que esos nuevos empresarios puedan competir y no sufran prácticas monopólicas, y también debemos evitar que para poder impedir éstas se lleven juicios que duran de 10 o 15 años, pues ¿cuánto dura una empresa pequeña en esa situación? Ni seis meses. Tenemos que darles la oportunidad y debemos impedir que estos grandes concentradores de poder tengan esas armas; debemos generar los incentivos (en este caso penalidades y efectividad en la aplicación de la ley) de tal manera que el costo sea tan elevado que no se atrevan a intentarlo, porque hoy su costo es “ay, no te preocupes: nos llevamos el juicio a 10 años, y en ese periodo el rey, el burro o yo, cualquiera de los tres nos morimos”.
Entonces aquí lo importante es hacer esta legislación secundaria que haga efectivo, ahora sí, el artículo 28 constitucional, que expresamente dice: “En México quedan prohibidos los monopolios”, y que dice: “Las autoridades perseguirán con eficacia cualquier acumulación en unas cuantas manos”.

AR: Termino: usted expresa una buena opinión del Pacto por México, al que atribuye “elevadas miras”, y afirma que en ese acuerdo el problema de las telecomunicaciones ha sido enfocado con una visión de altura. Ello habría contribuido a empujar las reformas constitucionales en materia de telecomunicaciones.
En ese sentido, en su libro usted hace un imaginario comunicado de prensa que le propuso al entonces presidente Felipe Calderón, que constaba de ocho puntos, que iban desde las garantías de sana competencia en las telecomunicaciones hasta el otorgamiento de canales de televisión abierta a instituciones educativas y culturales.
Hoy, con el Pacto por México, con la reforma constitucional en la materia y en el contexto en que estamos, ¿qué tan lejos estamos de hacer realidad su planteamiento de “La revolución de las telecomunicaciones en 2010”?
PC: Todo lo que se planteó en ese plan de acción que entonces el Ejecutivo pudo haber llevado a cabo, está en la reforma constitucional: la creación de una cadena pública de televisión que sea realmente ciudadana; la formación de una red de internet que vaya a todos los lugares y cubra todas las localidades; que se abra a la competencia el sector de las telecomunicaciones, específicamente para crearle competencia a Teléfonos de México a través de esta red de redes; el que haya nuevas licitaciones de cadenas de televisión para que haya competencia; que Telecomm y Correos puedan actuar en conjunto para servir como, por ejemplo, puntos de presencia para que cualquiera en las oficinas pueda acceder a internet y no necesite tener que pagar, o tener un celular y pagar precios estratosféricos por acceder a internet, todo eso está planteado.
Si usted ve la reforma y la compara con ese comunicado de prensa en el que yo pongo lo que debería ser la revolución de las telecomunicaciones, verá que se parecen. Y no fue coincidencia.

*Entrevista publicada en Replicante, diciembre de 2013.